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Testimonio: un antes y un después en la vida de F.

Estimado Padre Fabián,

Mi nombre es F., quisiera saber si usted realiza misas de sanación en Escobar y si es así cuales son las fechas y en qué Iglesia se realizan.

También si en algún momento podría acercarme a hablar con usted.

Mi madre que está en ...... ha asistido a las misas en ...... y me ha comentado que usted estaba en Escobar ya que yo vivo en Buenos Aires.

El tema que a mí me tiene angustiada es mi soledad, entiendo que hay personas que tienen problemas de salud muy graves, pero para mí la soledad en este momento es como una enfermedad y yo sé que Dios quiere para nosotros la felicidad, yo siento que Dios está en cada cosa que hacemos desde que el día comienza hasta que termina, pero cuando la soledad está tan instalada en mi vida no puedo evitar preguntarme porqué.

Y es como si la soledad es algo contra lo que no puedo luchar haga lo que haga, y me niego a aceptarla porque yo sé que Dios quiere la felicidad para cada ser humano.

Desde ya agradezco su respuesta y su tiempo.

atte.

F.

Estimado Padre,

Alabado sea Dios!!!

Le cuento tal como sucedió porque es tan lindo que guardarlo en mi corazón sería egoísta.
Yo creía que la tenía reclara y con todas las tecnicas de meditación y mis oraciones, porque yo le rezaba a Dios, no siempre pero lo hacía, había logrado que mi vida sea maravillosa, a principios de noviembre comencé una relación de pareja y ésta se terminó inesperadamente, cuando esto pasó, mi vida se vino abajo, me enojé con la vida, odie mi vida sola, sentía que aunque yo trataba de ser mejor cada día Dios me castigaba, entonces le escribí.

Fui a la misa del 27 de febrero, y sentí que allí estaba Dios, me alivié y dejé un pedido de oración ya que mi soledad se estaba convirtiendo en una enfermedad.

El 12 de marzo de 2010, fui a un retiro espiritual de sanación interior, en la Iglesia de la Santísima Trinidad en Rafael Calzada, organizada por los Hermanos Carismáticos de Rafael Calzada, me había inscripto los primeros días de febrero, pero estaba que iba que no iba.

El viernes 12, llegué, participé de las oraciones tímidamente, el sábado por la mañana me entregué a Dios y lloré mucho, él sabado por la tarde ya no sentía nada de tristeza, pero nada.

El sábado por la noche, haciendo caso de su consejo en la misa, me confecé después de 20 años y le dije a Dios todo, todo lo que me dolía, las veces que yo ofendí, las veces que culpé a Dios, todo todo lo que tenía guardado, usted no me pregunte cómo, pero cuando la confesión estaba terminando yo ya había vuelto a sonreír desde lo más profundo de mi alma.

El domingo por la mañana durante la oración al Espíritu Santo, en el que se pedía que nos vivifique, que nos libere, yo sentí un aire frío en mi espalda y aire tibio que entraba en mi garganta.

Llegué a mi casa y estaba feliz, amé mi casa, mi vida, amé la vida, dormí tranquila. Comencé a sentir la alegría de vivir.

Dios me dio un corazón nuevo, y no me canso de repetir, lo mejor que nos puede pasar es que Dios esté en nuestro corazón.

Me quedó grabada la frase; nadie mejor para restaurarnos que Aquél que nos creó, y yo que había buscado respuestas en todos los lugares habidos las encontré en Dios y Él sólo esperaba que yo le cuente lo que me afligía, hasta hizo la vista gorda a mi falta de fe y me sanó.

Comencé a rezar por las noches un rosario por otras personas y por las mañanas antes de salir a trabajar y Dios me bendice y me responde al instante, así como en un instante sanó mis dolores de 34 años.

Gracias a Dios, Alabado sea Dios y hoy puedo decir igual que usted me dijo en este correo, Él puede llenar todos nuestros espacios vacíos y sentimientos de soledad.

Un abrazo en Cristo! F.
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