Lectio Divina. 1o. Domingo Adviento




Lectio Divina. 1o. Domingo Adviento
Oración con el Evangelio . Ciclo B 




Mc 13, 34 - 37


1. INVOCA


  • Orar es: esperar aun contra toda razón humana.
    - ser consciente de que Él me conduce hacia un futuro de luz y de gloria;
    - permanecer en la confianza en Él aun en los días obscuros, porque Él quiere lo mejor para mí.
    - superar la monotonía, la desilusión, la desesperanza;
    - estar vigilantes, porque el Señor viene constantemente a nuestras vidas.

  • Nos abrimos a la acción del Espíritu. Él está dispuesto a manifestarnos la voluntad del Padre por medio de la Palabra, que es Jesús. Y también nos ofrece gratuitamente su fortaleza para vivir de acuerdo a la Palabra-Jesús. Veni, Sancte Spiritus.

    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 13,33-37 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto litúrgico 


  • Este domingo señala el comienzo del año litúrgico. Iniciamos también el Tiempo de Adviento, en el ciclo B. En este ciclo leeremos principalmente el Evangelio según san Marcos.

    Contexto bíblico

  • Todo el capítulo 13 de Marcos es una enseñanza sobre los últimos tiempos. Se llama discurso escatológico, porque habla de los últimos acontecimientos, sobre el final de la historia del mundo.

  • Pedro, Santiago y Andrés le preguntan en secreto a Jesús cuándo será la destrucción del templo de Jerusalén (13, 4). Pero, Jesús no contesta a la pregunta, sino que insiste en la necesidad de estar preparados y vigilantes.

  • Este discurso escatológico de Jesús tiene tres partes:
    - 1. Hay que discernir: Estén atentos para que nadie les engañe (13, 5-23).
    - 2. Hay que esperar la venida del Hijo del hombre (11, 24-32).
    - 3. Hay que velar y estar preparados en el momento presente (13, 33-37).

    Texto

    1. Estén prevenidos (v. 33)


  • Jesús nos exhorta a la vigilancia. Y pone dos comparaciones o parábolas:
    - la higuera (v. 28): que anuncia la llegada del verano con sus brotes y ramas verdes;
    - la del hombre que se ausenta de su casa y confía a su mayordomo la vigilancia (v. 34).

  • La enseñanza de Jesús no pretende infundir el miedo al no revelar el día ni la hora.

  • El Señor quiere decirnos que todas las horas y todo tiempo son buenos para esperarle y encontrarse con Él. Todo tiempo es bueno para esperarle y recibirle.

  • Lo importante es vivir el presente en comunión de amor con Él y no estar obsesionado o preocupado por conocer cuándo será el final de los tiempos o el de la vida de cada uno.

  • El Señor viene continuamente. Hay que vigilar y discernir esos momentos especiales de la venida del Señor en el tiempo de salvación. Si nosotros nos encontramos con el Él continuamente, no hay que temer el final de nuestra vida en la tierra. 

  • Ninguno de nosotros vive para sí mismo ni muere para sí mismo; si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor. Así, pues, tanto si vivimos como morimos, somos del Señor (Rom 14, 7-8).

    2. No sea que los encuentre dormidos (v. 36)

  • Nuestro Dios es un Dios sorprendente. Porque no es un Dios para un tiempo, sino para todo tiempo. Es el Dios-con-nosotros, que quiere estar dentro de nosotros.

  • Sorprendente, porque puede llegar a cualquier hora: al atardecer, a media noche, al canto del gallo o al amanecer (v. 35).

  • Para el que confía y espera todos los momentos del día y de la noche son historia de salvación. El tiempo se convierte así en “sacramento” del encuentro con el Señor.

  • Sorprendente, porque Él se presenta calladamente en el interior de cada uno, en los acontecimientos de la vida.

  • Sorprendente, porque no viene a pedir cuentas, sino a dar: Jamás nadie vio ni oyó hablar de un Dios que actúe como tú, para quien confía en él (Is 64, 2). 

  • Doy gracias a Dios continuamente por ustedes, pues les ha concedido su gracia mediante Cristo Jesús, en quien han sido enriquecidos abundantemente con toda palabra y con todo conocimiento (1 Cor 4-5). Jesús ha venido para regalarnos la salvación total. Hemos de abrirnos en confianza total a Él. 

  • Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, antes bien lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no va a darnos gratuitamente todas las demás cosas juntamente con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios, si Dios es el que salva? ¿Quién será el que condene, si Cristo Jesús ha muerto, más aún, ha resucitado y está a la derecha del Padre intercediendo por nosotros? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada?... Pero Dios que nos ama, hará que salgamos airosos de todas estas pruebas (Rom 8, 31-37).

  • El Señor nos brinda toda su confianza, amor y salvación. Estemos despiertos, en la espera y en la esperanza.

    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

  • ¡Cuántas veces estoy como dormido y no me doy cuenta de que el Señor está dentro de mí para ayudarme en todo momento! ¡Cuántas veces busco el consuelo en las criaturas, sin acordarme de que el Señor está en mi

  • La fe me lleva a la confianza total de que el Señor está en mí y trabaja muchísimo más que yo por mi propia felicidad.

  • La esperanza es la virtud que el Adviento nos inspira. La que nos hace mirar con confianza el presente, porque caminamos confiados hacia el futuro.

  • La esperanza me lleva a trabajar cada día en mi crecimiento con y en Dios. Vigilancia, esperanza, confianza, responsabilidad. Son las actitudes que la Palabra nos indica hoy. ¿Cómo estoy en estos aspectos?


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)

  • Señor, Tú eres nuestro padre y nuestro redentor. Ése es tu nombre desde siempre (Is 63, 16; segunda lectura).

  • En Ti, Padre, pongo toda mi confianza. Que vaya cada día preparando tu presencia en mí. Que pueda vivir siempre contigo, para que el paso a la otra vida esté señalado por un amor y confianza totales en Ti y no tema el momento de la muerte.


    5. CONTEMPLA

  • A Jesús, que me anima, me espera, me fortalece, está conmigo.

  • A mí mismo, para ahuyentar todo temor por el presente y por el futuro.

  • A los hermanos, para animarles a vivir con responsabilidad y esperanza.


    6. ACTÚA

  • Repetiré con frecuencia: ¡Ven, Señor, Jesús! (Ap 22, 20)


  • Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net
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