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Lectio Divina. 24o. Domingo del Tiempo Ordinario



Lectio Divina. 24o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A.
 1. INVOCA

  • Orar es dejarse amar y amar. La oración es: dejarme invadir del amor que Él me tiene. El Padre es quien me ama antes de que el mundo existiera.
  • Hay que esperar, confiar, amar y estar abierto para recibir la Palabra, que el Padre me dirige en su Hijo-Palabra, por el Espíritu, que nos inspira y nos impulsa.
  • En este relato de oración, ahuyento de mí todos mis afanes, mis programas, mis ocupaciones. Nada hay tan importante como estar con el Amado.
  • Invocamos al Espíritu, con el canto: Veni, Sancte Spiritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza) 



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 18, 21-35) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

  • Todo el capítulo 18 se refiere a las relaciones que deben darse en la comunidad cristiana: la corrección fraterna, el perdón otorgado por la misma comunidad, la presencia del Señor en medio de los suyos (evangelio del domingo pasado). En el texto de este domingo, se habla del perdón.
  • Se ha llamado “discurso eclesial” a la enseñanza que este capítulo 18 imparte, porque va dirigido, sobre todo, a la comunidad de la Iglesia.

    Texto

    1. ¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano? (v. 21) 

  • Pedro, como interlocutor del grupo de discípulos, hace la pregunta a Jesús: cuántas veces. Es una pregunta, a la que Jesús responde con una frase: No te digo siete veces, sino hasta setenta veces siete; (v. 22) y con una parábola.
  • En esta parábola todo es desproporcionado:
  • las dos deudas: una supone una cantidad inmensa: diez mil talentos era el número más alto que se podía imaginar; la otra (cien denarios) era una cantidad insignificante.
  • el rey se comporta extraordinariamente generoso, pues perdona toda la deuda y sin que le pida el deudor. En cambio, el siervo perdonado, se muestra mezquino, no le perdona, y, además, reclama y exige con agresividad y violencia.
  • El mensaje es claro: ¿cómo es posible que el que recibió tan gran perdón no sepa perdonar a quien le debe poquísimo?
  • ¿No debías haberte compadecido de tu compañero como yo me compadecí de ti? (v. 33).
  • Dios nos perdona mucho, todo y sin condiciones. También nosotros debemos perdonar siempre a aquellos que nos han ofendido, sin límites, sin condiciones. No te digo siete, sino setenta veces siete (v. 22).

    2. ¿No deberías haberte compadecido de tu compañero como yo me compadecí de ti? (v. 33) 
  • Para perdonar hay que ser perdonado, sentir la experiencia del perdón. Si el Señor nos perdona siempre y sin condiciones, el creyente debe estar dispuesto a perdonar, para parecerse al Padre, que es bueno con los ingratos y con los malos. Sean misericordiosos como su Padre es misericordioso (Lc 6, 35-36).
  • El amor de Dios se manifiesta, sobre todo, en el perdón. Dios nos perdona, porque Dios es amor (1 Jn 4, 16). Si Dios nos ama hasta el exceso (Jn 13, 1), también su perdón es ilimitado. ¿No deberías haberte compadecido de tu compañero como yo me compadecí de ti? (Mt 18, 33).
  • La parábola del texto actual nos manifiesta el verdadero rostro de Dios, que perdona y ama. Y Jesús declara que el amor-perdón debe ser la base de la convivencia de la comunidad cristiana. En ésta, debe brillar y prevalecer el perdón sobre el odio, el rencor y la venganza.
  • El colmo del perdón lo describe Lucas en la parábola del hijo pródigo (que debería llamarse parábola del padre pródigo) (Lc 15, 11-32). El padre recibe con cariño al hijo que regresa a la casa, no le recrimina, no le echa en cara su mala vida y ¡lo increíble!, organiza una fiesta para celebrar su regreso.
  • Dios está más deseoso de perdonar que nosotros de ser perdonados. Y está empeñado en buscar los motivos que podemos tener al pecar, para poder suavizar, de algún modo, nuestra culpabilidad.
  • Y también podemos afirmar que Dios Padre está incluso necesitado de perdonarnos. Como un mendigo hambriento el Señor anda buscando nuestro regreso a la casa de la amistad, como el padre pródigo descrito por el mismo Jesús en la parábola.

    3. Yo te perdoné toda aquella deuda (v. 32) 
  • El que vive y experimenta el perdón del Padre debe estar ya capacitado para perdonar y ofrecer el perdón siempre.
  • Te aseguro que si ella da tales muestras de amor es que le han sido perdonados sus muchos pecados; en cambio, al que se le perdona poco, mostrará poco amor (Lc 7, 47).
  • El perdón dignifica a la persona que perdona, pues se asemeja al Padre que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre justos e injustos (Mt 5, 45). Más esfuerzo y autodominio se necesita para dominar nuestra sed de desquite o venganza que para devolver ofensa con ofensa.
  • Somos agradecidos de hecho al perdón de Dios cuando perdonamos de verdad al hermano. Así podremos rezar con sinceridad: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No es ponerle a Dios la “medida” de nuestro perdón. ¡Pobres de nosotros! El perdón de Dios es sin límites y totalmente gratuito. Queremos decir: Si Tú, Padre, nos perdonas, nosotros debemos y podremos perdonar. Perdónanos, Padre, y colócanos en el ámbito de tu perdón generoso e ilimitado. Así obraremos como Tú lo haces.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • ¿Cómo me planteo y practico el amor y el perdón al prójimo? ¿Sigo los criterios de la sociedad, que me empuja al desquite y a la venganza? ¿Me siente más cobarde, si tomo la actitud de perdonar?
  • Cuando pido perdón al Señor, sobre todo en el sacramento de la confesión, ¿agradezco al Padre el perdón que me da gratuitamente? ¿Siento que Él me perdona del todo y sin condiciones? O ¿todavía dudo de que Dios me perdona?
  • Cuando me preparo para celebrar el sacramento de la reconciliación, ¿reviso detalladamente y casi con escrúpulo mi conciencia, el presente y el pasado de mi vida, para no olvidarme de ningún pecado? O ¿me siento más cerca del Padre, agradeciéndole su perdón gratuito y total?


    4. ORA (Qué le respondo al Señor) 
  • Gracias, Padre, por tu perdón siempre generoso y sin límites. Gracias, Padre, porque en Jesús me das tu Amor y tu Perdón. Porque celebras fiesta cuando yo regreso a tu amistad.
  • Gracias, Jesús, porque me amaste hasta el extremo y te entregaste a la muerte para manifestarme el gran Amor tuyo y del Padre.
  • Quiero perdonar de corazón al que me ofende. Quiero ser instrumento de tu Amor y de tu Perdón hacia los hermanos.


    5. CONTEMPLA
  • A Jesús moribundo implorando: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc 23, 34)
    .

    6. ACTÚA

    Repite varias veces: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.


  • Preguntas o comentarios al autor

  • Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net
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