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El sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina - Capítulo 1: Importancia actual, momento de gracia



El sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina
Autor: Congregación para el Clero

II. El ministerio de la dirección espiritual


Capítulo 1: Importancia actual, momento de gracia (II)

Itinerario histórico y actual

64. Desde los primeros siglos de la Iglesia hasta nuestros días, se ha practicado el consejo espiritual, llamado también dirección, guía y acompañamiento espiritual. Se trata de una praxis milenaria que ha dado frutos de santidad y de disponibilidad evangelizadora.

El Magisterio, los Santos Padres, los autores de escritos espirituales y las normas de vida eclesial hablan de la necesidad de este consejo o dirección, sobre todo en el itinerario formativo y en algunas circunstancias de la vida cristiana. Hay momentos en la vida que necesitan de un discernimiento especial y de acompañamiento fraterno. Es la lógica de la vida cristiana. « Es necesario redescubrir la gran tradición del acompañamiento espiritual individual, que ha dado siempre tantos y tan preciosos frutos en la vida de la Iglesia » [74] .

65. Nuestro Señor estaba siempre cerca de sus discípulos. La dirección o acompañamiento y consejo espiritual ha existido durante los siglos, al inicio, sobre todo por parte de monasterios (monjes de Oriente y de Occidente) y en lo sucesivo también por parte de las diversas escuelas de espiritualidad, a partir del Medioevo. Desde los siglos XVI-XVII se ha hecho más frecuente su aplicación a la vida cristiana, como se puede comprobar en los escritos de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Ignacio de Loyola, San Juan de Ávila, San Francisco de Sales, San Alfonso María de Ligorio, Pedro de Bérulle, etc. Aunque haya prevalecido la dirección espiritual impartida por monjes y por sacerdotes ministros, siempre ha habido fieles (religiosos y laicos) – por ejemplo Santa Catalina – que han prestado dicho servicio. La legislación eclesiástica ha recogido toda esta experiencia y la ha aplicado sobre todo en la formación inicial a la vida sacerdotal y consagrada. Hay también fieles laicos bien formados – hombres y mujeres – que realizan este servicio de consejo en el camino de la santidad.


Formación sacerdotal para este acompañamiento

66. La dirección espiritual es una ayuda en el camino de la santificación para todos los fieles de cualquier estado de vida. Actualmente, mientras se observa una búsqueda de orientación espiritual por parte de los fieles, al mismo tiempo se advierte la necesidad de una mayor preparación por parte de los ministros, con el fin de poder prestar con diligencia este servicio de consejo, discernimiento y acompañamiento. Donde existe dicha práctica, existe renovación personal y comunitaria, vocaciones, espíritu apostólico, alegría de la esperanza.

67. En el período de preparación al sacerdocio, se presenta siempre muy necesario y urgente el estudio de la teología espiritual y la experiencia de esta misma vida. En realidad, el consejo y el acompañamiento espiritual es parte integrante del ministerio de la predicación y de la reconciliación. El sacerdote, en efecto, está llamado a guiar en el camino de la identificación con Cristo, que incluye el camino de la contemplación. La ayuda de dirección espiritual, como discernimiento del Espíritu, es parte del ministerio: « Examinando si los espíritus son de Dios, [los presbíteros] descubran con sentido de fe, reconozcan con gozo y fomenten con diligencia los multiformes carismas de los laicos, tanto los humildes como los más altos » [75] .

68. La formación inicial al sacerdocio, desde los primeros momentos de vida en el Seminario, comprende precisamente esta ayuda: « Los alumnos se han de preparar por una formación religiosa peculiar, sobre todo por una dirección espiritual conveniente, para seguir a Cristo Redentor con generosidad de alma y pureza de corazón » [76] .

69. No se trata sólo de una consultación sobre temas doctrinales, sino más bien de la vida de relación, intimidad y configuración con Cristo, que es siempre de participación en la vida trinitaria: « La formación espiritual ha de estar estrechamente unida a la doctrinal y pastoral y, con la colaboración sobre todo del director espiritual, debe darse de tal forma que los alumnos aprendan a vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo » [77] .


Dirección espiritual y ministerio sacerdotal

70. Los “munera” sacerdotales se describen teniendo en cuenta su relación con la vida espiritual de los fieles: « Vosotros sois los ministros de la Eucaristía, los dispensadores de la misericordia divina en el sacramento de la penitencia, los consoladores de las almas, los guías de todos los fieles en las tempestuosas dificultades de la vida » [78] .

En el acompañamiento o dirección espiritual, se ha dado siempre gran importancia al discernimiento del Espíritu, teniendo presente el fin de la santificación, de la misión apostólica y de la vida de comunión eclesial. La lógica del espíritu Santo impulsa a vivir en la verdad y en el bien según el ejemplo de Cristo. Es necesario pedir su luz y su fuerza para discernir y ser fieles a sus directrices.

71. Se puede afirmar que esta atención a la vida espiritual de los fieles, guiándolos en el camino de la contemplación y de la santidad, también como ayuda en el discernimiento vocacional, es una prioridad pastoral: « En esta perspectiva, la atención a las vocaciones al sacerdocio se debe concretar también en una propuesta decidida y convincente de dirección espiritual […]. Por su parte, los sacerdotes sean los primeros en dedicar tiempo y energías a esta labor de educación y de ayuda espiritual personal. No se arrepentirán jamás de haber descuidado o relegado a segundo plano otras muchas actividades también buenas y útiles, si esto lo exigía la fidelidad a su ministerio de colaboradores del Espíritu en la orientación y guía de los llamados » [79] .

72. La atención a los jóvenes, en particular con el fin de discernir la propia vocación específica en la vocación cristiana general, comprende esta atención de consejo y acompañamiento espiritual: « Como decía el Cardenal Montini, futuro Pablo VI, “la dirección espiritual tiene una función hermosísima y, podría decirse indispensable, para la educación moral y espiritual de la juventud, que quiera interpretar y seguir con absoluta lealtad la vocación, sea cual fuese, de la propia vida; conserva siempre una importancia beneficiosa en todas las edades de la vida, cuando, junto a la luz y a la caridad de un consejo piadoso y prudente, se busca la revisión de la propia rectitud y el aliento para el cumplimiento generoso de los propios deberes. Es medio pedagógico muy delicado, pero de grandísimo valor; es arte pedagógico y psicológico de grave responsabilidad en quien la ejerce; es ejercicio espiritual de humildad y de confianza en quien la recibe” » [80] .

73. La dirección espiritual está habitualmente en relación con el sacramento de la reconciliación, al menos en el sentido de una consecuencia posible, cuando los fieles piden ser guiados en el camino de la santidad, incluido el itinerario específico de su personal vocación: « De manera paralela al Sacramento de la Reconciliación, el presbítero no dejará de ejercer el ministerio de la dirección espiritual. El descubrimiento y la difusión de esta práctica, también en momentos distintos de la administración de la Penitencia, es un beneficio grande para la Iglesia en el tiempo presente. La actitud generosa y activa de los presbíteros al practicarla constituye también una ocasión importante para individualizar y sostener la vocación al sacerdocio y a las distintas formas de vida consagrada » [81] .


La dirección espiritual que reciben los ministros ordenados

74. Los mismos ministros tienen necesidad de la práctica de la dirección espiritual, que está siempre vinculada a la intimidad con Cristo: « Al fin de cumplir con fidelidad su ministerio, gusten de corazón del cotidiano coloquio con Cristo Señor en la visita y culto personal de la Santísima Eucaristía, practiquen de buen grado el retiro espiritual y estimen altamente la dirección espiritual » [82] .

75. La realidad ministerial exige que el ministro reciba personalmente la dirección espiritual buscándola y siguiéndola con fidelidad, para guiar mejor a los otros: «Para contribuir al mejoramiento de su propia vida espiritual, es necesario que los presbíteros practiquen ellos mismos la dirección espiritual. Al poner la formación de sus almas en las manos de un hermano sabio, madurarán — desde los primeros pasos de su ministerio — la conciencia de la importancia de no caminar solos por el camino de la vida espiritual y del empeño pastoral. Para el uso de este eficaz medio de formación tan experimentado en la Iglesia, los presbíteros tendrán plena libertad en la elección de la persona a la que confiarán la dirección de la propia vida espiritual » [83] .

76. Para las cuestiones personales y comunitarias es necesario hacer uso del consejo de los hermanos, sobre todo de aquellos que deben ejercerlo para la misión que se les ha confiado, según la gracia de estado, recordando que el primer “consejero” o “director” es siempre el Espíritu Santo, al que es necesario acudir con una oración constante, humilde y confiada.


Notas:


[74] Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, 40: l.c., 723.


[75] Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Presbyterorum Ordinis, 9.


[76] Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Optatam totius, 3.


[77] Ibidem, n. 8.


[78] Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, 4: l.c., 663.


[79] Ibidem, n. 40: l.c., 724-725.


[80] Ibidem, n. 81: l.c., 799-800.


[81] Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros Dives Ecclesiae (31 de marzo de 1994), 54: LEV 1994.


[82] Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Presbyterorum Ordinis, 18.


[83] Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros Dives Ecclesiae, 54
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