Reverendo Padre Fabián A. Barrera, c.m.

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DESTACADOS: Cuando celebramos la Misa, nosotros no hacemos una representación de la Última Cena: no, no es una representación. Es otra cosa: es precisamente la Última Cena. Es vivir otra vez la Pasión y la muerte redentora del Señor. La Misa no se "escucha", se participa, y se participa en esta teofanía, en este misterio de la presencia del Señor entre nosotros". SIGUE AQUI

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26/11/2014

Consolar a quien me consuela

Consolar a quien me consuela - Jesús quiere ser consolado. Precisamente por aquellos que tantas veces hemos recibido su consuelo. // Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net

Casi puedo acostumbrarme: tras el pecado, Dios se volcó nuevamente sobre mi alma. Me invitó a la confianza, me alentó al arrepentimiento, me acercó al sacramento de la confesión, me abrazó con su misericordia. ¡Es tanto lo que Dios ha hecho y hace tantas veces por mí!

Sí: puedo acostumbrarme, hasta el punto de ver casi como algo seguro el hecho de que mi Padre volverá mañana a buscarme para limpiar pecados, para encender la esperanza, para resucitar el amor que se apagaba. Pero si tan sólo recordase qué precio fue pagado por mi rescate, si tuviese ante mis ojos los esfuerzos tan grandes que pasó el Hijo para redimirme...

Necesito, por eso, tener un alma abierta, profunda, agradecida. El amor que recibo sólo puede pagarse con amor. Por eso, al que mucho se le perdona mucho ama (cf. Lc 7,47).


Pero no me basta simplemente con la gratitud. Hay momentos en los que siento que también Él necesita algún consuelo. Su grito en el Calvario, escuchado por la Madre Teresa de Calcuta y por miles y miles de católicos de todos los tiempos, llega a mi corazón: "Tengo sed" (cf. Jn 19,28).

Es cierto: mis heridas son mayores que las suyas, pues el pecado pone en peligro el sentido bueno de mi vida, mientras que los clavos del madero no enturbiaron el amor de Cristo hacia su Padre y hacia los hombres. Pero no por ello el Señor deja de anhelar consoladores para su sed de amor, para sus sueños de encender un fuego en el mundo, para que la oveja perdida vuelva pronto al hogar donde será amada.

Jesús quiere ser consolado. Precisamente por aquellos que tantas veces hemos recibido su consuelo. Esa será la mejor manera de decirle, desde lo más íntimo de mi alma, ¡gracias! por tantas ocasiones en las que me ha susurrado, con la voz humilde de un sacerdote, "yo te absuelvo de tus pecados...".

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24/11/2014

¡Ah! Si yo cambiara

¡Ah! Si yo cambiara - Ha llegado el momento del cambio; no de tu sociedad, tu familia, tu escuela o tu trabajo, sino de ti. // Autor: P. Dennis Doren LC | Fuente: Catholic.net

Todos queremos un mundo mejor; siempre estamos a la expectativa, nos alegran las buenas noticias y estamos ávidos de ellas. Las malas noticias nos producen malestar y miramos a nuestro alrededor a la caza despiadada de los culpables; todos vamos detrás de un mundo más humano, más justo, más tolerante y comprensivo; qué diferente sería todo. Por eso ha llegado el momento del cambio; no del cambio de tu sociedad, de tu familia, de tu escuela o universidad, ni de tu trabajo, sino de ti.

Tú eres el único que puede cambiar, para luego cambiar tu entorno. Con Cristo Resucitado todo ha cambiado y renacen en nuestro corazón las ganas de vivir, nuestra vida así se ve con alegría, armonía y sencillez. Aprovecha esta experiencia, te llenará de satisfacción, pero recuerda, el cambio real comienza desde ti. No pares nunca...


Si yo cambiara mi manera de pensar hacia los otros... los comprendería.

Si yo encontrara lo positivo en todos... con qué alegría me comunicaría con ellos.

Si yo cambiara mi manera de actuar ante los demás... los haría felices.

Si yo aceptara a todos como son... sufriría menos.


Si yo deseara siempre el bienestar de los demás... sería feliz.

Si yo criticara menos y amara más... cuántos amigos ganaría.

Si yo comprendiera plenamente mis errores y defectos y tratara de cambiarlos... cuánto mejoraría mi hogar y mi ambiente.

Si yo cambiara el tener más por el ser más... sería mejor persona.

Si yo cambiara de ser Yo, a ser Nosotros... comenzaría la civilización del Amor.

Si yo cambiara los ídolos: poder, dinero, sexo, ambición, egoísmo y vanidad definitivamente por: Libertad, Bondad, Verdad, Justicia, Compasión, Belleza y Amor... comenzaría a vivir la verdadera felicidad.

Si yo cambiara el querer dominar a los demás por el autodominio... aprendería a amar en libertad.

Si yo dejara de mirar lo que hacen los demás... tendría más tiempo para hacer más cosas.

Si yo cambiara el fijarme cuánto dan los otros para ver cuánto más puedo dar yo... erradicaría de mí la avaricia y haría este mundo más justo y equitativo.

Si yo cambiara el creer que sé todo... me daría la posibilidad de aprender más.

Si yo cambiara el identificarme con mis posesiones: títulos, dinero, status, posición familiar... me daría cuenta que lo más importante de mí es que yo soy un ser que ama.

Si yo cambiara todos mis miedos por amor... sería definitivamente libre.

Si yo cambiara el competir con los otros por el competir conmigo mismo... sería cada vez mejor.

Si yo dejara de envidiar lo ajeno... usaría todas mis energías para lograr lo mío.

Si yo cambiara el querer colgarme de lo que hacen otros por el desarrollar mi propia creatividad... haría cosas maravillosas.

Si yo cambiara el esperar cosas de los demás... no esperaría nada y recibiría como regalo todo lo que me dan.

Si yo amara el mundo... lo cambiaría.

Si yo cambiara... ¡cambiaría el mundo!

No dejes que la inercia en tu vida y tus buenas intenciones no realizadas paralicen tu corazón. Comienza a cambiar desde dentro. Así verás cómo tus percepciones y modos de enfrentar la vida no han sido lo suficientemente plenos; comprende que la decisión que tomaste, influenciada por tus amigos, no era lo más conveniente. Comienza hoy el cambio y verás qué serás feliz.
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22/11/2014

400 Respuestas a preguntas que usted puede hacer sobre la doctrina católica (24)

400 Respuestas a preguntas que usted puede hacer sobre la doctrina católica (24) - Un homenaje a la memoria de un firme apologista, sus 400 respuestas a preguntas que usted puede hacerse sobre la doctrina católica, presentado en breves publicaciones semanales. (Preguntas 192-198) // Autor: P. Jorge Loring S.J. | Fuente: Catholic.net // Editorial Spiritus Media

192. INSTITUCIÓN DE LA CONFESIÓN

¿Por qué para pedir perdón a Dios tengo que decir mis pecados a un hombre? Yo me confieso con Dios directamente.

Este razonamiento no vale. El modo de que Dios me perdone no lo elijo yo, lo elige Él. Si Él ha dispuesto perdonarme por medio de un hombre, yo no puedo saltarme a la torera el sacramento que Él ha instituido para el perdón de los pecados. Él dijo a los Apóstoles: "A quien perdonéis los pecados les quedan perdonados, y a quienes se los retengáis les quedan retenidos". Este poder se trasmite a los sacerdotes, sus legítimos sucesores. Es verdad que también se puede alcanzar el perdón de los pecados con un acto de contrición. Pero el Derecho Canónico limita esto a los "casos urgentes" en los que no es posible confesarse previamente.

Pero además, si Dios ha dispuesto perdonarnos por medio de un sacerdote, esto es bueno. Dios hace bien las cosas. Dios podía haber escogido otro modo, por ejemplo, ante un muro; como hacen los judíos en el muro de Jerusalén. Pero el muro no oye, no entiende, no contesta, no tranquiliza, no consuela, no anima, etc.

Y como Dios sabe que muchas veces el pecador necesita que le tranquilicen, que le animen, que le orienten, etc. ha hecho la confesión con un hombre y no con un muro de piedra. No pretendas enmendarle la plana a Dios.

193. ARREPENTIMIENTO

Estimado Padre Jorge: La siguiente duda es sobre el sacramento de la confesión. He leído que uno de los requisitos es el dolor de los pecados. ¿A qué se refiere? ¿Quiere decir que uno debe sentir algo de tristeza obligatoriamente, o si no, la absolución no será válida? ¿O puede bastar el propósito de no volver a pecar? Gracias por su ayuda.


Dolor de corazón es igual a arrepentimiento. No se trata de dolor sensible que no está en nuestra mano.

194. PROPÓSITO DE ENMIENDA

Estimado Padre Jorge: La siguiente duda es que uno de los requisitos para hacer una buena confesión es el arrepentimiento. Pero y si una persona va a confesarse dudando sobre si será capaz de superar una determinada prueba en la que falló anteriormente, por miedo, ¿podría confesarse siempre que tenga la intención de intentarlo al menos? Gracias por adelantado.

El propósito de enmienda que exige el arrepentimiento no es seguridad de no volver caer, sino deseo de no volver a caer.

195. LA ATRICIÓN

Padre, cordial saludo. Estoy empezando a leer su libro Para Salvarte, que me recomendó. Gracias por ello. Padre, ¿el temor a la condenación es un pecado? ¿El querer hacer lo correcto por miedo a la condenación, más que por no querer ofender a Dios por ser infinitamente bueno, es malo?

Lo suyo se llama atrición. No es mala, pero es imperfecta. La contrición, que es obrar por amor a Dios, es mejor.

196. CONTRICION SENTIDA

Hola Padre Loring. Recibí su contestación atenta y pronta. Aprovecho para pedir a Dios nos conserve a su persona aún muchos años en plena salud para el bien de todos los que pueden oír sus conferencias. Le voy a consultar una duda. Según Pedro Lombardo, Dios da por hecho aquello que queriendo hacerlo no se puede. Entonces en estos tiempos sin sacerdotes sucede que uno se pone en peligro de muerte por cualquier causa. No se arrepiente por amor a Dios a quien no ama por no conocerlo, o porque su dios ha sido la mujer y el dinero. No siente un arrepentimiento porque en la hora de morirse es mal momento para arrepentirse, pero teme por su vida futura y pide a Dios perdón para no ir al infierno. Piensa en hacer un acto de perfecta contrición, pero sólo es un deseo vago que admite. Por fin pide a Dios perdón, pero sabe que si no muere volverá a lo mismo. Solo tiene atrición, y quisiera tener perfecta contrición, lo que no siente.

La pregunta es: Con un acto de atrición, deseando hacer un acto de contrición al cual no puede llegar ¿se le pueden aplicar las palabras de Pedro Lombardo, que Dios da por hecho aquello que queriendo hacerlo no se puede, en este caso, porque no siente afecto a Dios, sino temor a estar la eternidad en el infierno? Si usted tiene algún tiempo le agradecería me dijese unas palabras sobre esto.

Te agradezco que pidas a Dios por mí. Aunque ya tengo noventa años, deseo que me aguante un poco más para terminar el proyecto de colocar en internet mi libro Para Salvarte en chino. Estoy seguro que muchos chinos al informarse de la religión católica, abrazarán nuestra fe.

Lo de Pedro Lombardo significa que si tienes el deseo de hacer una obra, y no la puedes realizar, la intención ya vale. Pero en tu pregunta hay un error. Piensas que la contrición hay que sentirla, y eso no es así. Los sentimientos no están en nuestra mano. A veces sentimos lo que no quisiéramos sentir, y no sentimos lo que desearíamos sentir.

Si tú deseas arrepentirte porque no quieres ofender a Dios, ya tienes contrición, aunque no sientas nada.

197. LAS TRES PALABRAS

Padre Jorge, cordial saludo. ¿Me podría enseñar el acto de contrición que consta de tres palabras y que sirve para hacerlo en el momento de la muerte, si no hay sacerdote, y puede obtener la salvación eterna? Yo aprendí el "Señor Mío Jesucristo", pero es muy largo, quiero que me enseñe el acto de contrición de tres palabras por si lo necesito en la hora de mi muerte. Es que lo vi en un video y no me acuerdo. Muchas gracias. Y por favor dígame, ¿si yo hago ese acto en la hora de mi muerte me puedo salvar?

Las palabras son: "Dios Mío, perdóname". Pero no sólo en la hora de la muerte, sino todas las noches como explico en mi DVD: Salida de emergencia. Si las dices de corazón en la hora de la muerte, te salvas; aunque no tengas al lado un sacerdote.

198. CONFESIÓN DISTRAÍDA

Estimado Padre Jorge: La siguiente duda es sobre el sacramento de la penitencia. Dígame, cuando el sacerdote te va a dar la absolución y te dice "haz un acto de contrición", ¿pasa algo si en ese momento te despistas y no escuchas lo de hacer el acto de contrición, pero has ido a confesarte estando arrepentido? ¿O se debe estar atento y hacer el acto de contrición en ese mismo instante?

Mientras el confesor te da la absolución debes rezar el acto de contrición; si no te acuerdas puedes repetir varias veces: "Dios Mío, perdóname". Pero si estás arrepentido, la confesión vale aunque no digas nada.

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19/11/2014

¿Para qué hacer la señal de la cruz?

¿Para qué hacer la señal de la cruz?: Cuando hacemos la señal de la cruz, estamos diciendo: que Dios Padre Creador esté conmigo. // Autor: P. Evaristo Sada LC | Fuente: la-oracion.com

La señal de la cruz sirve para:


  • Hacer un acto de oración, contemplando por unos segundos a Cristo Redentor y así avivar nuestra fe en Jesucristo, como quien alimenta la hoguera echando leña al fuego: "Mirarán al que traspasaron" (Jn 19,37) "Cuando haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí" (Jn 12,32)
  • Recordar que Cristo murió por nosotros, hacer memoria del gran amor que Dios nos ha tenido y que lo llevó al extremo con su muerte en la cruz (Jn 13,1) "Pues la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros". (Rom 5, 8) "Cristo nos amó y se entregó por nosotros" (Ef 5,2) "Se rebajó a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2,8)
  • Hacer un acto de conversión interior y decirle a Jesús: soy tu discípulo, quiero vivir como a ti te agrada, quiero cargar con mi propia cruz: "Si alguno quiere venir en pos de mí. niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame." (Mt 16,24)
  • Dar testimonio de nuestra fe, declarar que somos cristianos, miembros de su cuerpo místico, seguidores del que dio su vida por nosotros en una cruz y resucitó de entre los muertos. "En cuanto a mí, no quiero sentirme orgulloso más que de la cruz de Cristo Jesús, nuestro Señor. Por él el mundo ha sido crucificado para mí, y yo para el mundo." Gál 6,14.
  • Predicar que Cristo es Salvador y que hay que morir para tener vida.
  • Alabar al Hijo de Dios: "Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre" (Filipenses 2, 11)
  • Pedir la protección de Cristo en medio de las tentaciones, los retos, los peligros, las dificultades y las asechanzas del demonio. Jesucristo venció el pecado con su muerte en la cruz.




  • Tomar fuerza: "Fijaos en aquel que soportó tal contradicción de parte de los pecadores, para que no desfallezcáis faltos de ánimo." (Hebreos 12,2-3) "Poned los ojos en el Crucificado y se os hará todo poco" (Santa Teresa de Jesús).
  • Ofrecer a Dios nuestro ser, nuestras pertenencias y nuestras actividades, como Cristo ofreció su vida al Padre por nuestra salvación. Hacer la señal de la cruz es decirle: Jesús, quiero hacer esto contigo y por amor a ti.
  • Ofrecer nuestros sufrimientos y renuncias a Jesucristo, abrazar nuestra cruz con amor: "El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí" (Mt 10,38) "La cruz abrazada es la menos pesada" (Santa Teresa)
  • Agradecer las bendiciones de Dios y las abundantes y continuas muestras de su amor.
  • Celebrar la victoria del perdón y la misericordia, como quien alza un estandarte como signo de victoria: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna" (Juan 3, 14-15)
  • Bendecir: cuando hacemos sobre otro la señal de la cruz le estamos diciendo: que Dios Padre Creador esté contigo, que Dios Hijo Redentor te salve, que Dios Espíritu Santo Consolador te santifique.



¿Cuándo hacer la señal de la cruz?

Tertuliano (160 a 220 d.C.) escribió: "En todos nuestros viajes y movimientos, en todas nuestras salidas y llegadas, al ponernos nuestros zapatos, al tomar un baño, en la mesa, al prender nuestras velas, al acostarnos, al sentarnos, en cualquiera de las tareas en que nos ocupemos, marcamos nuestras frentes con el signo de la cruz."

Cualquier momento es buen momento para hacer la señal de la cruz.


  • Los sacramentos y los actos de oración comienzan y terminan con la señal de la cruz. También es buena costumbre persignarse antes de escuchar la Sagrada Escritura. Esto es lo que hacemos durante la liturgia de la santa misa, antes de la proclamación del Evangelio, cuando mientras trazamos la señal de la cruz sobre nuestra frente, labios y pecho repetimos en silencio dentro de nuestro corazón: "Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro".
  • Al ofrecer el día al levantarte o cualquier actividad: una reunión, un proyecto, un partido.
  • Al agradecer a Dios un beneficio, la jornada que comienza, los alimentos, la primera venta del día, el salario, la cosecha, la conquista de la cumbre, una entrevista exitosa, un examen con buenos resultados, un diagnóstico favorable.
  • Al encomendarse y ponerse en manos de Dios: cuando emprendes un viaje, cuando comienzas un partido de fútbol o un baño en el mar, cuando recibes una noticia difícil de digerir, antes de una empresa compleja, de una cita importante, de entrar a una cirugía o de pronunciar unas palabras en público.
  • Al bendecir a Dios y reconocer su presencia en un templo, en un acontecimiento, en una persona o un hermoso espectáculo de la naturaleza
  • Al pedir la protección de la Trinidad ante el peligro, las tentaciones y las dificultades.


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17/11/2014

Los tiempos de Dios

Los tiempos de Dios - Dios ha desarrollado su plan de manera perfecta para cada uno. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¡Solo El lo sabe! . // Autor: Oscar Schmidt | Fuente: www.reinadelcielo.org

Tres tiempos ha pensado Dios para el desarrollo de la historia de la humanidad, dentro del gran misterio que representa Su Plan para nosotros.

Los primeros tiempos fueron los de la Creación, los tiempos del Padre que con Su Pensamiento y Su Voluntad creó todo lo que nos rodea. Y fueron también los tiempos de la Fe: Fe en la existencia de un Dios único, omnipotente, lleno de amor por sus criaturas. Pero, fue el propio hombre el que corrompió la perfección de esa creación, haciendo uso de su voluntad, del libre albedrío que Dios le dio. Y fue utilizando mal ese libre albedrío que el hombre volvió a caer, una vez más, olvidándose en forma creciente del Dios Creador.

Dios Padre abrió entonces la puerta a los segundos tiempos: los de la Redención, los tiempos de la Salvación, tiempos del Hijo. Y sin dudas que estos tiempos fueron los de la Esperanza, ya que el Mesías nos trajo el anuncio del Reino, la promesa de un futuro de felicidad. La llegada de Cristo abrió las puertas del Cielo y también abrió nuestros corazones al Arca en que Dios quiso resguardarnos de los males del mundo: María. ¿Acaso podía el Padre elegir un modo imperfecto en el acto de dar Su naturaleza Humana al Hombre Dios, a Su Hijo?. Los tiempos de la redención no pueden entenderse, entonces, sin unir a Madre e Hijo, Redentor y Corredentora, en la Pasión, Muerte y Resurrección que nos conducen a la esperanza de una vida de plenitud.


Y fue el mismo Jesús quien anunció la llegada del tercer tiempo en la historia de la humanidad, al anticipar la venida del Espíritu Santo, Espíritu de Santificación. Estos son, entonces, los tiempos de la Santificación. Y son también los tiempos de la caridad, ya que el Espíritu Santo es Espíritu de Amor, como Jesús nos lo enseñó con su nuevo y principal mandamiento. De este modo, el Espíritu de Dios se derrama sobre el mundo, buscando los corazones que le den acogida, que lo dejen actuar. Somos los hombres los que debemos reconocer y facilitar su accionar, por el camino de la humildad y el amor. En estos tiempos es el Espíritu Santo el que habla a través de quienes Evangelizan y llevan el mensaje renovado (¡una vez más!) por obra del Soplo Divino. Llevar a las almas a Dios es la caridad perfecta, es el amor que difunde el mensaje de Salvación.

De este modo hemos visto una humanidad que ha recorrido distintas etapas a lo largo de su historia:

Los tiempos del Padre, de la Creación, del Pensamiento Divino que todo lo hizo. Fueron tiempos de Fe.

Los tiempos del Hijo, de la Redención, del amor del Padre expresado en el Hombre Dios, nacido de la Nueva Eva, la Mujer Perfecta. Son los tiempos de la Esperanza.

Y finalmente los tiempos del Espíritu Santo, de la Santificación, del amor derramado sobre el mundo. Tiempos de Caridad.

Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Creación, Redención y Santificación.
Fe, Esperanza y Caridad.

Dios ha desarrollado su Plan de manera perfecta, dejando que en cada tiempo se manifieste un aspecto nuevo y maravilloso de Su Divinidad. Es un camino con un destino cierto, un destino de plenitud. Cuando se haya alcanzado esa plenitud, cuando el plan esté completo, estaremos en condiciones de presenciar el gran final que el Señor nos tiene preparados. ¿Cuándo?. ¿Cómo? ¡Solo El lo sabe!
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15/11/2014

La Identidad Sexual

La Identidad Sexual: La sexualidad es el fundamento fisiológico y afectivo de nuestra capacidad de amar, pero es el amor, a su vez, quien hace que la sexualidad alcance su verdadero sentido. // Autor: Pedro Trevijano | Fuente: religionenlibertad.com

El sentido común nos dice que el primer paso para resolver cualquier problema es planteárnoslo. Ante la pregunta ¿qué es el ser humano?, nos contesta ya el primer capítulo del Génesis: "Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra" (1,27). Según este relato, el haber sido creado por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. La identidad sexual es un don que el varón y la mujer reciben, aceptan e integran.

Los seres humanos o somos varones, en posesión de los cromosomas XY, o somos mujeres, en posesión de los cromosomas XX. No existen otras identidades sexuales, aunque sí hay diversas orientaciones sexuales, porque la orientación sexual (el deseo), es el resultado de una elaboración de las pulsiones sexuales. La orientación sexual es uno de los componentes de la sexualidad y se caracteriza por una atracción emocional, sexual y afectiva hacia otros individuos. Se dan varias orientaciones o tendencias sexuales: heterosexual (atracción entre individuos de distinto sexo), homosexual (atracción entre individuos del mismo sexo), bisexual (atracción por cualquiera de los sexos), transexual (aquél cuyo aspecto anatómico no corresponde al de su identidad psicológica, es decir su sentimiento interno y personal de ser varón o mujer).

Pero la identidad sexual, general y pacíficamente aceptada hasta ahora, aunque en todos los tiempos haya habido contestatarios, como prueba la Carta a los Romanos 1, 21-32, se ve hoy profundamente discutida por la increencia en Dios, cuyas consecuencias son el relativismo y el positivismo imperante, así como por la ideología de género. Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, sino un papel social.


Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, no existen. Según esta concepción, existe sólo el hombre en abstracto, que después elije para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya.

Hombres y mujeres no son formas de la persona humana que se integran mutuamente. Ahora bien, si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida por la creación. Ante esta concepción disparatada, conviene que tengamos claro qué es la sexualidad y su relación con la persona:

La sexualidad abarca a toda la persona. La sexualidad no es un fenómeno puramente fisiológico, pues es bastante más que los impulsos genitales, la genitalidad o los actos genitales, puesto que afecta a cada una de las células y de los deseos humanos, e informa toda la realidad del individuo, como varón o mujer, desde el comienzo de la existencia. Todos los fenómenos genitales son sexuales, pero muchos fenómenos sexuales no tienen relación directa con lo genital. La genitalidad es sólo una parte de la sexualidad y hace referencia al comportamiento sexual explícito de los órganos adecuados para ello en su parte biológica y reproductora.

La sexualidad es una realidad dinámica sometida a una continua evolución. La sexualidad humana no está determinada como en los animales, sino que está abierta a la libertad y es educable. Las diversas etapas de la persona se viven básicamente por las etapas evolutivas de la sexualidad. Esta evolución tiene una dinámica interna: es necesario el pase del interés centrado en sí mismo al interés dirigido a los demás.

La sexualidad se sitúa en el centro de la persona. No puede considerarse como una fuerza cerrada en sí misma, sino que está vinculada a la persona y llega allí donde llega ésta, y en consecuencia está incluso abierta a la transcendencia. Por ello es corporalidad, pero también realización de la propia personalidad, afecto y encuentro interpersonal. En la sexualidad experimenta el hombre sus límites, pero también su apertura a los otros.

La sexualidad es una realidad carnal, pero también psicológica y espiritual, siendo una fuerza que sirve para edificar y construir a la persona entera, haciéndola superar la soledad y poniéndola en contacto con los demás; es decir, coincide en ella la doble dinámica del crecimiento personal y de la relación interpersonal. En suma, la sexualidad es el fundamento fisiológico y afectivo de nuestra capacidad de amar, pero es el amor, a su vez, quien hace que la sexualidad alcance su verdadero sentido, sentido que es importante ir conociendo progresivamente a través de una correcta educación. Por ello hay que afirmar que el desarrollo y maduración de la persona pasa necesariamente por la realización y maduración de la propia sexualidad al servicio del amor.

Además, la persona toma conciencia así de su propia dignidad y de la de los demás, se capacita para la responsabilidad y se ayuda al niño a llegar a ser esa persona madura que acepta conscientemente el propio sexo elevándolo de lo puramente genital al amor del que recibe su sentido la educación sexual y la propia vida.
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13/11/2014

Familia y sacerdocio real de los cristianos

Familia y sacerdocio real de los cristianos: La dimensión sacerdotal de la familia cristiana se traduce en la práctica en un espíritu de familia que todo lo impregna de amor y de alegría // Autor: P. Ramiro Pellitero Iglesias | Fuente: iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es

El título de estas líneas puede parecer extraño para algunos, pero es una realidad importante para las familias cristianas. Todos los cristianos participamos del sacerdocio real de Cristo. La vida de la familia cristiana tiene, por eso, una dimensión sacerdotal. La vida familiar es una ofrenda a Dios, una escuela de fe, un servicio a las personas.


El cuerpo es para la gloria de Dios y para servir a los demás

1. El "culto espiritual" propio de la vida matrimonial y familiar. El cuerpo humano fue creado por Dios para expresar y servir al espíritu humano, en la unidad de la persona humana. Según la revelación cristiana, el pecado rompe la armonía entre cuerpo y alma, y por tanto hiere, oscurece y debilita esta capacidad de manifestar y entregar el amor.

Cristo, con su obra redentora, ha restaurado también el amor humano, y concretamente el amor conyugal. En los sacramentos la Iglesia se sirve de realidades materiales -pan, vino, agua, etc.- para manifestar y comunicar la gracia divina. En el sacramento del matrimonio es el mismo amor de los esposos -que implica su recíproca entrega corporal-, lo que sirve de cauce a Dios para manifestarles y comunicarles su gracia y su fuerza. Esta gracia y fuerza divina -alimentada por la oración y la Eucaristía- es ayuda preciosa para vivir la indisolubilidad del vínculo matrimonial. Para que a través de los esposos cristianos el amor divino llegue a la familia y al mundo.

La sexualidad matrimonial vivida en el cristianismo es signo de la Nueva Alianza en Cristo. Por eso es ámbito de culto a Dios. Y no en un sentido metafórico sino propio. La relación entre los esposos, sin desnaturalizarse lo más mínimo y contando con su apertura natural a la procreación de nuevas vidas, les trasciende y es cauce que les conecta con el amor de Dios y de los demás.


La exhortación de San Pablo a todos los cristianos "ofreced vuestros cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: éste es vuestro culto razonable" (Rm 12, 1) y "glorificad a Dios con vuestro cuerpo" (1 Co 6, 20), se hace, en los esposos cristianos, camino de santidad para ellos y sus hijos, modo principal de dar gloria a Dios, nada menos. Así participan los padres y madres de familia en el sacerdocio real de los cristianos.


La piedad con Dios

2. La piedad con Dios es la primera manifestación de este culto que los esposos dan con su propia vida y que promueven entre sus hijos. La piedad encuentra un impulso concreto en la misa dominical y la oración diaria -diálogo personal con Dios-, al que se reservan algunos tiempos, y en el que se van introduciendo poco a poco también a los niños. En torno a ese núcleo pueden crecer algunas devociones y costumbres familiares, en las que importa más la calidad que el número: la bendición de la mesa o el rezo del rosario al menos en días señalados.

Tiene especial valor el rezo en familia con ocasión de los acontecimientos más destacados: nacimientos, aniversarios, bodas, funerales, etc. La vida sacramental debe ser adecuadamente iniciada con el acompañamiento familiar (bautismo, confirmación, primera Eucaristía y primera confesión), pues los sacramentos nos hacen nacer y crecer en la familia de Dios, que es la Iglesia, familia de familias.


La educación de la fe en la familia

3. La educación de la fe encuentra en la familia un protagonista principal, con la ayuda de la parroquia, de la escuela, de los grupos y movimientos eclesiales, etc. Hoy estamos ante una "urgencia educativa" (cf. Benedicto XVI, Mensaje a la Diócesis de Roma sobre la tarea urgente de la educación, 21-I-2008), que pide un particular esfuerzo para salir del analfabetismo religioso, dando un "salto de calidad" en la catequesis y en la enseñanza de la religión.

Especialmente los jóvenes "deben sentir la cercanía y la atención de la familia y de la comunidad eclesial en su camino de crecimiento en la fe" (Encíclica Lumen fidei, n. 53). Necesitan que se les muestre la belleza de la fe, en sus diversas dimensiones (moral e intelectual, personal y social, etc.), y esto solo puede hacerse por medio de testigos creíbles entre los que se cuentan ante todo sus padres.

Hoy asistimos a una educación que cae a veces en las redes del relativismo y del secularismo ambientales, como consecuencia del racionalismo que se ha encaminado en Occidente hacia el consumismo y el nihilismo. De otro lado, quizá por la ley del péndulo, se asiste en ocasiones a una educación de tendencia fideísta, espiritualista e individualista, no ajena al rigorismo, heredera también de deformaciones predominantes en los últimos siglos.


La sinfonía de la fe

Una adecuada educación en la fe debe huir de estos errores extremos. Para saber educar en armonía, es preciso saber emplear instrumentos y registros diversos como los que componen una sinfonía: la antropología cristiana que conduce a vivir y educar en la Iglesia como familia de Dios, el camino educativo de la belleza, la educación o catequesis bíblica, la educación litúrgica y sacramental, la vida moral como respuesta al amor de Dios y que se refleja en el amor al prójimo; la Doctrina social de la Iglesia sobre la base de la sensibilidad social recibida por los hijos a través de lo que ven en su familia; la oración que nos acerca a Dios y nos saca de nosotros mismos; el afán apostólico, evangelizador o misionero; la santidad también en la vida ordinaria. Los padres deben pedir especialmente a los profesores de religión -particularmente a la escuela de inspiración católica- y a la parroquia, la necesaria colaboración, sin eludir su propia responsabilidad.


La caridad, síntesis y fruto de la vida matrimonial y familiar

4. La caridad, síntesis y fruto de la vida matrimonial y familiar. La vida de la familia cristiana transcurre en medio de las circunstancias ordinarias, a la luz de la fe, en torno al centro de la Eucaristía y dando continuamente fruto mediante el amor, la caridad. Las familias cristianas deberían poder decir al mundo: hemos creído en el amor y lo manifestamos con hechos, a diario. Manifestamos lo que somos: una familia unida a Jesucristo, que vive de la vida que Dios ha traído a la tierra; y que transmite esa vida desde dentro del amor humano entre varón y mujer, con la potencialidad que tiene ese amor, gracias a la acción del Espíritu Santo.

La caridad, especialmente con los más necesitados tanto material como espiritualmente, es la mayor fuerza de la familia para la nueva evangelización. Por eso cada familia debería ser una "escuela de misericordia" para sus miembros.

En definitiva, la dimensión sacerdotal de la familia cristiana se traduce en la práctica en un espíritu de familia que todo lo impregna de amor y de alegría: desde el amor entre los esposos, integrado y alimentado por la relación con Dios, pasando por la responsabilidad educativa de los hijos en la fe y desembocando en los frutos de caridad y de misericordia.

Como ha escrito el Papa Francisco, "el espíritu de amor que reina en una familia guía tanto a la madre como al hijo en sus diálogos, donde se enseña y aprende, se corrige y se valora lo bueno" (Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 139).
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10/11/2014

16 de Noviembre: Santa Misa en Hurlingham


16 de Noviembre de 2014

16.00 horas: Paseo del Santísimo

al terminar:
Santa Misa para los Enfermos y Afligidos

Capilla Nuestra Señora de la Guardia
Necochea 515 - Hurlingham
Con oración de sanación interior y física

Preside: Padre Fabián A. Barrera

Les rogamos ir con tiempo y mucha paciencia. Bendiciones.

Nota seleccionada para el  blog del Padre Fabián Barrera
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Hermanos en Cristo

RECUERDA:

Cristo ha sufrido por todos
"Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rocas de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas.
Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desestimar su vocación: Cristo ha sufrido por todos.
Con toda verdad está escrito de Él: Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad»
(San Agustín, Sermón 304).
***
"Keep that in mind, brethren, in the garden of the Lord not only the rocks of the martyrs, but also the lilies of the virgins and the married ivy and violets of widows.
No man, whatever kind of life, is to dismiss his vocation: Christ suffered for all.
In all truth it is written of Him, our Savior desires all men to be saved and reach full knowledge of the truth "
(St. Augustine, Sermon 304).

Jesús ha optado por amarte
Although you do not remember it, for you it gave the life. Although you do not believe it, for you it worries. Although you are not considered to be important, for It you are. Although you do not accept it, he has excused you. Although you do not perceive it, it is with you. Although you condemn you himself, Jesús has chosen to love you. He sees us otherwise. It is much more, much major than our heart.
***

Aunque no lo recuerdes, por ti dio la vida. Aunque no lo creas, por ti se preocupa. Aunque no te consideres importante, para El lo eres. Aunque no lo aceptes, te ha perdonado. Aunque no lo percibas, está contigo. Aunque a ti mismo te condenes, Jesús ha optado por amarte. El nos ve de otra manera. Es mucho más, mucho mayor que nuestro corazón.

Oración por los bebés abortados

Padre Celestial, que nos has dado el don de la libertad para amar y seguir Tus caminos y mandamientos. Perdona a aquellos padres que abusando de esta libertad destruyen el don de la vida que Tú le has dado a sus hijos. Perdona a esos que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan. Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad. Ayúdame a ser uno en solidaridad con Tus pequeños, aceptando de corazón las palabras de Tu Hijo: "todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos más pequeños, por Mí lo hicisteis." (Mt 25:40) Permíteme, entonces, Padre, adoptar hoy espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, trabajos, gozos y sufrimientos por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria. Te lo pedimos en nombre de Cristo, en unión con el Espíritu Santo, que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

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Crux Sancti Patris Benedicti
Crux Sancta Sit Mihi Lux / Non Draco Sit Mihi Dux / Vade Retro Satana / Numquam Suade Mihi Vana / Sunt Mala Quae Libas
Ipse Venena Bibas / Numquam Suade Mihi Vana
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Cruz del Santo Padre Benito
La Santa Cruz sera mi luz / no sera el demonio mi guia. / ¡Apartate, Satanás! / no me sugieras cosas vanas,
maldad es lo que me brindas, / bebe tu mismo tu veneno

Horarios de invierno

Horarios de invierno

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Santa Misa y Confesiones (Padre Fabián)

♦ ACTIVIDADES ♦
EL SANTUARIO PERMANECE ABIERTO DE MARTES A DOMINGO: DE 7,30 A 12 HS Y DE 17 A 20 HS.

LOS LUNES ESTÁ CERRADO EXCEPTO PARA LA MISA DE 8,00 HS. LUEGO DE LA MISMA SE CIERRA. TAMBIÉN ESTÁ ABIERTO LOS SEGUNDOS LUNES DE MES PARA LA
MISA DE SANACIÓN: LA ADORACIÓN ES A LAS 18 Y A LAS 19,30 HS LA SANTA MISA.

EL PADRE FABIAN CONFIESA LOS JUEVES Y DOMINGOS DE 17 A 20 HS POR ORDEN DE LLEGADA Y SIN TURNO PREVIO.

NO DA ENTREVISTAS PERSONALES. PERO PUEDEN PEDIR INFORMACIÓN A LA SECRETARIA PARROQUIAL DE LUNES A SÁBADOS DE 8,30 A 11,30 HS AL TELÉFONO 2508 6672 INT 108 O A MARTA 095724928

SANTUARIO DE LA MEDALLA MILAGROSA Y SAN AGUSTÍN
MONTEVIDEO

Santa Misa con oración por sanación interior y física, 4to domingo de cada mes a las 16hrs. Capilla de las Hermanas Vicentinas, Reconquista 432, Montevideo (Uruguay).

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