Reverendo Padre Fabián A. Barrera, c.m.

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DESTACADOS: Cuando celebramos la Misa, nosotros no hacemos una representación de la Última Cena: no, no es una representación. Es otra cosa: es precisamente la Última Cena. Es vivir otra vez la Pasión y la muerte redentora del Señor. La Misa no se "escucha", se participa, y se participa en esta teofanía, en este misterio de la presencia del Señor entre nosotros". SIGUE AQUI

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23 de ene. de 2015

Rezar por los difuntos

Fundamentos bíblicos, patrísticos y arqueológicos de esta tradición cristiana. // Autor: primeroscristianos.com | Fuente: primeroscristianos.com

Desde los comienzos del cristianismo y aún antes -en la tradición judía- la oración por los difuntos ha sido una costumbre que no se ha interrumpido nunca.

Antiguo Testamento
Y, porque consideró que aquellos que se han dormido en Dios tienen gran gracia en ellos. Es, por lo tanto, un pensamiento sagrado y saludable orar por los muertos, que ellos pueden ser librados de los pecados" (2 Mac. 12,43-46).

En los tiempos de los Macabeos los líderes del pueblo de Dios no tenían dudas en afirmar la eficiencia de las oraciones ofrecidas por los muertos para que aquellos que habían partido de ésta vida encuentren el perdón por sus pecados y esperanza de resurrección eterna.


Nuevo Testamento
Hay varios pasajes en el Nuevo Testamento que apuntan a un proceso de purificación después de la muerte. Es por esto que Jesucristo declara (Mt. 12,32) "Y quien hable una palabra contra el Hijo del Hombre, será perdonado: pero aquel que hable una palabra contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en este mundo ni en el que vendrá".

De acuerdo con San Isidoro de Sevilla (Deord. creatur., c. XIV, n. 6) estas palabras prueban que en la próxima vida "algunos pecados serán perdonados y purgados por cierto fuego purificador".

San Agustín también argumenta, "que a algunos pecadores no se les perdonarán sus faltas ya sea en este mundo o en el próximo no se podría decir con verdad a no ser que hubieran otros (pecadores) a quienes, aunque no se les perdone en esta vida, son perdonados en el mundo por venir". (De Civ. Dei, XXI, XXIV).

San Gregorio Magno (Dial., IV, XXXIX) hace la misma interpretación; San Beda (comentario sobre este texto) y San Bernardo (Sermo LXVI en Cantic., n.11) también lo entienden así.

Un nuevo argumento es dado por San Pablo en 1 Cor. 3,11-15: "Un día se verá el trabajo de cada uno. Se hará público en el día del juicio, cuando todo sea probado por el fuego. El fuego, pues, probará la obra de cada uno. [14] Si lo que has construido resiste al fuego, serás premiado. [15] Pero si la obra se convierte en cenizas, el obrero tendrá que pagar. Se salvará, pero no sin pasar por el fuego".

Este pasaje es visto por muchos de los Padres y teólogos como evidencia de la existencia de un estado intermedio en el cual el alma purificada será salvada.

Tradición
El testimonio de la Tradición. es universal y constante. Llega hasta nosotros por un triple camino:

1) La costumbre de orar por los difuntos privadamente y en los actos litúrgicos;
2) Las alusiones explícitas en los escritos patrísticos a la existencia y naturaleza de las penas del purgatorio;
3) Los testimonios arqueológicos, como epitafios e inscripciones funerarias en los que se muestra la fe en una purificación ultraterrena.
Esta doctrina de que muchos que han muerto aún están en un lugar de purificación y que las oraciones valen para ayudar a los muertos es parte de la tradición cristiana más antigua.

Tertuliano (155-225) en "De corona militis" menciona las oraciones para los muertos como una orden apostólica y en "De Monogamia" (cap. X, P. L., II, col. 912) aconseja a una viuda "orar por el alma de su esposo, rogando por el descanso y participación en la primera resurrección"; además, le ordena "hacer sacrificios por él en el aniversario de su defunción," y la acusó de infidelidad si ella se negaba a socorrer su alma.

Del siglo II se conservan ya testimonios explícitos de las oraciones por los difuntos. Del siglo III hay testimonios que muestran que es común la costumbre de rezar en la Misa por ellos.

San Cirilo de Jerusalén (313-387) explica que el sacrificio de la Misa es propiciatorio y que "ofrecemos a Cristo inmolado por nuestros pecados deseando hacer propicia la clemencia divina a favor de los vivos y los difuntos" (Catequesis Mistagógicas 5,9: PG 33,1116-1117).

San Epifanio estima herética la afirmación de Aerio según el cual era inútil la oración por los difuntos (Panarión, 75,8: PG 42,513).

Refiriéndose a la liturgia, comenta San Juan Crisóstomo (344-407): "Pensamos en procurarles algún alivio del modo que podamos... ¿Cómo? Haciendo oración por ellos y pidiendo a otros que también oren... Porque no sin razón fueron establecidas por los apóstoles mismos estas leyes; digo el que en medio de los venerados misterios se haga memoria de los que murieron... Bien sabían ellos que de esto sacan los difuntos gran provecho y utilidad..." (In Epist. ad Philippenses Hom., 3,4: PG 62,203).

Y San Agustín (354-430): "Durante el tiempo que media entre la muerte del hombre y la resurrección final, las almas quedan retenidas en lugares recónditos, según es digna cada una de reposo o de castigo, conforme a lo que hubiere merecido cuando vivía en la carne. Y no se puede negar que las almas de los difuntos reciben alivio por la piedad de sus parientes vivos, cuando por ellas se ofrece el sacrificio del Mediador o cuando se hacen limosnas en la Iglesia" (Enquiridión, 109-110: PL 40,283).

Escribe San Efrén (306-373) en su testamento: "En el trigésimo de mi muerte acordáos de mí, hermanos, en las oraciones. Los muertos reciben ayuda por las oraciones hechas por los vivos" (Testamentum).

Entre los testimonios arqueológicos, se encuentra el conocido epitafio de Abercio. En este epitafio leemos: "Estas cosas dicté directamente yo, Abercio, cuando tenía claramente sesenta y dos años de edad. Viendo y comprendiendo, reza por Abercio". Abercio era un cristiano, probablemente obispo de Ierápoli, en Asia menor, que antes de morir compuso de propia mano su epitafio, es decir la inscripción para su tumba. Se puede fácilmente comprender cómo la Iglesia primitiva, la Iglesia de los primeros siglos, creía en el Purgatorio y en la necesidad de rezar por las almas de los difuntos.

"Ofrecer el sacrificio por el descanso de los difuntos -escribía San Isidoro de Sevilla (560-636)- ... es una costumbre observada en el mundo entero. Por esto creemos que se trata de una costumbre enseñada por los mismos Apóstoles. En efecto, la Iglesia Católica la observa en todas partes; y si ella no creyera que se les perdonan los pecados a los fieles difuntos, no haría limosnas por sus almas, ni ofrecería por ellas el sacrificio a Dios" (De ecclesiasticis officiis, 1,18,11: PL 83,757).

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20 de ene. de 2015

¿Podemos sacar "copias" de Jesucristo?

¿Podemos sacar "copias" de Jesucristo?: Tenemos permiso, autorización, y hasta mandato, de sacar cuantas más y mejores copias se puedan. // Autor: Pedro García, Misionero Claretiano

Uno de los fenómenos más comunes entre las personas que se aman es aquel que podríamos llamar mimetismo. O sea, el afán por asemejarse a la persona querida. Se le quiere imitar en todo: en la manera de pensar, de hablar, de expresarse, de actuar. Se tiende a hacer siempre lo mismo que ella.

Este hecho, comprobado tantas veces, tiene una aplicación muy grande en el orden espiritual de la fe.

Desde el momento que nuestra religión se centra en Jesucristo conocido, amado, vivido, todo el afán del cristiano es asemejarse lo más posible a Él. La ilusión más grande es salir una copia perfecta de Nuestro Señor Jesucristo.


De ahí ha nacido la expresión tan cristiana de la Imitación de Cristo, que ha dado incluso el título al libro mejor que ha nacido en el seno de la Iglesia.

Aquellos dos jóvenes artistas eran ciertamente muy ambiciosos, y se hicieron una apuesta: uno debía pintar la Mona Lisa de Vinci y el otro las Meninas de Velázquez, obras cumbres de la pintura universal. Las copias habrían de resultar tan fieles que fuera después imposible distinguirlas de los cuadros originales.

Otro estudiante ya había conseguido eso mismo en literatura: de tal manera imitó a Teresa de Ávila, que los miembros del jurado colegial hubieron de repasar las obras de la gran Doctora, para comprobar que el escrito del discípulo no había sido un plagio.

Esta nota curiosa de los tres muchachos atrevidos, los dos pintores y el literato, se convierte en un signo bello de la principal tarea cristiana.

¿Quién es un cristiano? La respuesta es clara si examinamos el plan de Dios, el cual nos eligió para ser en todo iguales a su Hijo, el Señor Jesucristo. San Pablo es en esto terminante:
- Pues, a los que había previsto, los eligió a ser copias exactas de la imagen que es el tipo, o modelo, su Hijo, Cristo Jesús.

Aquí observamos una diferencia esencial entre el concurso de Dios y los concursos artísticos en la sociedad.

En una exposición de pintura, de fotografía, de escultura..., en un certamen de literatura, de poesía..., en un desfile de modas..., no se admiten imitaciones. Quien es sorprendido en un plagio, no solamente es descalificado, sino acusado y multado por robo a la propiedad intelectual de otro. Las obras deben ser plenamente originales.

Esta es la razón de ser de esos avisos al pie de tantas publicaciones:
- Prohibida la reproducción total o parcial. Cualquier infracción será castigada según la ley.

En el concurso convocado por Dios ocurre todo lo contrario, porque en él no caben las originalidades.

El primer premio del certamen se lo llevará aquel que resulte la copia más fiel de Jesucristo, que es el tipo, la imagen, el modelo propuesto por Dios a toda la Humanidad redimida.

Tanto es así, que cuando Pablo les invita a los primeros cristianos a imitarle en todo lo bueno que hayan visto en su persona pues les dice: imitadme a mí, se encarga muy bien de añadir: como yo imito a Cristo. El prototipo no es Pablo, sino Jesucristo.

En los concursos de Dios, el aviso a los ladrones de copias sería muy diferente. Podría Dios formularlo de esta manera:
- Permiso, autorización, y hasta mandato, de sacar cuantas más y mejores copias se puedan. Grandes premios a las reproducciones más fieles...

Es el caso de los que llamamos Santos por antonomasia, los reconocidos y proclamados tales por la Iglesia, y venerados en los altares.

Son hombres y mujeres como nosotros, pero que fueron unos imitadores perfectos de Jesucristo.

Se puede recordar, por ejemplo, a un San Vicente de Paúl, el cual, ante cualquier cosa que había de hacer, se detenía unos instantes, y se preguntaba:
- ¿Qué haría Cristo aquí y ahora, en mi lugar?

Como es natural, Vicente resultó una copia perfecta del Señor.

Si somos buenos observadores cuando se nos dirige en la Iglesia la Palabra de Dios, habremos notado que la predicación de la Iglesia, notablemente mejorada en comparación de épocas pasadas, se dirige a esto: a presentarnos al Jesucristo del Evangelio como el único modelo a quien imitar.

¿La vida de familia? Como la de Jesús con su Madre y con José.
¿La oración? Como la de Jesús, constante, confiada, ininterrumpida.
¿El trabajo? Como el de Jesús por los campos y en el taller de Nazaret.
¿El trato con los demás, el amor, la comprensión? Como los de Jesús, de una exquisitez, delicadeza y elegancia como del Hombre más perfecto...

Esta tarea tan interesante y tan hermosa es de todos, y no de unos privilegiados.

El día en que nuestro trabajo, nuestra plegaria, nuestra relación con los demás y todo nuestro quehacer en la vida sean como los de Jesucristo y estén animados por sus mismos sentimientos, quedaríamos mejor clasificados como cristianos que los valientes alumnos de Teresa, de Vinci y de Velázquez como literatos o pintores....

Histórico. El estudiante, Daniel Ruiz Bueno, fue después traductor de clásicos en la BAC. - Rom. 8,29. 1Cor. 11,1.


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17 de ene. de 2015

¿Cómo será mi muerte?

¿Cómo será mi muerte?: La muerte, maestra de vida III. Si vives bien, morirás bien; si vives mediocremente, morirás como un mediocre; si vives santamente, no lo dudes, morirás como un santo. // Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net

Comencemos por decir hoy que hay muertes preciosas. Es una muerte maravillosa la de quien puede decir en ese momento: "He cumplido mi misión". Una muerte así es el comienzo de la vida verdadera. Es propiamente entonces cuando se nace. Por eso en el Martirologio, el libro donde se narra la vida de los santos y mártires, no se hace constar el día de su nacimiento, sino el de su muerte, como el verdadero día de su nacimiento, su "dies natalis".

La muerte para los buenos brilla como una estrella de esperanza. Sus frutos son la paz, el descanso, la vida. Con esta paz y serenidad murió Juan XXIII: "¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor!.", decía en su lecho de muerte. Un muchacho decía a la hora de su muerte: "¡Qué bueno ha sido Dios conmigo, por haberme concedido vivir 17 años!"; y moría ofreciendo su vida por sus padres y por los que lo habían formado.


Otro decía: "No sé por qué lloran". Aquel joven moría pidiendo perdón a todos, incluso a su novia, pero la novia tuvo un gesto y unas palabras muy oportunas: "No tengo de qué perdonarte, y te lo digo delante del sacerdote, porque desde que te conocí soy más buena". ¿Lo podrías decir tú de tu novio o de tu novia?

Preguntémonos ahora la cosa más importante: ¿Cómo será mi muerte? He aquí lo importante, no el cuándo sino el cómo voy a morir. Es decir, en qué disposiciones. Aunque no podemos fijar el día, el lugar, la forma externa de morir, sí podemos fijar el cómo. Podemos preverlo: se muere según se vive. Si se vive bien, lo normal es que se muera bien; si se vive mal, lo normal es que se muera mal, si Dios no pone remedio. Si vivo bien, con su ayuda moriré bien; si vivo mediocremente, moriré como un mediocre; si vives santamente, no lo dudes, morirás como un santo.

Si desde hoy te decides a ser un buen hombre, seguro que morirás como un buen hombre, y nunca te arrepentirás; pero, si dejas ese asunto para más adelante, lo dejas para nunca. No se puede improvisar la hora de la muerte. Los dos ladrones que iban a morir, estaban al lado del Redentor, pero sólo uno de los dos compañeros de suplicio de Jesús se convirtió.

Comenta San Agustín: "Hubo un buen ladrón, para que nadie desespere; pero sólo uno, para que nadie presuma y se confíe". Hay que ser lógicos y aprovechar el tiempo. El que pasó, ya pasó, pero el que queda por delante hay que aprovecharlo con avaricia. Si muriera esta noche, ¿estaría preparado?; ¿tendría mis manos llenas, vacías o medio vacías? ¿Estaré preparado el día de mí muerte? Esta es la gran pregunta.

Podríamos terminar estas reflexiones con las palabras de un gran hombre, que todos los días medita sobre la muerte como maestra de vida: "Yo sé que toda la vida humana se gasta y se consume bien o mal, y no hay posible ahorro: los años son esos, y no más. Y la eternidad es lo que sigue a esta vida. Gastarnos por Dios y por amor a nuestros hermanos en Dios es lo razonable y seguro"

Según se vive, así se muere. Si esto es así: de los que viven santamente estamos seguros que morirán santamente. Pero de los que viven en pecado podemos estar seguros que morirán impenitentes

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Para leer la meditación completa:

La muerte, maestra de vida I
La muerte, maestra de vida II



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8 de ene. de 2015

De María siempre hay algo más que decir

De María siempre hay algo más que decir. Las letanías del Rosario. Son alabanzas, piropos de amor, de ternura a María. // Autor: P Mariano de Blas LC

Madre admirable
De María nunca se dirá todo. No se puede. Siempre hay algo más que decir de hermoso, de dulce, de grande. Las letanías son un amable intento de decir todas las grandezas de María, pero se quedan cortas.
Admirable por sus privilegios: gentilezas de Dios para su Flor: Inmaculada es su nombre, lo que la distingue y la hace brillar en la noche del mundo. Admirable por su sencillez: Tan grande y tan chica. Con una mano toca a Dios Omnipotente y con otra a sus niños de la tierra. "He aquí la esclava del Señor". Queremos conocer a la esclava más maravillosa del mundo. Sirve en los atrios del Señor. Nos han contado tantas cosas de su santidad, de su belleza. Dicen que sus manos son las más bellas y que las usa solamente para servir, para hacer el bien... Admirable como el paisaje que se mira y se vuelve a mirar y nunca se quiere dejar de contemplar, porque infunde alegría, ternura, admiración.
Oh Madre admirable, maravillosa...Todos los adjetivos se quedan chicos porque eres demasiado grande, santa y hermosa. Quiero mirarme en tus ojos purísimos, en ese océano de amor y pureza para que, por contagio, algo de Ti se pase a mí: algo de tu pujreza, de tu amor, de tu santidad.
Eres un paisaje que han admirado millones de seres antes que nosotros, y detrás de nosotros seguirán admirándote sin cansarse jamás. ¿¡Qué tienes, criatura celestial, que todos se enamoran de Tú...?


Madre del buen consejo
Gentil Pastora que sabe guiar a la vida eterna y a la vida digna de vivirse. "El Señor es mi Pastor".También quiero decir : María es mi pastora. Maestra insuperable: Dichosos los alumnos de tu escuela, María. Consejera única, porque le asiste el Espíritu Santo en persona.
Yo necesito tu maravilloso consejo para los mil asuntos que ignoro. Yo tengo los problemas y Tú tienes las soluciones. Guíame a la vida eterna, mi destino final, aquello por lo que existo y para lo que fui creado.
Dame algo de tu sabiduría para resolver amablemente las dificultades de miles de hermanos míos que sufren, que lloran y no saben para qué sirve el vivir. Enséñame cuál es el sentido del vivir, de sufrir, de morir. Ayúdame a amar mucho esta vida, pero infinitamente más la otra.
Aconseja al Jesús de la tierra, al Vicario de tu Hijo, a los obispos, sacerdotes...Enséñanos a discernir los engaños del Padre de la Mentira de las luces del Espíritu Santo. Madre del buen consejo, te necesitamos tanto en un mundo lleno de confusión y de sombras...


Madre del Creador
El Creador quiso ser creado en su naturaleza humana y por eso requirió de una madre. Eres madre del Creador por eso, porque le diste la naturaleza humana, un cuerpo de hombre. Madre del que creó el mundo. Por un lado criatura y por otra creadora de la vida humana del Creador. Tú tuviste entre tus brazos y alimentaste al Creador niño. Lo acunaste, le enseñaste a caminar, a hablar, a rezar, a vivir como hombre. Y te obedeció durante treinta años.
Engendradora del Camino, la Verdad y la Vida. Cuánto nos diste a nosotros al darla la vida a Él. Porque hiciste hermano nuestro al Dios, nuestro Salvador. Y Él, a su vez, te convirtió en Madre nuestra también. Y todo por amor de Dios a Ti y a nosotros. Estableciste un parentesco inusitado: Hija del Padre, Madre del Hijo, Esposa del Espíritu Santo, Madre nuestra.


Madre del Salvador
Como el Creador de mundos se hizo Salvador del Hombre, Tú adquiriste un nuevo título y parentesco: Madre del Salvador. Cuando otra mujer escuchó a tu Hijo Salvador pensó amorosamente en Ti. "Bendito el seno que te llevó y los pechos que te criaron". Te llamó bendita. Te llamamos bendita porque eres la fuente de la fuente de aguas vivas y eres la Madre de la salvación que se llama Jesús. Al dar las gracias a Cristo, volvemos la mirada a quien fue su Madre.
El Salvador debía morir en una cruz< y en una montaña. En esa montaña estuviste Tú. No podías faltar. Allí fuiste nombrada solemnemente madre de todos los salvados. Tu maternidad es inmensa; tus hijos incontables. No sólo fuiste madre del Redentor, sino Corredentora, compañera de martirio como nueva Eva junto al nuevo Adán. Jesús ha salvado al hombre con tu ayuda, con tu sufrimiento. Colaboraste en la salvación de tus hermanos, antes de ser Madre de todos ellos. Virgen prudentísima Hablas cuando se requiere y callas cuando debes callar. No hablaste cuando José, ignorante del milagro que crecía en Ti, sufría sin saber. A los doce años de Jesús le preguntaste por qué. Pero cuando Él te respondió con otro por qué, callaste, aunque no tenías la respuesta. Conservabas todas aquellas palabras y misterios en tu corazón. Pero en Caná hablaste, insististe, porque era necesario el milagro. No sólo conseguiste el mejor vino del mundo, para alegría de los comensales, sino que hiciste crecer la fe de los apóstoles. Yo suelo hablar cuando debo y también cuando no debo. Y callo, por cobardía, muchas veces que debida hablar. ;e sobra cobardía y me falta prudencia. Virgen prudente, me inscribo en tu escuela para aprender esta difícil virtud. Te apareces a gente sencilla y humilde, porque no quieres inquietar a los poderosos Eso es también prudencia, Sigues siendo en el cielo la Niña eterna que aquí fuiste..En los primeros siglos de la Iglesia dejaste actuar a Pedro y a los Apóstoles, y Tú actúas y ayudas desde la segunda fila. No quieres ser protagonista. Virgen digna de veneración, de alabanza He visto cientos de fervorosas procesiones de la Virgen, altares adornados con millares de flores, las flores más bellas, desde niño. En el calendario abundan las fiestas dedicadas a María, comenzando por la del primero de enero, María Madre de Dios, Esta fiesta invita a colocar el nuevo año en sui corazón. Un mes primaveral, Mayo, se le dedica entero a la Virgen María. ¿Quién no ha llevado flores a la Virgen en el mes de Mayo? Tanto derroche de flores, ¿por qué? La flor es en sí hermosa, pero además es portadora de cariño, de ternura. En los altares de María hay infinidad de bellas flores, porque es mucho el amor de sus hijos. Y las advocaciones tratan de obligar a María a quedarse en una región, a emparentar con un pueblo. Y así, la Virgen del Carmen, del Perpetuo Socorro, La Virgen de Guadalupe, Fátima, Lourdes... Así, la Madre de todos se convierte especialmente en Madre de los habitantes de un pueblo, añadiéndole su título particular. El amor también canta. No podían faltar las hermosas canciones a la Virgen, que, si las juntáramos, serían miles y miles. Lo mejor dela cariño se muestra cantando. Millones de cristianos cantan a diario a su Madre del cielo. El que nunca te lleve una flor o te entone una canción, no sabe nada del amor...

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5 de ene. de 2015

400 respuestas a preguntas sobre la doctrina católica (28)

400 respuestas del P. Loring presentadas en breves publicaciones semanales. (Preguntas 224-232) // Autor: P. Jorge Loring S.J. | Fuente: Catholic.net // Editorial Spiritus Media

224. PROBABILISMO

No sé si soy escrupuloso o delicado de conciencia. A veces no sé qué hacer, y me preocupa obrar con duda. Me gustaría estar seguro de que obro rectamente. ¿Qué me aconseja?

Tu problema se resuelve con la doctrina del probabilismo. Es verdad que no se debe obrar con duda, pero se puede salir de la duda sabiendo que ley dudosa no obliga. Si yo estoy en la duda de que mi caso esté comprendido en la ley, puedo estar seguro de que esa ley no me obliga.

Pero esta doctrina del probabilismo no se puede aplicar cuando de mi actuación se sigue daño para otro. Por ejemplo, si yo dudo de si lo que hay detrás de las matas es un jabalí o una persona, no puedo disparar sin salir antes de la duda.

El probabilismo se aplica cuando de mi actuación no se sigue daño para nadie.

Por ejemplo, si yo dudo si hoy es fiesta de precepto o no, estoy seguro de que no tengo obligación de la Misa.

Naturalmente que para que el probabilismo se aplique correctamente se supone que se trata de una duda razonable, y que no es fácil salir de ella.

Espero haberte iluminado para que obres con tranquilidad de conciencia.

225. PECADO CONTRA EL ESPÍRITU SANTO


¿Por qué el pecado contra el Espíritu Santo no se perdona?

Dios perdona siempre que se le pide perdón. Pero el pecado contra el Espíritu Santo es rechazar el perdón de Dios. Y, naturalmente, Dios no puede perdonar al que le rechaza. El que no quiere arrepentirse no puede obtener el perdón de Dios.

226. VALOR DE LA CONCIENCIA

Para algunos curas todo es pecado. A mí no me convencen. Yo creo que si hago lo que pienso que no es pecado, no peco; pues lo importante es seguir la conciencia.

No creo que haya ningún sacerdote que te diga que es pecado lo que no lo es. Los sacerdotes estamos para ayudar a los demás a salvarse, no a condenarse.

Él, que ha estudiado Moral, está capacitado para estudiar las circunstancias de tu caso y ver si hay pecado o no.

Es verdad que la conciencia es la norma de nuestra vida. Pero todos tenemos obligación de tener una conciencia bien formada. Una conciencia mal formada culpablemente, no justifica.

227. HORÓSCOPOS

Cuando salió el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica yo oí por televisión que allí decía que leer los horóscopos es pecado. A mí me gusta leerlos por curiosidad. ¿Hago mal con esto?

Leer los horóscopos no es pecado. El Catecismo no dice eso. Leer los horóscopos es una tontería, pues son pura invención de los que los hacen. El pecado estaría en creerlos firmemente, pues sería superstición. Pero no creo que nadie los tome en serio.

No es lo mismo Astronomía que Astrología. La Astronomía es ciencia; la Astrología, en la que se basan los horóscopos, cuento. Así opinan Shawn Carlson, Físico de los Laboratorios Lawrence Berkeley (California) y Andrew Fraknoi, responsable de la Sociedad Astronómica del Pacífico [1].

Recientemente doscientos cincuenta y ocho científicos del mundo entero han firmado un manifiesto a la prensa para desengañar al pueblo crédulo que se fía de la Astrología, debido a la propaganda que hacen de ella los medios de comunicación. Entre otras cosas, en este manifiesto se dice lo siguiente:

"Es simplemente un error imaginar que las fuerzas ejercidas por las estrellas y los planetas en el momento del nacimiento, pueden, de alguna forma, determinar nuestro futuro. Tampoco es verdad que la posición de los objetos celestes hagan que ciertos días o períodos de tiempo sean más favorables para emprender algún tipo de actividad, o que el signo bajo el que uno ha nacido determine la compatibilidad de su relación con otras personas. Creemos llegado el momento de rechazar vigorosamente las afirmaciones pretensiosas de los astrólogos charlatanes. Quienes continúan teniendo fe en la astrología lo hacen a pesar de que no hay ninguna base científica para sus creencias, y sí una fuerte evidencia de lo contrario" [2].

La prueba de que los astros no determinan el futuro de las personas se confirma por el hecho de que dos hermanos gemelos, que nacieron con la misma estrella, uno tiene una muerte trágica de niño, y el otro tiene una vida larga, próspera y feliz. El profesor Stanley L. Jaki de la Universidad de Seton Hall de New Jersey (EE.UU.) manifestó que la astrología carece de fundamento científico [3].

Creer en los horóscopos es pura superstición. Lo que ocurre es que cuando disminuye la fe en Dios aumenta la credulidad en las supersticiones.

Lo mismo podríamos decir de los futurólogos. En agosto de 1999 todos los medios de comunicación se hicieron eco de la profecía de Nostradamus, según la cual el fin del mundo sería el próximo día 11. La profecía fue un fracaso. Por eso hoy seguimos vivos. Doce personas se suicidaron por miedo a lo que iba a pasar el 11 de agosto [4].

Para esa misma fecha otros anunciaron una catástrofe en París, hasta el punto de que el célebre diseñador Rabanne clausuró sus tiendas en París [5]. Tampoco pasó nada catastrófico.

Es curioso que ningún futurólogo avisó del tremendo acto terrorista del 11 de septiembre del año 2001 contra las Torres Gemelas de Nueva York, en el que murieron tres mil personas. No lo dijeron porque no lo sabían. Si lo hubieran sabido, lo hubieran dicho; y además de hacerse famosos, hubieran evitado una catástrofe.

228. LA BULA

Tengo un compañero de trabajo que siempre está atacando a la Iglesia. El otro día me dijo que la Iglesia les perdonaba sus pecados a quienes compraban la Bula. ¿Es esto cierto?

Muchos ataques a la Iglesia provienen de una mala información de las cosas. Tu amigo no está bien informado de lo que era la Bula. Te lo voy a explicar.

Cuando los musulmanes conquistaron Palestina martirizaban a los cristianos que peregrinaban a Tierra Santa. Entonces el Papa organizó una Cruzada para liberar los Santos Lugares, y que los cristianos pudieran peregrinar allí sin peligro de sus vidas. Para animar a los hombres a participar concedió a los cruzados una serie de indulgencias. Más tarde concedió también estas indulgencias a los que colaboraban económicamente a las Cruzadas, aunque no fueran a Tierra Santa. Cuando acabaron las Cruzadas la Iglesia mantuvo estas indulgencias a los que compraban la Bula para ayudar a mantener sus Obras de Beneficencia.

Hoy la Bula ha desaparecido. Como ves la verdad se parece muy poco a lo que dice tu amigo.

PRIMERO: AMARÁS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

229. CÓMO AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

Siempre que me confieso empiezo acusándome del primer mandamiento, pues me parece que no amo a Dios sobre todas las cosas. Pero me parece que eso ya es rutina. ¿Qué le parece?

No es necesario lo que hace. Creo que no tiene usted clara la idea de lo que es "amar a Dios sobre todas las cosas". No se trata de un amor sensible, como el que tiene usted a sus hijos. Se trata de amor estimativo, es decir, valorar a Dios más que a todo lo demás. Tenerle en aprecio supremo. Por ejemplo: Si su hija pinta un cuadro, usted tiene a ese cuadro más cariño que a un cuadro del Museo del Prado de Madrid, pero usted valora más el cuadro del Museo del Prado.


230. AL OÍR BLASFEMIASHola Padre. En mi viaje a Italia, con parada en España, denoto la existencia de un anti-catolicismo visceral. Mi pregunta es: ¿es recomendable rezar en silencio en el avión con colaboración de imágenes de Jesús y María, tomando en cuenta que no es difícil que lo noten como discriminación? ¿Está bien reaccionar con santa ira ante una blasfemia hecha por el prójimo? ¿Peco si peleo o golpeo como consecuencia de reaccionar con justa indignación ante blasfemias del prójimo? Esto último lo pregunto porque el sólo imaginar que blasfeman de las imágenes que tengo o algo semejante, sea en el aeropuerto de Barajas, Madrid, o sea viajando a Italia, me hace hervir la sangre. Le agradezco de antemano por su ayuda y respuestas.

Haces muy bien en rezar en el avión, pero hazlo en voz baja, aunque puedes sacar imágenes para tenerlas delante. Si oyes una blasfemia, dices en voz alta: "Bendito sea Dios", pero sin agredir físicamente, a no ser que el otro dé motivo.

TERCERO: SANTIFICARÁS LAS FIESTAS

231. LA FIESTA DEL DOMINGO

Si la Biblia dice que el día de fiesta es el sábado, ¿por qué los católicos lo celebran el domingo?

Se cambió al domingo en recuerdo del día en que resucitó el Señor. Esto se hizo en los tiempos apostólicos, como se ve en los Hechos de los Apóstoles (20:7) y en la Primera Carta a los Corintios (16:2) de San Pablo.

232. VALOR DE LA MISA

Mis hijos, de pequeños, venían a Misa conmigo. Pero ya son mayorcitos y han dejado de ir a Misa. Dicen que se aburren, que la Misa no les dice nada. ¿Qué puedo hacer?

Esa frase de sus hijos seguramente se la han oído a los amigos, pues la dicen con frecuencia los jóvenes. Yo les suelo decir que eso se debe a su ignorancia religiosa. También un ignorante en cultura pasa de largo en un museo delante de las obras de arte, porque a él no le dicen nada.

Hay quienes dicen que no van a Misa porque no sienten nada. Están en un error. "Las personas no somos animales sentimentales, sino racionales" [6]. El cristianismo no es cuestión de emociones, sino de valores. Los valores están por encima de las emociones y prescinden de ellas. Una madre prescinde de si tiene o no ganas de cuidar a su hijo, pues su hijo es para ella un valor. Quien sabe lo que vale una Misa, prescinde de si tiene ganas o no. Procura no perder ninguna, y va de buena voluntad.

Para que la Misa te sirva basta con que asistas voluntariamente, aunque a veces no tengas ganas de ir. La voluntad no coincide siempre con el tener ganas. Tú vas al dentista voluntariamente, porque comprendes que tienes que ir; pero puede que no tengas ningunas ganas de ir.

Algunos dicen que no van a Misa porque para ellos eso no tiene sentido. ¿Cómo va a tener sentido si tienen una lamentable ignorancia religiosa? A nadie puede convencerle lo que no conoce. A quien carece de cultura, tampoco le dice nada un museo. Pero una joya no pierde valor porque haya personas que no saben apreciarla. Hay que saber descubrir el valor que tienen las cosas para poder apreciarlas.

Otros dicen que no van a Misa porque no les apetece, y para ir de mala gana, es preferible no ir. Si la Misa fuera una diversión, sería lógico ir sólo cuando apetece. Pero las cosas obligatorias hay que hacerlas con ganas y sin ganas.

No todo el mundo va a clase o al trabajo porque le apetece. A veces hay que ir sin ganas, porque tenemos obligación de ir. Que uno fume o deje de fumar, según las ganas que tenga, pase. Pero el ir a trabajar no puede depender de tener o no ganas. Lo mismo pasa con la Misa. Ojalá vayas a Misa de buena gana, porque comprendes que es maravilloso poder mostrar a Dios que le queremos, y participar del acto más sublime de la humanidad como es el sacrificio de Cristo por el cual redime al mundo.

Otros se excusan diciendo que el sacerdote predica muy mal. Pero a misa vamos a adorar a Dios, no a oír piezas oratorias.

A propósito de esto dice con gracia el P. Martín Descalzo: "Dejar la misa porque el sacerdote predica mal es como no querer tomar el autobús porque el conductor es antipático" [7].

Pero además, la asistencia a la Misa dominical es obligatoria, pues es el acto de culto público oficial que la Iglesia ofrece a Dios. La Misa es un acto colectivo de culto a Dios. Todos tenemos obligación de dar culto a Dios. Y no basta el culto individual que cada cual puede darle particularmente. Todos formamos parte de una comunidad, de una colectividad, del Pueblo de Dios, y tenemos obligación de participar en el culto colectivo a Dios [8]. No basta el culto privado [9].

El acto oficial de la Iglesia para dar culto a Dios colectivamente, es la Santa Misa. El cumplimiento de las obligaciones no se limita a cuando se tienen ganas. Lo sensato es poner buena voluntad en hacer lo que se debe.

El cristianismo es una vida, no un mero culto externo. El culto a Dios es necesario, pero no basta para ser buen cristiano. La asistencia a Misa es sobre todo un acto de amor de un hijo que va a visitar a su Padre: por eso el motivo de la asistencia a Misa debe ser el amor [10].

Muchos cristianos no caen en la cuenta del valor incomparable de la Santa Misa. Le oí decir a un sacerdote, que hablaba del valor de la Misa, que si a él le ofrecieran un millón de pesetas para que un día no celebrara la Santa Misa, él, sin dudarlo, dejaría el millón, no la Misa. Al oír esto pensé que yo también haría lo mismo. Unos días después al decir yo esto en unas conferencias que estaba dando en Écija, el millón me pareció poco, y dije: diez, cincuenta, cien, mil millones, ni por todo el oro del mundo dejaría yo de decir una sola Misa.

Repartiendo mil millones de pesetas yo podría hacer mucho bien: pues ayudo más a la humanidad diciendo una Misa; pues los mil millones de pesetas tienen un valor finito, y la Santa Misa es de valor infinito.

"Una sola Misa glorifica más a Dios que lo que le glorifican en el Cielo por toda la eternidad todos los ángeles y santos juntos, incluyendo a la Santísima Virgen María, Madre de Dios"1. La razón es que la Virgen y los Santos son criaturas limitadas, en cambio la Misa, como es el Sacrificio de Cristo-Dios, es de valor infinito.
__________________________________

NOTAS

[1] Diario YA del 22-VI-88, pg. 23.
[2] ANDRÉS BRITO: Ciencia "versus" Astrología. La Gaceta de Canarias, 9-IX-90, pg. 39.
[3] Diario YA del 3-I -92, pg. 23.
[4] DIARIO DE CADIZ del 12-VIII-99, pg. 9.
[5] Diario ABC de Madrid del 19-V-99, pg. 96.
[6] JESÚS MARTÍNEZ GARCÍA: Hablemos de la Fe, IV, 1. Ed. Rialp. Madrid. 1992.
[7] JOSÉ LUIS MARTÍN DESCALZO: Yo amo a la Iglesia, I, 16. Ed. EDIBESA. Madrid. 1996.
[8] CALVO DE LAS FUENTES: 39 Cuestiones doctrinales, III, 2. Ed. Palabra. Madrid. 1990.
[9] Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2105.
[10] BERNHARD HÄRING: SHALOM: Paz, XIII, 3. Ed. Herder. Barcelona. 1998.

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2 de ene. de 2015

Cuando sufres y no entiendes nada

Cuando sufres y no entiendes nada. Es simplemente incomprensible, pero Él te ayudará a recuperar la paz y a experimentar con más fuerza aún su paternidad. // Autor: P. Evaristo Sada LC | Fuente: la-oracion.com

¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Cómo lo permite Dios? ¿Qué hice para merecer este castigo? ¿Qué será de mi futuro?

Son preguntas hirientes que brotan con frecuencia en medio del sufrimiento.

Con el salmista (Sal 30) gritamos:

Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis ojos,
mi garganta y mis entrañas.


Le damos vueltas con la cabeza y no entendemos nada. Es simplemente incomprensible. Toda la sensibilidad se retuerce y a veces se rebela. No es para menos. "No lo entiendo, Señor, no tiene ningún sentido, no me entra en la cabeza."

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
Tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve.


Las cosas no me cuadran


Lo que estás viviendo te parece que no encaja con el concepto del Dios bueno y justo del que has oído hablar tantas veces. Viene la tentación de la desesperanza y hasta la fe se ve amenazada.

Pero apenas puedes levantar la mirada, ves el universo: su belleza, el orden, la perfección, el detalle, la grandeza, la abundancia... y no es difícil concluir que lo hizo y lo conserva un Padre bueno que vela por sus hijos.

Ves tu vida: el mero hecho de existir cuando podrías no haber sido, tu capacidad de amar, tu familia, tu bautismo, tu educación, tus amigos... y tantas cosas buenas y bellas de tu persona y de tu historia. Aunque no es que todo sea perfecto, su belleza y gratuidad desvelan el rostro amable de un Dios que cobija a sus criaturas.

La Providencia Divina

Esa es la Providencia. No se puede probar con argumentos, hay que experimentarla. A veces se nubla u oscurece, más cuando se está en medio de la batalla; son momentos, sucesos o circunstancias particulares, pero cuando se ve en perspectiva todo adquiere sentido. Y a veces se requieren décadas para tener suficiente perspectiva. Es como estar perdido en medio de un laberinto y luego ser capaz de verlo desde lo alto y encontrarle sentido.

La historia de José, hijo de Jacob, es elocuente: pasó una historia de odio, envidia, mentira, ingratitud, sensualidad... para que llegara a cumplirse el designio de Dios sobre su pueblo. Vale la pena recordarlo. Sus hermanos primero se burlaron de él, después le odiaron y le rechazaron, planearon su muerte, por fin lo arrojaron a un pozo, lo vendieron como esclavo a los primeros extranjeros, unos egipcios, que pasaron por ahí e informaron a su padre que había muerto. La esposa del faraón lo tentó, luego mintió y lo acusó injustamente. José acabó en la cárcel del faraón. ¿Podría haber imaginado lo que iba a suceder después? El caso es que Dios le concedió el cargo administrativo más alto en el reino; tuvo la oportunidad de perdonar a sus hermanos, de volver a abrazar a su padre, de ofrecer a su familia y a las familias de todos sus hermanos una nueva tierra, un nuevo pueblo, una nación donde salvar sus vidas en un momento de tremenda hambre y carestía. El pueblo de Israel creció y se consolidó en Egipto.

Incendios que dan vida

Hace unos meses me invitaron a dar un taller de oración en Calgary. Tuvimos el curso en un lugar montañoso con zonas inmensas de bosque. Mientras iba por carretera pasamos por un bosque amplísimo que se había incendiado, sólo se veían troncos caídos y cenizas. Mi reacción natural fue decir: "¡Qué desastre!" Poco después apareció un gran cartel que decía: "Incendios que dan vida". El fuego forma parte del sistema de regeneración de un bosque. Cantidad de semillas permanecen encerradas en las piñas hasta que el calor de un incendio las libera. Las cenizas fertilizan el campo. Gracias a incendios de hace 30 años tenemos ahora bosques espléndidos.

Es necesario ver el conjunto en perspectiva. La oración es el mirador

Cuando el sufrimiento y el misterio se hacen presentes en la propia vida, tenemos en las manos un momento privilegiado para hacer oración. No necesariamente se encuentran respuestas; más aún, rara vez se encuentran explicaciones lógicas a lo que sucede, pero es tiempo fecundo para crecer en el conocimiento personal, para reconocer los propios límites, dejarse interpelar por Dios que nos llama a la conversión y anclar la vida en una confianza inquebrantable en la providencia de Dios.

La historia es como un río que lleva su curso; en el camino encuentra tropiezos y remolinos, pero sigue su curso. Y el Plan de Dios se cumplirá. "En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo." (Jn 16,33)

"Yo confío en ti, Señor,
te digo: -tú eres mi Dios-.
En tus manos están mis azares (...);
qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen".

Cuando Dios permite que suframos sus hijos, nos ofrece una oportunidad de purificación y, sobre todo, de alguna manera nos dice: "No busques más razones, me tienes a mí como respuesta".

"Yo decía en mi ansiedad:
"me has arrojado de tu vista";
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba".

Tu oración la escucha el mismo Dios que vio en la cruz a su único Hijo, Jesucristo: el crucificado que redimió a la humanidad.

La presencia infalible de Dios Padre y el ejemplo silencioso de Cristo crucificado se manifiestan a la hora de la prueba como una nueva epifanía del amor personal de Dios en tu vida. No hay manera de demostrarlo, pero quizá es una experiencia que habrás vivido más de alguna vez. Cuando abres la puerta de la fe, Él te ayuda a encajar el golpe, a recuperar la paz y a experimentar con más fuerza aún su paternidad.

Piénsalo un poco. En tu propio sufrimiento, al cabo de los años, ¿has experimentado de alguna manera la mano Providente de Dios? Si no es así, convérsalo con Él.

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29 de dic. de 2014

400 respuestas a preguntas sobre la doctrina católica (27)

Un homenaje a la memoria de un firme apologista, sus 400 respuestas a preguntas que usted puede hacerse sobre la doctrina católica, presentado en breves publicaciones semanales. (Preguntas 213-223) // Autor: P. Jorge Loring S.J. | Fuente: Catholic.net // Editorial Spiritus Media

213. ¿CULPABLES LOS DESCENDIENTES?

Reverendo Padre: Dice el Éxodo (20,5 y 34,7) que los descendientes del pecador serán castigados hasta la tercera generación. ¿Cómo se entiende eso?

La palabra "castigo" no es adecuada, porque nadie puede ser castigado de lo que es inocente. Una buena traducción sería ésta: "los hijos cargan con las consecuencias de los pecados de sus padres". Esto es correcto. Así ocurre con los hijos arruinados porque su padre es ludópata, y con los hijos que heredan una enfermedad venérea.

214. PECADO OLVIDADO

Hola Padre: Tengo una pregunta. Si he olvidado involuntariamente confesar un pecado al sacerdote y me acuerdo de esto varios días después (habiendo ya comulgado varias veces antes de acordarme) sé que debo confesarlo en la próxima oportunidad que tenga de hacerlo, pero mi pregunta es: ¿Puedo seguir comulgando en lo que me confieso de nuevo, tomando en cuenta que no tengo la oportunidad de confesarme antes de la Misa pues no hay sacerdote disponible para hacerlo, y además, tomando en cuenta que estoy totalmente arrepentido de este pecado y que ahora me esfuerzo por llevar una vida más santa cada día? Gracias por su guía espiritual.

Puedes seguir comulgando y lo dices cuando puedas confesarte.

215. "PECADO OLVIDADO, PECADO PERDONADO"


Reverendo Padre: He leído un fragmento por internet de su obra Para Salvarte. En ella dice que si alguien calla intencionadamente un pecado mortal en la confesión, no se le perdonan los otros pecados mortales que sí confesó, pero que si por olvido no lo hizo, el pecado le queda perdonado porque "pecado olvidado, pecado perdonado". Ahora bien, si después se recuerdan ¿se tienen que confesar esos pecados mortales olvidados?

Sobre esto tengo unas cuantas dudas: Si por nervios se olvidan uno o varios pecados mortales ¿también le son perdonados o tiene que confesarlos al recordarlos? ¿Y tiene que volver a confesar los que no olvidó? ¿Hay que ir al mismo confesor donde sí se confesaron unos y se olvidaron otros?

El texto de Para Salvarte es correcto. Sólo tienes que decir en la próxima confesión los olvidados, y puede ser con otro sacerdote, sin aludir para nada a los ya confesados.

216. PECADOS VENIALES

Hola Padre. Quisiera saber si es cierto que si uno comete pecados veniales va al purgatorio, y si es cierto, ¿por qué en el Catecismo de la Iglesia Católica, en la parte donde explican el pecado, dice un santo que mientras vivamos en este cuerpo cometeremos pecados veniales? O sea, que todos sin excepción ¿iremos al purgatorio? No entiendo. Explíqueme por favor.

Los pecados veniales deliberados podemos evitarlos, pero todos cometemos pecados veniales semi-deliberados: un brote de mal genio, un momento de pereza, una palabra inoportuna, etc. A estos pecados se refiere el santo. No todos pasamos por el purgatorio: los mártires van directos al Cielo.

217. PECAR EN ALZHEIMER

Estimado Padre Jorge: Me ha surgido una duda que me gustaría que me resolvieras. Una persona que padeciera Alzheimer o algún tipo de demencia, ¿podría confesarse?

En caso negativo, si pecara en ese estado, ¿ya no podría salvarse? Lo digo porque una de las cosas que temo es que me olvide de mi Señor, aunque soy consciente de que todavía confío en que me quede bastante tiempo, claro, pero aun así, me gustaría saberlo. Gracias por adelantado.

Haces muy bien en consultar tus dudas, que para eso estoy yo. Nadie es culpable de lo que olvida. Por eso "pecado olvidado, pecado perdonado". Cada uno sólo está obligado a confesarse de lo que recuerda. Y nadie peca en estado inconsciente.

218. LAS BUENAS OBRAS

Buenas tardes Padre Loring: Esperando que se encuentre muy bien, le escribo para hacerle la siguiente consulta: Conozco algunos protestantes que manifiestan que Cristo ya nos ha salvado y por lo tanto los pecados que pueda cometer una persona hoy en día no deben tomarse tan a pecho. Yo entiendo que esto es algo así como justificar el pecado poniendo como excusa a Cristo. El sacrificio que llevó a cabo Nuestro Señor por todos nosotros ¿de qué nos salvó exactamente? Muchas gracias por su explicación.

Tienes toda la razón. La expresión de "Cristo nos ha salvado" es ambigua. No significa que podemos pecar libremente. Significa que Cristo nos ha abierto las puertas del Cielo, pero tenemos que entrar por ellas haciendo buenas obras. El Evangelio lo dice claramente: "Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos".

219. BUENAS OBRAS EN PECADO MORTAL

¿Qué pasa con los que hacen obras de caridad que están en pecado mortal? Agradeceré sus comentarios Padre, Dios lo bendiga.

Quien está en pecado mortal, no puede merecer nada. Pero las obras buenas que hace le preparan a su conversión.

220. PECADOR DESESPERADO

Estoy desesperado. Continuamente caigo en el pecado de lujuria. Creo que no tengo solución. Tengo miedo de condenarme, pues no logro dominarme. No sé qué hacer.

No te desesperes. Puedes cambiar. Pecadores peores que tú llegaron a santos.

Lo que tienes que hacer es dominarte, como nos dominamos todos. Nadie puede hacer todo lo que le gusta. Pídele a Dios que te dé fuerza de voluntad. También debes evitar las ocasiones. Búscate un sacerdote amable que te ayude a hacer una buena confesión y a regenerarte.

221. RECAÍDAS EN EL PECADO

Siempre me confieso de lo mismo. A veces pienso en dejar la confesión, pues es inútil. Incluso me da vergüenza ir siempre con el mismo rollo.

La confesión nunca es inútil. Y el sacerdote nunca se cansa de oír lo mismo, pues es comprensivo. Por muchas veces que se tropiece, siempre hay que volver a levantarse. Después de cada caída confiésate enseguida y comulga, pues la comunión fortalece tu voluntad. Y no dudes de que con la ayuda de Dios se pueden vencer todas las tentaciones.

222. TENTACIONES

Soy una persona de comunión frecuente. Colaboro en la parroquia, y procuro llevar una vida cristiana. Pero tengo muchas tentaciones. A veces dudo si debo comulgar por si he consentido. Pero mi deseo es no ofender a Dios.

Te felicito por tu entrega a Dios. Y no me extraña que precisamente por eso el diablo te tienta más. Decía un autor espiritual que el diablo, con la gente empecatada está con los brazos cruzados. Pero con los que quieren practicar la virtud, trabaja desesperadamente. Pero tenemos la seguridad de vencerle. Si tenemos a Dios con nosotros, él no puede vencernos.

Dijo San Agustín que el diablo es un perro atado. Sólo muerde al que se le acerca. Mientras no haya consentimiento, no hay pecado.

223. ESCRÚPULOS

Vivo atormentado. Creo que peco sin querer. A veces me despierto inquieto después de un sueño deshonesto. Me dicen que no me preocupe, pero yo no puedo evitarlo. Viendo la televisión frecuentemente me pongo nervioso.

Navegando por Internet me he tropezado con usted y he pensado pedirle ayuda. Por favor, contésteme.

Te agradezco la confianza que me muestras. Por lo que me dices creo que eres una persona escrupulosa. Esto es difícil de superar, pero no imposible, con la ayuda de Dios. La solución está en que te fíes más de lo que te dice el sacerdote que de lo que tú sientas. Ten en cuenta que el sacerdote es una persona preparada para estos temas, y además imparcial. Si él ve que eres culpable, te pide arrepentimiento y te perdona. Pero si él ve que son escrúpulos irresponsables, no los quiere fomentar.

Para que haya pecado es necesario querer lo que está mal. Lo que pasa sin querer nunca es pecado: por eso no son pecado las poluciones durante el sueño.

Ciertamente que la televisión pone escenas inconvenientes. La solución es que al verlas, por dentro, las censuremos. Así se evita el consentimiento. Hay que verlas como se ve una farola de la calle.

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27 de dic. de 2014

No le tengas miedo a Dios

¡No le tengas miedo a Dios!. Nos asegura que nuestra vida es preciosa y que ni un pelo de nuestra cabeza se nos caerá sin su permiso. // Autor: P. José Luis Richard | Fuente: Catholic.net

Cristo aparece en el Evangelio como el gran exorcista del miedo. Se hace hombre para librarnos de él. Nos enseña con el ejemplo de su vida, luminosa y sin angustias. Nos asegura que nuestra vida es preciosa a los ojos del Padre y que ni un pelo de nuestra cabeza se nos caerá sin su permiso. ¿De qué tener miedo, entonces? ¿Del mundo? El lo ha vencido (Jn 16, 23). ¿A quiénes temer? ¿A los que matan, hieren, injurian o roban? Tranquilos: no tienen poder para más; al alma ningún daño le hacen (Mt 10, 28). ¿Al demonio? Cristo nos ha hecho fuertes para resistirle (1 Pe 5, 8) ¿Quizás al lujurioso o al déspota latente en cada uno de nosotros? Contamos con la fuerza de la gracia de Cristo, directamente proporcional a nuestra miseria (2 Cor 12, 10).

En el pasaje en el que camina sobre agua, Cristo avanza un paso más: tampoco debemos tenerle miedo a Dios.


Jesús se acercó caminando sobre las aguas a la barca de los discípulos. ¿Para darles un susto o con la intención de asombrarles? No. Se proponía solamente manifestarles su poder, la fuerza sobrenatural del Maestro al que estaban siguiendo.

Pero su milagro, en vez de suscitar una confianza ciega en el poderoso amigo, provoca los gritos de los aterrados apóstoles. Es un fantasma -decían temblando y corriendo seguramente al extremo de la barca-.

San Pedro es el único que domina su papel. Escucha la voz de Cristo: Soy yo, no temáis, comprende y aprovecha para proponerle un reto inaudito: caminar él también sobre las aguas. Y de lejos, traída por el fuerte viento, le llega claramente la inesperada respuesta: Ven.

Muy similar a aquella que todos los cristianos escuchamos en algunos momentos de nuestra vida. Después de haber conocido un poco a Cristo -aun entre brumas-, comenzamos a seguirle y, de repente, recibimos boquiabiertos la invitación de Cristo: Ven.

Ven: sé consecuente, sé fiel a esa fe que profesas.
Ven: el mundo está esperando tu testimonio de profesional cristiano.
Ven: tu hermano necesita tu ayuda, tu tiempo... tu dinero.
Ven: tus conocidos desean, aunque no te lo pidan, que les des razón de tu fe, de tu alegría.

Y la petición de Cristo sobrepasa, como en el caso de Pedro, nuestra capacidad. No vemos claramente la figura de Cristo. O dirigimos la mirada hacia otro sitio. El viento sopla. Las dificultades se agigantan... y estamos a punto de hundirnos o de regresar a la barca. Sentimos miedo de Cristo.

¡Miedo de Cristo! Sin atrevernos a confesarlo abiertamente, ¿cuántas veces no lo hemos sentido?

¡Miedo de Cristo! Esa sensación de quererse entregar pero sin abandonarse por temor al futuro...
¡Miedo de Cristo! Ese temor a afrontar con generosidad mi pequeña cruz de cada día.
¡Miedo de Cristo! Esa fuente de desazón y de intranquilidad porque, claro, el tiempo pasa, y ni realizo los planes de Dios ni llevo a cabo los míos.

¿Cómo se explica ese miedo de Dios? ¿Dónde puede estar nuestra vida y nuestro futuro más seguros que en sus manos? ¿Es que la Bondad anda maquinándonos el mal cuando nos pide algo? ¿Es que Él no es un Padre? ¿Por qué, entonces, le tememos? ¿De dónde proviene ese miedo?

Sólo hay una respuesta: de nosotros mismos. El miedo no es a Dios. Es a perdernos, a morir en el surco. Amamos mucho la piel como para desgarrarla toda en el seguimiento completo de Cristo.

Y Cristo no es fácil. Duro para los amigos de la vida cómoda y para quienes no entienden las duras paradojas del Evangelio: morir para vivir, perder la vida para ganarla, salir de sí mismo para encontrarse.

No todos lo entienden. Se requiere sencillez, apertura de espíritu y, como Pedro, pedir ayuda a Cristo.

Quiero confiar en Ti, Señor, para estar seguro de que en Ti encontraré la plenitud y felicidad que tanto anhelo. Deseo esperar en Ti, estar cierto de que en Ti hallaré la fuerza para llegar hasta el final del camino, a pesar de todas las dificultades. Aumenta mi confianza para que esté convencido de que Tú nunca me dejarás si yo no me aparto de Ti.


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Hermanos en Cristo

RECUERDA:

Cristo ha sufrido por todos
"Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rocas de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas.
Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desestimar su vocación: Cristo ha sufrido por todos.
Con toda verdad está escrito de Él: Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad»
(San Agustín, Sermón 304).
***
"Keep that in mind, brethren, in the garden of the Lord not only the rocks of the martyrs, but also the lilies of the virgins and the married ivy and violets of widows.
No man, whatever kind of life, is to dismiss his vocation: Christ suffered for all.
In all truth it is written of Him, our Savior desires all men to be saved and reach full knowledge of the truth "
(St. Augustine, Sermon 304).

Jesús ha optado por amarte
Although you do not remember it, for you it gave the life. Although you do not believe it, for you it worries. Although you are not considered to be important, for It you are. Although you do not accept it, he has excused you. Although you do not perceive it, it is with you. Although you condemn you himself, Jesús has chosen to love you. He sees us otherwise. It is much more, much major than our heart.
***

Aunque no lo recuerdes, por ti dio la vida. Aunque no lo creas, por ti se preocupa. Aunque no te consideres importante, para El lo eres. Aunque no lo aceptes, te ha perdonado. Aunque no lo percibas, está contigo. Aunque a ti mismo te condenes, Jesús ha optado por amarte. El nos ve de otra manera. Es mucho más, mucho mayor que nuestro corazón.

Oración por los bebés abortados

Padre Celestial, que nos has dado el don de la libertad para amar y seguir Tus caminos y mandamientos. Perdona a aquellos padres que abusando de esta libertad destruyen el don de la vida que Tú le has dado a sus hijos. Perdona a esos que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan. Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad. Ayúdame a ser uno en solidaridad con Tus pequeños, aceptando de corazón las palabras de Tu Hijo: "todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos más pequeños, por Mí lo hicisteis." (Mt 25:40) Permíteme, entonces, Padre, adoptar hoy espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, trabajos, gozos y sufrimientos por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria. Te lo pedimos en nombre de Cristo, en unión con el Espíritu Santo, que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

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Crux Sancti Patris Benedicti
Crux Sancta Sit Mihi Lux / Non Draco Sit Mihi Dux / Vade Retro Satana / Numquam Suade Mihi Vana / Sunt Mala Quae Libas
Ipse Venena Bibas / Numquam Suade Mihi Vana
****
Cruz del Santo Padre Benito
La Santa Cruz sera mi luz / no sera el demonio mi guia. / ¡Apartate, Satanás! / no me sugieras cosas vanas,
maldad es lo que me brindas, / bebe tu mismo tu veneno

♦ Aclaración:

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Santa Misa y Confesiones (Padre Fabián)

♦ ACTIVIDADES ♦
EL SANTUARIO PERMANECE ABIERTO DE MARTES A DOMINGO: DE 7,30 A 12 HS Y DE 17 A 20 HS.

LOS LUNES ESTÁ CERRADO EXCEPTO PARA LA MISA DE 8,00 HS. LUEGO DE LA MISMA SE CIERRA. TAMBIÉN ESTÁ ABIERTO LOS SEGUNDOS LUNES DE MES PARA LA
MISA DE SANACIÓN: LA ADORACIÓN ES A LAS 18 Y A LAS 19,30 HS LA SANTA MISA.

EL PADRE FABIAN CONFIESA LOS JUEVES Y DOMINGOS DE 17 A 20 HS POR ORDEN DE LLEGADA Y SIN TURNO PREVIO.

NO DA ENTREVISTAS PERSONALES. PERO PUEDEN PEDIR INFORMACIÓN A LA SECRETARIA PARROQUIAL DE LUNES A SÁBADOS DE 8,30 A 11,30 HS AL TELÉFONO 2508 6672 INT 108 O A MARTA 095724928

SANTUARIO DE LA MEDALLA MILAGROSA Y SAN AGUSTÍN
MONTEVIDEO

Santa Misa con oración por sanación interior y física, 4to domingo de cada mes a las 16hrs. Capilla de las Hermanas Vicentinas, Reconquista 432, Montevideo (Uruguay).

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