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La Oración de deseo


En el Evangelio Jesucristo nos enseña con el padrenuestro dos modos de orar: la oración de deseo, en la primera parte, y la oración de súplica en la segunda.
La oración de deseo. Lo propio del amor es pensar primeramente en Aquel que amamos. Por eso, en el padrenuestro que Jesucristo nos enseñó, el corazón del creyente eleva hasta Dios el deseo ardiente, el ansia del hijo por la gloria del Padre, siguiendo las huellas de Jesucristo. ¿Qué es lo que el cristiano más puede desear en este mundo? El Evangelio nos responde: Que sea santificado el nombre de Dios, que venga su Reino. El cristiano desea ardientemente que Dios sea reconocido como santo, como totalmente diferente del mundo, como el totalmente Otro, como el Trascendente que sostiene nuestra libertad y alienta nuestra hambre de trascendencia.
El cristiano anhela fuertemente que se establezca el reino y reinado de Dios sobre la tierra, el reino del Mesías que abre las puertas a todos los pueblos y a todas las naciones. ¿Son éstos todos los deseos de los cristianos? Son un compendio, por eso, todos los demás buenos deseos cristianos, para que sean tales, deberán decir relación a uno de ellos dos. Una oración de deseo, al margen de Dios y de su reino, no puede ser cristiana.
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