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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?

Libro sagrado "Maestro, ¿qué he de hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?" Al joven que le hace esta pregunta, Jesús responde primero invocando la necesidad de reconocer a Dios como "el único Bueno", como el Bien por excelencia y como la fuente de todo bien. Luego Jesús le declara: "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos". Y cita a su interlocutor los preceptos que se refieren al amor del prójimo: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso, honra a tu padre y a tu madre". Finalmente, Jesús resume estos mandamientos de una manera positiva: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 19,16-19).

Catecismo
de la Iglesia católica, 2052

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LOS DIEZ MANDAMIENTOS

1

Amarás a Dios sobre todas las cosas.

2

No tomarás el nombre de Dios en vano.

3

Santificarás las fiestas.

4

Honrarás a tu padre y a tu madre.

5

No matarás.

6

No cometerás actos impuros.

7

No robarás.

8

No darás falsos testimonios ni mentiras.

9

No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

10

No codiciarás los bienes ajenos.

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Si halláis un lugar en donde os parezca que no está Dios, allí podéis pecar con toda libertad. El que profundizó los abismos ve todo lo que pasa en los rincones más ocultos; en las cuevas más profundas y en la más negra oscuridad. Si os parece que la pública fama os absuelve, no dejéis de condenaros en el tribunal de vuestra propia conciencia.

San Anselmo
Exhort., ad contemptum
temporalium,
sent. 24, Tric. T. 9

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