¿Por qué contra los santos? - VIII

¿Por qué se dirige la denigración principalmente contra los hombres santos, cuando podría encontrar en el seno de la Iglesia, de origen divino pero compuesta por hombres, todas las miserias humanas imaginables? Parecería más lógico que en la diana de las críticas estuviesen aquellos cristianos -corruptos, falsarios, crueles, inmorales, perversos...- que deshonran con sus actuaciones la fe recibida en el Bautismo.

Sin ánimo de desentrañar el misterio, se vislumbran algunas de las razones de ese ensañamiento histórico contra los santos, al reflexionar sobre su función en el seno de la Iglesia.

"El escándalo -escribe Romano Guardini en El Señor-, es la expresión violenta del resentimiento del hombre contra Dios, contra la esencia misma de Dios, contra su santidad. En lo más profundo del corazón humano dormita, junto a la nostalgia de la fuente eterna, ... la rebelión contra el mismo Dios, el pecado, en su forma más elemental que espera la ocasión propicia para actuar.

Pero el escándalo se presenta raramente en estado puro, como ataque abierto contra la santidad divina en general; se oculta dirigiéndose contra un hombre de Dios: el profeta, el apóstol, el santo, el profundamente piadoso.

Un hombre así es realmente una provocación. Hay algo en nosotros que no soporta la vida de un santo, que se rebela contra ella buscando como pretexto las imperfecciones propias de todo ser humano, sus pecados, por ejemplo. ¡Éste no puede ser santo! O sus debilidades, aumentadas malévolamente por la mirada oblicua de los que le rechazan... En una palabra, el pretexto se basa en el hecho de que el santo es un hombre finito.

La santidad, sin embargo, se presenta más insoportable y es objeto de mayores objeciones y recusaciones intolerantes en ´la patria de los profetas´. ¿Cómo va a admitirse que es santo un hombre cuyos padres se conocen, que viven en la casa de al lado, que debe ser `como los otros´. El escándalo es el gran adversario de Jesús".

Como recuerda el teólogo español José Luis Illanes, la Iglesia "tal y como ella se entiende a sí misma, no es un simple grupo de creyentes que mantiene vivo a lo largo de los siglos la memoria o recuerdo de Cristo, sino una comunidad que participa de la vida de Cristo y que, en Cristo y por Cristo, tiene acceso a la intimidad con Dios, es decir, a la santidad´. Hablar de santidad, concluye el teólogo español es, en definitiva, hablar de la razón de ser de la Iglesia, de lo que la define y constituye.

"La historia de la Iglesia no es otra cosa -explica Illanes-, en su substancia última, que la historia de la santidad realizándose en el tiempo. Por eso ha podido decirse que la historia cristiana debería escribirse y estructurarse a partir de la historia de sus santos: los jalones decisivos de la historia de la Iglesia no están constituidos por las grandes gestas culturales o por la confrontación de unas u otras civilizaciones, ni tampoco por la construcción de grandes templos o por la celebración de concilios de alcance universal, sino por la real y efectiva promoción de santidad."

Desde esta perspectiva teológica se entiende mejor que cualquier ataque contra la Iglesia se dirija a los santos como a su punto álgido: los santos son dones de Dios a su Iglesia, mediante la cual impulsa su caminar; son una síntesis feliz de una iniciativa de la gracia divina con la respuesta libre y generosa del hombre a esa iniciativa. Atacar a los santos es atacar el fruto más precioso de la Iglesia.

Los ataques contra los santos y las instituciones de la Iglesia han sido "múltiples, variados y constantes", como recordaba Campanella. En los siguientes capítulos se alude sólo a las contradicciones que guardan una mayor actualidad.

-la llamada "contradicción de los buenos", en su doble versión de incomprensión por parte de las almas rectas, pero confundidas;

-la incomprensión de miembros de la Jerarquía;

-las que acaban provocando denuncias ante los Tribunales eclesiásticos y civiles;

-las que provienen de acusaciones de determinados ex-miembros de algunas instituciones hacia sus propios Fundadores.

Trataré más tarde de las persecuciones por parte del poder político, de las controversias que suscitan a veces las vocaciones jóvenes; de las acusaciones de locura contra los hombres de Dios; y de las ridiculizaciones y las difamaciones acerca del carácter de los santos.

No acaba aquí el elenco de tribulaciones: podrían citarse también los atentados y las agresiones físicas, los encarcelamientos, las torturas y las deportaciones que han sufrido los hombres de Dios a lo largo de todas las épocas.

Muchos de estos sufrimientos han tenido lugar en fechas muy recientes: están saliendo a la luz los relatos de los padecimientos morales y fisicos que ha soportado la Iglesia en los países del Este.

Madjansky refiere algunas de esas penalodades en su libro Un Obispo en los campos de exterminio. Sin embargo, estos aspectos se encuentran más próximos al martirologio, y en estas páginas se analizan sólo las contradicciones más habituales de los hombres y las mujeres de Dios.

José Miguel Cejas, "Piedras de escándalo"
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