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El Bautismo y la Eucaristía

Archivo:Piero della Francesca 045.jpg

Necesidad universal del Bautismo

Cuando la Iglesia bautiza, lo hace en fidelidad al mandato de Cristo: "Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo..." (Mt 28,19). Los Apóstoles desde un comienzo entendieron este mandato como universal, bautizando no sólo a paganos, sino también a familias enteras (lo que se supone que comprendía a los niños): "Inmediatamente después fue bautizado junto con toda su familia." (Hch 16,33).

El Bautismo es necesario para la salvación: "El que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios..." (Jn 3,5). ¿Por qué privar entonces a los niños del Bautismo?

Necesidad de la Eucaristía para la Vida Eterna

La Eucaristía fue aceptada desde siempre por los cristianos como el acontecimiento central de la vida de la Iglesia, y esta percepción es consecuencia de las palabras del mismo Jesús: "...si no comen la Carne del Hijo del Hombre y no beben su Sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna..." (Jn 6,52-53).

Es Jesús el que instituye la Eucaristía y la deposita en manos de sus Apóstoles, cuando en la Última Cena, les dice: "Esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía." (Lc 22,19).

¿Cómo pueden ofrecer la verdadera Vida eterna o la Salvación, aquellos que por carecer de un sacerdocio ordenado carecen también del don de la Eucaristía?

La confesión ha sido instituida por Jesús

Se suele impugnar también el sacramento de la Reconciliación afirmando que Jesús perdonó los pecados pero que no requirió la confesión de los mismos.

Obviamente quienes así se expresan están ignorando que, después de su Resurrección, Jesús depositó el poder de perdonar los pecados en manos de sus Apóstoles cuando, luego de infundirles el Espíritu Santo dijo: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonas a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan." (Jn 20,22-23).
Es decir, cuando deseamos recibir el perdón de nuestros pecados hemos de recurrir a los sucesores de los Apóstoles, y serán ellos quienes, por el poder depositado por Cristo en ellos, nos administren ese perdón. Jesús no establece otro modo para que los hombres recibamos su perdón.

Autor: Oscar Gerometta | Fuente: Catholic.net
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