Reverendo Padre Fabián A. Barrera, c.m.

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DESTACADOS: Cuando celebramos la Misa, nosotros no hacemos una representación de la Última Cena: no, no es una representación. Es otra cosa: es precisamente la Última Cena. Es vivir otra vez la Pasión y la muerte redentora del Señor. La Misa no se "escucha", se participa, y se participa en esta teofanía, en este misterio de la presencia del Señor entre nosotros". SIGUE AQUI

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23 abr. 2016

Cómo encontrar esperanzas en las pruebas de la vida

Cuando la esperanza muere, hay muy pocas posibilidades de que la fe y la caridad sobrevivan. Hay que estar alertas // Adaptación y traducción al español por Rafael Ruiz, para PildorasdeFe.net, de artículo publicado originalmente en: Catholic Gentleman, autor: Dom Hubert Van Zeller. 
Nota: El artículo es tomado de un capítulo en el blog de Dom van Zeller sufrimiento: La respuesta católica , disponible desde Sophia Institute Press. Se reimprime con permiso)

Los psicólogos nos dicen que uno de los principales males de nuestra época, un mal que aparentemente es menos evidente en edades tempranas, es el de dejarse derrotar fácilmente. Aunque visto desde cualquier ángulo, la mayoría de las personas que son honestas consigo mismas, muy seguramente tienen que admitir que también caen en el desaliento. Serían realmente afortunados si su peor confesión fuese caer en el desánimo, porque esto lleva a muchos a vivir constantemente en el límite de la desesperación.


Cuando alguien se siente culpable de rendirse ante la tentación o aun cuando en realidad no ha caído en la tentación pero siente culpa, al vivir esto, cualquier persona tiene el riesgo de reducir su vitalidad espiritual de manera que prácticamente cierra su alma al actuar de la esperanza. Cuando la esperanza muere, hay muy pocas posibilidades de que la fe y la caridad sobrevivan.

En la vida de los santos es muy común observar que no son los que nunca caen, sino los que nunca se rinden al caer. Es menos común entender que los santos han sentido la misma tentación de tener un pretexto para ir directo a la caída. La parábola del trigo y la cizaña nos debe enseñar que los santos no solamente están interiormente divididos contra sí mismos tal como lo estamos nosotros, sino que hay que luchar toda nuestra vida contra el deseo de dejar que la cizaña crezca.

Cometemos el error de pensar que los santos triunfan sobre la tentación debido a la fuerza de su amor ardiente. Sin lugar a dudas, algunos experimentaron este fuego, pero para la mayoría de ellos ha sido una cuestión de trituración en seco, con actos de fe y esperanza muy difíciles a través del rechinar de dientes. Los santos han tenido que pelear cada pulgada del camino contra el desaliento, el derrotismo, e incluso la desesperación.

La virtud crece a través de las pruebas

¿De qué otra manera pudiera ser? Ninguna virtud puede ser provechosa a menos que se enfrente al mal que es su opuesto. El valor no es valor sino hasta que ha experimentado el miedo: el valor no es la ausencia de miedo, sino la sublimación de miedo. De la misma manera, la perseverancia tiene que ser probada por la tentación de darse por vencido, por la sensación de fracaso, por la incapacidad de sentir el apoyo de la gracia. La razón por la que Cristo cargando la cruz cayó varias veces (una tradición cuenta que cayó siete veces) es, en parte, para mostrarnos que hemos de caer también nosotros en varias ocasiones y así nos da el ejemplo de levantarnos con la cruz y seguir el camino. La diferencia entre sus caídas y las nuestras es que, mientras que las suyas eran debido a la debilidad del cuerpo, las nuestras son debido a la debilidad de nuestra voluntad.

Aun cuando no reproduzcamos la Pasión en toda su magnitud, tenemos la posibilidad de reproducirla en la perseverancia que tengamos al sentir agotamiento. Si, como hemos visto, la pasión está siendo constantemente renovada en los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, siempre debe haber algún aspecto del sufrimiento de Cristo a la que nuestros propios sufrimientos personales han de mostrar alguna afinidad. Si estamos siendo testigos de la misma verdad, oponiéndonos a la misma maldad, que se mueve en la misma dirección, entonces debemos utilizar los mismos medios que fueron utilizados por Cristo, a saber: la paciencia y la resistencia en todos los aspectos de nuestra vida.

El esfuerzo que hacemos para recuperar la posición perdida por cualquiera de las circunstancias, incluso por el pecado, reflejará el esfuerzo realizado por Cristo para volver al trabajo (interrumpido por las caídas) de cargar la cruz. Ninguna de nuestras experiencias tienen por qué ser desperdiciadas, ni siquiera por nuestro pecado.

Al parecer, el hombre verdaderamente cristiano trasciende el desánimo solamente al aceptar que esa dificultad está presente. Ningún hombre puede pasar algún obstáculo, a menos que se enfrente y lo supere. El rodear un obstáculo no es superarlo, sino evadirlo. El atajo es bueno cuando estamos viajando a lo largo de un camino, pero no es bueno cuando estamos avanzando hacia Dios por el Camino de la cruz. Salirse del Camino es pecar, regresar al Camino es arrepentirse y enmendar.

La respuesta cristiana ante el sufrimiento

De las dos respuestas que se dan al problema del dolor, sólo la respuesta cristiana ofrece una convicción trascendente. La primera es el planteamiento conformista de ahogar las penas, que puede llevar a un hombre al heroísmo en algún aspecto de la vida, pero no le ofrece ninguna filosofía; ya que no logra nada más allá de una nobleza natural de desarrollar la resistencia física.

Luego viene el ideal cristiano, que no tiene nada que ver con la negación y el vacío. Aquí podemos encontrar la invitación a cargar la Cruz; San Pablo predica a Cristo crucificado y no se gloría en nada sino en la cruz de Cristo; Así mismo los Apóstoles llevan con alegría la dignidad de sufrir por Cristo. En la doctrina cristiana, la felicidad y la santidad se encuentran al aceptar la cruz de Cristo, sostener la cruz con Cristo, caer bajo la cruz con Cristo, levantándose bajo la cruz con Cristo, y avanzar hacia el conocimiento de lo que significa el desánimo a través de la Cruz de Cristo.

Un hombre no puede negar su desaliento, del mismo modo que no puede negar su existencia. Es más, forma parte de su existencia. Lo único que puede hacer es negarse a caer en el lujo del desaliento, es decir, solamente puede mortificar su tendencia a la autocompasión. Al convertirse en una persona “centrada en Cristo” en lugar de ser “centrada en sí mismo”, tiene la oportunidad de reorientar sus percepciones de manera que ya no podrá ver el desánimo a través de la luz del mundo en su contexto puramente humano, sino por la luz de la gracia y a través de la pasión.

Si los cristianos viviéramos nuestras vidas en relación con la Pasión, es decir, si nuestra voluntad se mantuviera en una armonía adecuada con la voluntad de Dios, seríamos incapaces de experimentar algo más doloroso que la primera punzada de decepción y sufriríamos solamente aquellos dolores que impone necesariamente el ser parte de la creación. No experimentaríamos desilusiones tras desilusiones, ni tendríamos expectativas falsas de una segunda mejor oportunidad, ni nos arrastraríamos a través de la desesperación, ni sufriríamos el agotamiento, ni tendríamos que aceptar desperdicios.

Pero debido a que la mayoría de las personas viven en una relación lamentablemente distante de la pasión de Cristo, inevitablemente encuentran un malestar permanente en sus vidas que drena todos sus recursos y que lamentablemente son irremplazables. En lugar de ver el cuerpo sufriente de Cristo, contemplan solamente la importancia de sus desalientos.

Después de todo, ¿cuáles son los motivos del desaliento humano, sino el experimentar una inadecuación y una pérdida? Cualquier hombre se desmotiva por estas dos situaciones: ya sea que al mirar hacia el pasado solo ve una secuencia de infortunios que le han dado forma a su actual fracaso, o porque mira hacia el futuro y contempla un panorama donde no hay seguridad, ni felicidad, ni perspectivas de éxito. Su experiencia de vida le sugiere estas percepciones, por lo tanto, siente, como es comprensible, que la vida es insoportable.

Mirar a Cristo


Pero si esta persona supiera más de Cristo, reconocería que habría malinterpretado su experiencia, y que la vida no es del todo insoportable. No se dejaría atormentar por las experiencias del pasado, ni se consternaría por el pensamiento del futuro. El presente inmediato no le saborearía a desaliento: reconocería la manera de relacionar su vida, junto con sus fallos y horrores, con la Pasión.

Esto no quiere decir que la liberación de la desilusión, el desánimo y la desesperación pueden efectuarse por un simple truco de la mente por medio de la habilidad de referir nuestras desolaciones de forma automática hacia Dios, sino que, se debe buscar una conversión gradual y dolorosa del alma para llevarla desde una “auto centralidad” hacia una “Dios centralidad” que lleve una tendencia creciente hacia la confianza. Ya no es estar abatido por ver tanto mal en nosotros mismos, en los demás y en el mundo, sino que nos levantamos de eso y empezamos a ver un bien posible en nosotros mismos, en los demás y en el mundo. La visión se extiende desde un probable bienestar hasta un determinado bienestar. Al ampliar este horizonte que revela lo positivo donde antes sólo se esperaba lo negativo, existe el conocimiento de que el único bien es Dios y que está presente en esta tierra, tan real como lo testifican los que reciben la Palabra hecha carne, no por voluntad del hombre, sino por voluntad de Dios.

En la medida en que permitimos que nuestras desolaciones sean transfiguradas por la gracia, de manera que se conviertan en parte de la desolación de Cristo, en esa misma medida traeremos el más alto nivel de consuelo a otros que están desolados. “Si deseas que otro hombre llore”, dice Horacio, “Primero debes llorar tú”: Si lloramos por la razón correcta, evitaremos que otras personas lloren por razones equivocadas. Si unimos nuestros dolores a los de Cristo, no sólo santificamos nuestras propias almas, sino que las elevamos más allá de los desalientos de la vida, y además actuarán como canales de gracia para las almas de aquellos para los que, como nosotros, Cristo cayó y comenzó de nuevo su camino al Calvario.

Nota seleccionada para el  blog del Padre Fabián Barrera
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19 abr. 2016

Las 3 cosas que Dios quiere que sepas cuando te sientes inseguro

Todos nos hemos sentido inseguros en ocasiones. En el fondo, hay aún días en los que me siento como ese joven regordete, inseguro, con la cara llena de espinillas que esperaba que nadie lo molestara cuando lo escogían al último para formar los equipos de básquetbol. // Autor: Dave Willis - Fuente: PildorasdeFe.net

Algunas personas viven atrapados por la inseguridad toda su vida, e incluso les inhibe de avanzar en sus carreras, relaciones o en la vida en general. Si eres una de esos miles de millones de personas que luchan contra la inseguridad hasta cierto punto, por favor continúa leyendo estas tres simples verdades…

1.- No te preocupes acerca de las opiniones que los demás tengan de ti. La opinión de Dios es la única que cuenta y ¡Él te ama incondicionalmente!

Cuando batallamos contra la inseguridad, podemos ser tentados a medir el valor de nosotros mismos en términos de cuántos “likes” tienen nuestras fotos en Instagram o una publicación de Facebook. Le cedemos el control de nuestro valor a las caprichosas opiniones de otros.


Debemos reclamar nuestra identidad y enraizarla en el amor de Dios por nosotros. Mientras más amemos a Dios, más capacidad tenemos de amarnos a nosotros mismos.

“Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos” (1 Juan 3,1)

2.- No te atormentes por el pasado. La gracia de Dios es más grande que el más grande de tus errores.

Todos nos hemos equivocado, pero afortunadamente, no tenemos que vivir en vergüenza o en arrepentimiento. No puedes construir una máquina del tiempo y cambiar el pasado, pero puedes abrazar la gracia de Dios y comenzar a construir un nuevo futuro.

“Para mí ahora sólo vale lo que está adelante, y olvidando lo que dejé atrás, corro hacia la meta, con los ojos puestos en el premio de la vocación celestial, quiero decir, de la llamada de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3,13-14)

3.- No necesitas comparar tu vida con la de nadie más. ¡El plan de Dios para ti es una obra maestra única!

Nos vemos tentados a revisar las publicaciones más recientes y más populares de las personas en las redes sociales y pensar que nuestras vidas no están a la altura. ¡Salgamos de la trampa de la comparación!

[[firstname]], Dios nos creó como una obra maestra única y eso es exactamente lo que eres. Confía en el plan de Dios para ti y continua creciendo para llegar a ser la mejor versión de ti posible y cambiarás el mundo en una manera única.

"Lo que somos es obra de Dios: hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocupáramos en ellas". (Efesios 2,10)
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16 abr. 2016

Nos faltan palabras para alabarte

Letanías del Rosario. Tú y yo, requerimos urgente la mano que acaricia, el rostro que se inclina hacia nuestro dolor, el corazón que compadece y suaviza el sufrimiento.

Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

Consuelo de los afligidos
Hoy se buscan calmantes, pastillas contra el dolor, porque el dolor se ha multiplicado por todas partes. Cuando no son las enfermedades del cuerpo, son las tribulaciones del alma. El hombre de hoy, tú y yo, requerimos como algo urgente la mano que acaricia, el rostro que se inclina hacia nuestro dolor, el corazón que compadece y suaviza el sufrimiento. Necesitamos las manos, el rostro, el corazón de María. A todos los que sufren sin esperanza vayamos a decir que tienen una Madre, que los ama mucho.....


Auxilio de los cristianos
Se requería esta ayuda porque, si el Demonio la trae con todos los hombres, principalmente se ensaña con los cristianos. Entrar en el Corazón de María es estar a salvo de todos los peligros. Y si en todo tiempo ha sido necesario este auxilio, hoy más que nunca, pues perece que todo el infierno ha salido de sus antros para hacer daño a la Iglesia y a los cristianos. Por eso, si invocar a María, rezar el rosario siempre ha sido necesario, hoy es de vida o muerte. A los que defienden lo contrario los veremos muertos por el camino, desangrados por ese vampiro infernal.

Reina de los ángeles, de los patriarcas, de los profetas. Reina de los apóstoles, de los mártires, de los confesores, de las vírgenes. Reina de todos los santos.
Nadie quiere estar fuera de su reinado. Hasta los ángeles, que no son humanos, han pedio y obtenido tenerla como Reina. No como Madre, que ese privilegio sólo a los humanos ha sido dado. Pero al menos como Reina. Ningún ángel la llama con el tierno nombre de Madre, sino con el nombre respetuoso de Reina mía.
Los patriarcas y los profetas, que son los grandes del Antiguo Testamento están bajo su protección. Su grandeza ha quedado pequeña ante la Gran Señora y Reina. Así me imagino yo a Abrahán, a Moisés, a Isaías y a los demás besando respetuosamente las manos de quien llevó en ellas a Dios mismo.
Los grandes del Nuevo Testamento son los que entran en esta lista envidiable: apóstoles, mártires, confesores, vírgenes. De todos es la Reina, la que los supera a todos, la que les ha dado la fortaleza en sus batallas, la que les ha guiado hasta el cielo y hasta la santidad. Reina de muchos, Reina de los mejores, porque eres la Mejor de todos.
Reina de los santos. Podría ser reina de ti y de mí, si llegamos a ser tales. Hay que ganarlo con esfuerzo. La posibilidad está abierta, mientras dura la vida. Todos los santos han amado de manera particular a su Reina. Y Dios los premia de manera muy especial en el cielo, por haber honrado tan hermosamente a su Joya.

Reina concebida sin pecado original
El privilegio de la Inmaculada Concepción. Estamos muy de acuerdo con que Dios hiciera una excepción con su Madre, que también es nuestra Madre. Nuestra Madre nació igual a nosotros en todos menos en el pecado original. ¡Bendita Tú, que no pasaste por la amargura del pecado! Así, no manchada por nada, puedes ayudar más eficazmente a los manchados con todos los pecados. Vemos que los doctores y enfermeras se ponen guantes y tapabocas para no contagiarse y poder curar mejor. María no necesita de eso. No necesita antivirus. Más bien los virus mueren en el acto en su presencia. A veces podría uno pensar que, como uno es pecador, si intenta tocar o dar un beso o una flor a María la contamina. No es cierto. Ella no se contagia de nuestra basura, sino que nosotros nos contagiamos de su pureza y de su santidad.

Reina elevada al cielo
Esto está defendido en un dogma, el de la Asunción. Alguien de nuestra raza, alguien muy especial ya está en el cielo en cuerpo y alma. Nuestra Madre nos dice que es verdad lo de los nombres escritos en el cielo; nos dice que vale la pena sufrir todo con tal de ganar el cielo. Nos anima, nos ayuda a conseguirlo. Puedes estar seguro de que para conseguir que tú vayas al cielo María Santísima hará todo lo que está en su mano para lograrlo, lo está haciendo. Déjala hacer, deja que te lleve al cielo, no la estorbes con tu ingratitud.
¡Qué alegría tan profunda y tan pura nos da el saber que nuestra Madre está ya para siempre en el cielo, eternamente feliz..! Solo faltamos nosotros. Ella lo sabe y ruega a diario para lograrlo. Suplica a su Hijo que tenga misericordia. En fin que, si bien fue Jesús el que me mereció la redención, será mi Madre la que al fin lo obtenga. ¡Gracias infinitas, Madre!

Reina del Santísimo Rosario
Es una Madre que nos pide rezar el Rosario. Es Ella y no algún fraile disgustado. Porque Dios mismo ha prometido gracias realmente excelentes. Si rezando el rosario todos los días se obtiene el cielo, díganme si vale la pena rezarlo. Desapreciar esta oración es despreciar a María y despreciar a Dios. Una de las mejores cosas que se pueden hacer es, precisamente, rezar el rosario y hacer que otros lo recen. El Papa instituyó un año del rosario. Nos consta que lo reza diariamente. Todos los grandes santos han sido devotos de María y han tenido un gran aprecio por la oración que más le gusta a la Madre de Dios.

Reina de las familias
Es un título que faltaba en las letanías y que Juan Pablo II se encargo de añadir. Las familias tenían necesidad de una Reina. Y una Reina fuerte, que fuera parte de una familia, abogada y defensora contra un enemigo abiertamente declarado contra las familias, el Demonio. Hoy tiene el maléfico pensamiento de destruir la familia. Y ya ha hecho bastante mal. Pero se le enfrenta su eterna rival, María Santísima. Todos somos miembros de una familia y todos queremos que las familias se sostengan en el amor y en la unidad. Invoquemos a la Reina de la Familia.

Reina de la paz
Tan necesaria en nuestros tiempos. Si invocáramos más a María, si rezáramos el rosario con más frecuencia y devoción se acabarían las guerras, todas las guerras. Está prometido. Pero no lo creemos. Seguimos tercamente empeñados en pelear con nuestras piedras, flechas, espadas, cañones y bombas.
A su Hijo se le llama entre otras cosas, Príncipe de la paz. Pues bien, este príncipe, cansado de que no le hagamos caso, nos ha dicho insistentemente: " Si quieren la paz, hagan lo que Ella les diga”. Él nos ha pedido que recemos el rosario. Dios mismo ha prometido paz a cambio de rosarios.
María es una Reina bellísima, muy poderosa. María es una Madre amorosísima, la mejor de todas. María es la delicia de Dios. María es la flor más bella que ha producido la tierra. Su nombre es dulzura, es miel de colmena. Dios la hizo en molde de diamantes y rubíes, y luego rompió el molde. Le salió hermosísima, adornada de todas las virtudes, con sonrisa celestial. Y, cuando moría en la cruz, nos la regaló. Esa mujer es mi madre bendita...



Letanias 1a. Parte
Letanias 2a. Parte
Letanias 3a. Parte
Letanias 4a. Parte
Letanias 5a. Parte

Para que reces muy bien el rosario, consulta El Santo Rosario. Qué es el rosario, cómo se reza, historia, oraciones, promesas, bendiciones y beneficios.

Nota seleccionada para el  blog del Padre Fabián Barrera
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12 abr. 2016

¿Y si hoy fuera el último día de mi vida?

Hay una fecha en el calendario, que sólo Dios conoce, no la conocemos nosotros. La muerte no avisa, simplemente llega.

Autor: P. Mariano de Blas LC

No pretendemos asustar a nadie, al hablar de la muerte. Vamos a considerarla como maestra de vida, vamos a decirle que nos enseñe a vivir. Será una maestra severa, pero nos dice la verdad. Aunque sólo fuera para que no nos ocurra aquello de: ¨cuando pude cambiar todo, arreglar todo, no quise hacerlo; y, ahora que quiero, ya no puedo”.

Vivir como si fuera hoy el último día de mi vida, es una fantástica forma de vivir. A la luz de este último día debiéramos analizar todas las decisiones grandes y pequeñas de la vida. Ahora nos engañamos, hacemos cosas que no nos perdonaremos a la hora de la muerte. Simplemente analiza esto: Si hoy fuera el último día; ¿qué pensarías de muchas cosas que has hecho hasta el día de hoy? En ese último día pensarás de una forma tan radicalmente distinta del mundo, de Dios, de la eternidad, de los valores de esta vida.



Si nosotros no pensamos en la muerte, ella sí piensa en nosotros. Dios nos ha dado a cada uno un cierto número de años, y, desde el día que nacemos, comienza a caminar el reloj de nuestra vida, el que va a contar uno tras otro todos los días, el que se parará el último día, el de nuestra muerte. Este reloj está caminando en este momento. ¿Me encuentro en el comienzo, a la mitad, cerca del final? ¿Quizá he recorrido ya la mitad del camino?

Si alguna vez he visto morir a una persona, debo pensar que por ese trance tengo que pasar yo también. La muerte no respeta categorías de personas: mueren los reyes, los jefes de estado, los jóvenes, los ricos y los pobres. Como decía hermosamente el poeta latino Horacio: "La muerte golpea con el mismo pie las chozas de los pobres y los palacios de los ricos”.

Hay una fecha en el calendario, que sólo Dios conoce, no la conocemos nosotros. La muerte no avisa, simplemente llega. Podemos morir en la cama, en la carretera, de una enfermedad..., algunos hemos tenido accidentes serios; pudimos habernos quedado ahí.

La muerte sorprende como ladrón, según la comparación puesta por el mismo Cristo hablando de la muerte. No es que nos pongamos pesimistas. Él quería que estuviéramos siempre preparados. Sus palabras exactas son: "Vigilad, porque no sabéis el día ni la hora; a la hora que menos penséis, vendrá el Hijo del Hombre”. El ladrón no pasa normalmente tarjeta de visita; llega cuando menos se piensa. Nadie de nosotros tenemos escrito en nuestra agenda: "Tal día es la fecha de mi muerte y la semana anterior debo arreglar todos mis asuntos, despedirme de mis familiares, para morir cristianamente”.

Si somos jóvenes, estamos convencidos de que no moriremos en la juventud; nos sentimos con un gran optimismo vital: "No niego que voy a morir algún día, pero ese día está muy lejano”. Si es uno mayor, suele contestar: "Me siento muy bien”.

La experiencia nos demuestra que cada día mueren en el mundo alrededor de 200 mil personas. Entre ellos hay hombres y mujeres, jóvenes y viejos, y muchos niños. Ningún momento más inoportuno para la cita con la muerte que un viaje de bodas; y, sin embargo, varios han muerto así. Con 20 años en el corazón parece imposible morir, y sin embargo, se muere también a los 20 años. Recuerdo una persona que sacó su boleto de México a Monterrey y sólo caminó 15 kms.

Puesto que hemos de morir sin remedio, no luchemos contra la muerte sino a favor de la vida. Si hemos de morir, que sea de amor y no de hastío.

Para leer la meditación completa:
2. ¿Me siento preparado para morir en este momento?
3. ¿Cómo será mi muerte?

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9 abr. 2016

Reina y Madre de sus queridos hijos

La Coronación de la Virgen como Reina del Cielo y de la Tierra. Bellísima reina, Madre del amor hermoso. // Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

Voy a escribir una carta destinada a la Virgen María en el cielo. Una forma muy sencilla y profunda de manifestar el aprecio y cariño a una persona es a través de una carta. Lo importante no es mi carta sino la que tú escribas a María desde el fondo de tu corazón.


Querida y respetable señora, queridísima madre:

Sé que estoy escribiendo a la mujer más maravillosa del mundo.
Y esto me hace temblar de regocijo, de amor y de respeto.

Cuántas mujeres en el mundo, queriendo parecerse a ti, llevan con orgullo santo el dulce nombre de María. Cuantas iglesias dedicadas a tu nombre.

Tú eres toda amor, amor total a Dios y amor misericordiosísimo a los hombres, tus pobres hijos. Eres el lado misericordioso y tierno del amor de Dios a los hombres, como si tu fueses la especie sacramental a través de la cual Dios se revela y se da como ternura, amor y misericordia.

Estoy escribiendo una carta a la Madre de Dios: Esa es tu grandeza incomparable. Eres la gota de rocío que engendra a la nube de la que Tú procedes.

Me mereces un respeto total, al considerar que la sangre que tu hijo derramó en el Calvario es la sangre de una mártir, es tu propia sangre; porque Dios, tu hijo, lleva en sus venas tu sangre, María.

Pero el respeto que me mereces como Madre de Dios se transforma en ímpetu de amor, al saber que eres mi madre desde Belén, desde el Calvario, y para siempre.

Y por eso, después de Dios me quieres como nadie. Yo sé que todos los amores juntos de la tierra no igualan al que Tú tienes por mí. Si esto es verdad, no puedo resistir la alegría tremenda que siento dentro de mi corazón.

Pero ese amor es algo muy especial, porque soy otro Jesús en el mundo, alter Christus.
Tú lo supiste esto antes que ningún teólogo, desde el principio de la redención. No puedo creer que me mires con mucho respeto.

Para ti un sacerdote es algo sagrado. Agradezco a tu Hijo, al Niño aquél, maravilla del mundo, que todavía contemplo reclinado en tus brazos, su sonrisa, su caricia y su abrazo que quedaron impresos a fuego en mi corazón para siempre.


Oh bendito Niño que nos vino a salvar.
Oh bendita Madre que nos lo trajiste.

Contigo nos han venido todas las gracias, por voluntad de ese Niño. Todo lo bueno y hermoso que me ha hecho, me hace y me hará feliz, tendrá que ver contigo. Por eso te llamamos con uno de los nombres más entrañables: Causa de nuestra alegría.

He sabido que tu Hijo dijo un día: "Alegraos más bien de que vuestos nombres estén escritos en el cielo" Sí. Escritos en el cielo por tu mano, Madre amorosísima. Cuando dijiste sí a Dios, escribiste nuestos nombres en la lista de los redimidos. Y esta alegría nos acompaña siempre, porque Tú tambien como Jesús estás y estarás con nosotros todos los días de nuestra vida.

¡Qué hermosa es la vida contigo, junto a ti, escuchándote, contemplando tus ojos dulcísimos y tu sonrisa infinita! También como a Dios, yo te quiero con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.


Sigo escribiendo mi carta a la que es puerta del cielo. ¡Cómo he soñado desde aquel día, en que experimenté el cielo en aquella cueva, en vivir eternamente en ese paraíso! Junto a Dios y junto a ti, porque eso es el cielo. La puerta de la felicidad eterna, sin fin, tiene una llave que se llama María.

Cuanto anhelo ese momento en que tu mano purísima me abra esa puerta del cielo eterno y feliz.

Oh Madre amantísima, eres digna de todo mi amor, por lo buena que eres, por lo santa, santísima que eres, la Inmaculada, la llena de gracia, por ser mi Madre, por lo que te debo: una deuda infinita, porque, después de Dios, nadie me quiere tanto, por tu encantadora sencillez.

Yo sé, Madre mía, que, después de ver a Dios, el éxtasis más sublime del cielo será mirarte a los ojos y escuchar que me dices: Hijo mío, Y sorprenderme a mí mismo diciendo: Madre bendita, te quiero por toda la eternidad.

Oh Virgen clementísima, Madre del hijo pródigo -Yo soy el hijo pródigo de la parábla de tu hijo- que aprendiste de Jesús el inefable oficio de curar heridas, consolar las penas, enjugar las lágrimas, suavizar todo, perdonar todo. Perdóname todo y para siempre, oh Madre.

Bellísima reina, Madre del amor hermoso, toda hermosa eres,María. Eres la delicia de Dios, eres la flor más bella que ha producido la tierra. Tu nombre es dulzura, es miel de colmena. Dios te hizo en molde de diamantes y rubíes. Y después de crearte, rompió el molde. Le saliste hermosísima, adornada de todas las virtudes, con sonrisa celestial...

Y cuando Él moría en la cruz, nos la regaló.
Por eso, Tú eres toda de Jesús por derecho.
y toda de nosotros por regalo.

Todo tuyo y para siempre.


CONCLUSIÓN:

Asistimos hoy al desamparo de muchas madres que sufren antes de crear hijos, que siguen sufriendo al engendrarlos, y sufren mucho más al tener que educarlos, por no mencionar a las madres que suprimen a algún hijo. Todas tienen una Abogada en el cielo, que les ayuda misericordiosamente por ser Ella también mujer y madre. Todas las que deseen saber cómo es, cómo ama y cómo se realiza una mujer deben mirar al cielo y contemplar a su celestial patrona e intercesora, la redentora de la mujer, de su maternidad, de su amor y de su felicidad en la tierra y en el cielo.


Oración:
El cielo es tu sitio, Virgen María. Y el cielo es también el sitio para tus hijos. No permitas que los hijos de una madre que vivió y murió de amor, vivan y mueran de hastío. Llévanos al cielo. Haznos vivir en la tierra como quienes están de paso hacia la felicidad eterna. Que dejemos pasar lo pasajero y nos aferremos a lo eterno. Amén.
Nota seleccionada para el  blog del Padre Fabián Barrera
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5 abr. 2016

¿Y después de la muerte, qué?

Con lo que yo hago ahora, decido lo que va a ser mi existencia en la eternidad. Decido mi infierno o mi cielo. // Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

Pasamos ya la conmemoración de los Fieles Difuntos, rezamos por ellos, por nosotros, pero nos queda siempre presente la misma pregunta:

¿Y después de la muerte, qué?

Las respuestas pueden ser muchas. Si las intentamos reducir a lo esencial, nos encontramos con tres respuestas fundamentales.


  • La primera: después de la muerte no hay nada. Tú, yo, todos, nos vamos a desintegrar, desaparecemos. Nuestras partículas, olvidadas de lo que fueron, irán a parar a mil lugares distintos. Algunos serán recordados, pero la fama de los grandes hombres no les permite disfrutar un minuto de alegría después de atravesar la frontera del "no retorno”. Tampoco habrá justicia: el criminal, el ladrón, el traidor, se habrán ido, quizá sin haber sido castigados por la justicia humana. Una vez muertos, nadie podrá pedirles cuentas de sus fechorías...




  • La segunda: después de la muerte empieza una nueva vida terrena, o incluso sigue una serie de vidas (dos, tres, cinco, ¿mil?). Es decir, quizá nos reencarnemos. Nuestra alma volará y tomará otro cuerpo, tendrá una nueva existencia. Quizá seremos una mariposa, o un cangrejo, o un perro que persigue conejos en praderas interminables. Se inicia así una "segunda oportunidad”. Y esto nos llena de un cierto alivio: si lo hicimos todo mal en la vida anterior, quizá en la nueva podremos portarnos bien y merecer, en la siguiente reencarnación, un cuerpo un poco mejor del que nos haya tocado ahora.


La teoría de la reencarnación presenta muchas variantes según la respuesta que se dé a estas preguntas. ¿Cada uno escoge su nuevo tipo de vida? ¿Cuántas veces uno se puede reencarnar? ¿Y después? ¿Hay algún Dios que juzga y que decide el cuerpo que nos va a tocar? Lo extraño es que ninguno (al menos, de los que yo conozco) recuerda que tuvo una vida anterior a la que ahora tiene. Ni hemos visto a un perro o a un gato contarnos lo que hicieron cuando estaban al lado de Napoleón en la batalla de Waterloo... Pero la idea de una segunda oportunidad nos tienta de un modo extraño, y, tal vez, nos hace valorar poco la existencia que ahora tenemos. Y eso puede ser muy peligroso.


  • La tercera respuesta: después de la muerte, hay un juicio, y unos van al cielo y otros van al infierno. Sin más: no existe una "segunda oportunidad” en una eventual futura reencarnación... Cristianos, musulmanes y bastantes autores del judaísmo aceptan esta respuesta, si bien difieren en lo que sea el cielo o el infierno, o en el modo en el cual procederá el juicio.


Desde este último punto de vista, la vida actual, esta única vida antes del juicio, adquiere un valor enorme. Lo que yo hago ahora no se perderá en el universo (como se piensa en la primera respuesta), ni tendré una nueva ocasión de actuar mejor gracias a una reencarnación (segunda respuesta). Ahora determino y decido lo que va a ser, eternamente, mi existencia en la otra vida. Decido mi cielo o mi infierno.

Delante de la frontera de la muerte, la ciencia se detiene. Nos dice cuándo uno ya dejó de vivir la existencia que tuvo entre nosotros. Nos explica la descomposición del cuerpo, la destrucción total del cerebro, pero no lo que pasa al espíritu. Lo que hay al otro lado escapa al microscopio más perfecto. El mundo del espíritu es invisible, y la ciencia, menos mal, no puede tocarlo. Lo triste es vivir con un corazón eterno como si fuésemos un pedazo de materia orgánica obtenida por la casualidad evolutiva, sin esperanza ni amor.

Nos entusiasma poder amar y vivir en esta tierra. Nos llena de alegría acariciar a un niño o contemplar una estrella. Nos conmueve la ternura de un anciano y la mirada serena y tranquila de algunos "locos” que nos penetran con sus ojos entre compasivos y alegres. Pero, lo creemos de verdad, no somos capaces de intuir lo que nos espera más allá de la muerte.

Esta vida vale tanto que Dios quiso vivirla con nosotros. Cristo, el Hijo de Dios, dejó abierto el camino hacia el cielo. Nos reveló que hay un juicio, que el amor es todo, que el peligro del infierno acecha tras la muerte. Vale mucho nuestra vida, valen mucho nuestros actos. Pero no estamos solos. Desde una Cruz Jesús, el Resucitado, nos acompaña en nuestros dolores y fatigas. Y nos espera, para siempre, en la casa del Padre.



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2 abr. 2016

Jesús humilde y María....también

El Bautismo de Jesús. Juan había sido el primer hombre que había reconocido a Jesús como el Hijo de Dios. // Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

Dios puesto en la fila de pecadores. En la fila había ladrones, asesinos, adúlteras, fariseos podridos, soldados...Jesús metiendo los pies en la charca del pecado. Él, el tres veces santo. Besó el suelo podrido de las almas, y no sintió náusea. Sabía que podía limpiar todas las almas, todos los basureros, todas las cloacas.

¿Qué te costaba convertir los basureros en jardines, las ruinas en castillos donde Tú te sintieras divinamente a gusto? Cada santo es un pecador reconstruido como santo sobre sus propias ruinas. María se enteró porque se lo contaron. "Si Él se humilla así, yo.... esclava del Señor. Yo quiero imitarlo sufriendo el castigo de los hombres –luego serán mis hijos- para ayudar a salvarlos.” Tal vez a nosotros no nos ha impresionado ver a Jesucristo bautizado en el Jordán; a ti, María, te debió impresionar muchísimo, porque tú sabías, como nadie, que Él era Dios. ¡Qué humillación! Tu humildad te parecía pequeña, muy pequeña junto a la suya. Él no se había hecho esclavo, sino pecador. Y Tú, que a todo le buscabas la razón y el sentido, preguntarías: ¿Por qué Jesús se ha querido bautizar por Juan como un pecador más, ¿por qué? La pregunta sigue todavía en el aire...


Juan había sido el primer hombre que había reconocido a Jesús como el Hijo de Dios y trató de comunicárselo a los demás. Pero muy pocos lo aceptaron. Un día dijo a Andrés y a su amigo: "He ahí el cordero de Dios”. Y éstos sí le siguieron, para su bien. Los demás no le hicieron caso, para su mal. Posteriormente Jesús se lo reclamaría: "¿El bautismo de Juan venía de Dios o de los hombres?” Le respondieron: "No lo sabemos, es decir, no lo queremos saber”.

Jesús venía del desierto donde había realizado una dura penitencia: oración y ayuno muy fuertes. Ella aprendió que la oración es muy importante para un cristiano. Ella oraría con más fervor a partir de entonces, si se podía. Aprendió que la humildad y el sacrificio eran muy propios del cristianismo. Ella no pensaba como muchos cristianos y aún sacerdotes, que estas cosas están pasadas de moda y que no ayudan mucho para lo esencial, que es vivir la alegría pascual. Se han olvidado de que se llega a la alegría de la resurrección pasando por la humillación y el sufrimiento de la cruz. "¿No era necesario que el Cristo sufriera esto para entrar en su gloria?”

"Este es mi Hijo muy amado en quien tengo mis complacencias”. Jesús era Hijo del Padre e Hijo suyo. Cómo recordaría la pérdida a los doce años-"¿No sabéis que tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre?” Ahora lo había dejado ir, para que se ocupara de las cosas de su Padre. Ella lo devolvía al Padre; sacrificaba su amor de madre. Dolor que sería total en la muerte en el Calvario. Muchas madres de posibles hijos sacerdotes no han sabido sacrificar el amor al hijo y no le han dejado trabajar en las cosas del Padre. Se trataba de un amor equivocado.

El Espíritu Santo descendió sobre Él para investirlo de la misión que le esperaba.
Un nuevo tema de meditación de María, sobre su Hijo. Aquí ya no es la sencillez del Jesús que parecía un simple hombre. Aquí interviene el cielo en pleno: El Padre celestial, Yahvé (con todo lo que significaba para un israelita) y el Espíritu Santo que ya había intervenido en Ella. "El Espíritu Santo descenderá sobre ti”. Ahora sobre Él. La imagen de su Hijo crecía a sus ojos; y Ella se sentía pequeñita junto a Él. Como Juan, el hombre humilde por excelencia, Ella también se decía a sí misma: "Es necesario que Él crezca y que yo disminuya”.

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29 mar. 2016

Presencia de Jesús y María en nuestra vida

Jesús en las Bodas de Caná: María es el camino más corto para llegar a Jesús.// Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

Presencia de Jesús y María en los acontecimientos humanos: una boda. Hay que invitarlos a todas las cosas de nuestra vida, seguros de que accederán con gusto. Su presencia transforma las realidades humanas, las alegres y las tristes, en acontecimientos santificadores. Sufrir en su compañía es muy distinto que sufrir solos.


Ellos dan la fuerza y el ejemplo para llevar la propia cruz con amor y alegría. También quieren participar en nuestras alegrías. Porque la alegría es cristiana, es fruto maduro del misterio pascual. Si, según Santa Teresa,”un santo triste es un triste santo”, quiere decir que el cristiano tiene el derecho y el deber de ser un irradiador de alegría. Si Jesús inventó la religión del amor, inventó por lo mismo la religión de los hombres y mujeres más felices. Es la paradoja del cristianismo: Los santos –los mejores cristianos- son los que más han sufrido y también los más felices. "Con la amistad de Cristo, con su presencia, he sido y soy inmensamente feliz, cargando la cruz que Él ha querido darme ...” María adelanta los milagros. Y Jesús condesciende con mucho gusto. Jesús abre el corazón de sus discípulos a la fe, obrando su primer milagro, gracias a la intervención de María.

Todos los que quieran ser apóstoles de Jesús, deben aprender a amar a María, para ser eficaces en su labor de salvación de los hombres. En la salvación de los hijos, debe intervenir la presencia de la Madre, por voluntad del Redentor. El rosario que reza el sacerdote habla muy bien de él. Cuantas veces al Papa se le ve con el rosario entre los dedos. El sacerdote que invoca frecuentemente a María, que predica con entusiasmo sobre Ella a los fieles, tiene garantizado el éxito apostólico. No se puede decir lo mismo del ministro –quizás celoso y trabajador- que no tiene tiempo de rezar el rosario y que demuestra hacia su Madre una superficial adhesión. "Totus tuus” fue lema elegido amorosamente por Juan Pablo II. Pero, aunque no esté esculpido en un escudo, cada sacerdote debe hacerlo propio. La importancia de María para llegar a Jesús: La devoción a María es señal de predestinación.

Dios no permitirá que un alma que ame a María no se salve. El amor a María es un elemento muy específico y gratificante de la religión cristiana. La devoción a María otorga al cristianismo una ternura, una finura y delicadeza extraordinaria. La necesidad que en el orden humano experimentan de una mamá todos los seres humanos, no es menos requerida en el orden del espíritu, Y Dios, que quiso darnos una madre de la tierra para las necesidades materiales, tuvo la buena idea de regalarnos una Madre para las necesidades del espíritu.

El huérfano de madre lo demuestra, el huérfano de madre en el espíritu lo acusa también. María no es un estorbo para llegar a Jesús, al contrario, es el camino más corto y maravilloso para llegar al Mediador. Esta es la voluntad del mismo Mediador, Jesucristo. Jesús mismo que quiso tener una madre, no ha querido privarnos a nosotros de ella, Más aun, la misma madre suya nos la regaló a nosotros, Con ello no sólo nos ha dado una madre, sino la mejor de todas. El agua convertida en vino: Vida triste convertida en vida feliz; mediocridad en santidad; esterilidad en apostolado fecundo. "En tu nombre echaré la red”, dijo Pedro a Jesús. También podemos decir nosotros: "En tu nombre, María, echaremos la red”. Jesús no es celoso, y llenará también nuestras redes de peces. Sin duda que el vino mejor del mundo se bebió en Caná, como lo atestigua el mayordomo de la fiesta.

Cuantas veces nuestra triste vida se nutre de vinagre, de vino de poca calidad o tiene que conformarse con simple agua. María puede pedir Jesús que convierta esa pobre agua en dulce vino que nos dé gusto y fuerzas para el camino de la vida. "Haced lo que Él os diga”. Siempre nos guía a Él, nos invita a obedecerle, a seguirle, a imitarle. Y los discípulos creyeron en Él, por María. Cuando la presencia de María en la vida de un apóstol es constante, ese apóstol tiene la bendición y el beneplácito de Dios. María nunca se cree ni se nombra Maestra, sino discípula; la mejor de todas. Es la que conoce como nadie la religión del amor y quien la ha vivido mejor que ningún cristiano. Por eso puede enseñar a sus hijos lo que Ella sabe. Jesús dijo " Yo soy el camino, la verdad y la vida”, María podría decirnos. "Yo soy la caminante más decidida, la seguidora de la verdad, la distribuidora de la vida”. Ella nos dice:”Hagan lo que Él les diga”. Él nos dice: "Hagan lo que Ella les diga”

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Hermanos en Cristo

RECUERDA:

Cristo ha sufrido por todos
"Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rocas de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas.
Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desestimar su vocación: Cristo ha sufrido por todos.
Con toda verdad está escrito de Él: Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad»
(San Agustín, Sermón 304).
***
"Keep that in mind, brethren, in the garden of the Lord not only the rocks of the martyrs, but also the lilies of the virgins and the married ivy and violets of widows.
No man, whatever kind of life, is to dismiss his vocation: Christ suffered for all.
In all truth it is written of Him, our Savior desires all men to be saved and reach full knowledge of the truth "
(St. Augustine, Sermon 304).

Jesús ha optado por amarte
Although you do not remember it, for you it gave the life. Although you do not believe it, for you it worries. Although you are not considered to be important, for It you are. Although you do not accept it, he has excused you. Although you do not perceive it, it is with you. Although you condemn you himself, Jesús has chosen to love you. He sees us otherwise. It is much more, much major than our heart.
***

Aunque no lo recuerdes, por ti dio la vida. Aunque no lo creas, por ti se preocupa. Aunque no te consideres importante, para El lo eres. Aunque no lo aceptes, te ha perdonado. Aunque no lo percibas, está contigo. Aunque a ti mismo te condenes, Jesús ha optado por amarte. El nos ve de otra manera. Es mucho más, mucho mayor que nuestro corazón.

Oración por los bebés abortados

Padre Celestial, que nos has dado el don de la libertad para amar y seguir Tus caminos y mandamientos. Perdona a aquellos padres que abusando de esta libertad destruyen el don de la vida que Tú le has dado a sus hijos. Perdona a esos que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan. Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad. Ayúdame a ser uno en solidaridad con Tus pequeños, aceptando de corazón las palabras de Tu Hijo: "todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos más pequeños, por Mí lo hicisteis." (Mt 25:40) Permíteme, entonces, Padre, adoptar hoy espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, trabajos, gozos y sufrimientos por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria. Te lo pedimos en nombre de Cristo, en unión con el Espíritu Santo, que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

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Crux Sancti Patris Benedicti
Crux Sancta Sit Mihi Lux / Non Draco Sit Mihi Dux / Vade Retro Satana / Numquam Suade Mihi Vana / Sunt Mala Quae Libas
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La Santa Cruz sera mi luz / no sera el demonio mi guia. / ¡Apartate, Satanás! / no me sugieras cosas vanas,
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Santa Misa y Confesiones (Padre Fabián)

♦ ACTIVIDADES ♦
EL SANTUARIO PERMANECE ABIERTO DE MARTES A DOMINGO: DE 7,30 A 12 HS Y DE 17 A 20 HS.

LOS LUNES ESTÁ CERRADO EXCEPTO PARA LA MISA DE 8,00 HS. LUEGO DE LA MISMA SE CIERRA. TAMBIÉN ESTÁ ABIERTO LOS SEGUNDOS LUNES DE MES PARA LA
MISA DE SANACIÓN: LA ADORACIÓN ES A LAS 18 Y A LAS 19,30 HS LA SANTA MISA.

EL PADRE FABIAN CONFIESA LOS JUEVES Y DOMINGOS DE 17 A 20 HS POR ORDEN DE LLEGADA Y SIN TURNO PREVIO.

NO DA ENTREVISTAS PERSONALES. PERO PUEDEN PEDIR INFORMACIÓN A LA SECRETARIA PARROQUIAL DE LUNES A SÁBADOS DE 8,30 A 11,30 HS AL TELÉFONO 2508 6672 INT 108 O A MARTA 095724928

SANTUARIO DE LA MEDALLA MILAGROSA Y SAN AGUSTÍN
MONTEVIDEO

Santa Misa con oración por sanación interior y física, 4to domingo de cada mes a las 16hrs. Capilla de las Hermanas Vicentinas, Reconquista 432, Montevideo (Uruguay).

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