Reverendo Padre Fabián A. Barrera, c.m.

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2 oct. 2010

Conversación de Príncipes. Los ángeles de la guarda (PRIMERA PARTE)

AUTOR: P. Antonio Orozco  | Fuente: Arvo.net
2 DE OCTUBRE
Es hora de aliarse con todas las fuerzas del Bien, del Cielo y de la tierra, para ahogar el mal en su abundancia
Si fuésemos humildes siervos en la edad de oro de los poderes regios y topásemos con un príncipe sabio,
magnífico y magnánimo, de poder invencible, dispuesto a ser nuestro
protector y amigo, aliado en las batallas y servidor en
nuestros varios menesteres, nos hallaríamos ante una sombra de nuestro
Angel Custodio. Asombro, admiración y gratitud no conocerían límites en
nuestro ánimo y atenderíamos a sus más leves gestos.



La Iglesia entera proclama gozosa la existencia de esos Príncipes del Cielo
que están junto a nosotros en la tierra; y lo
celebra especialmente cada 2 de octubre. San Josemaría Escrivá de
Balaguer, fundador del Opus Dei (1) decía en Argentina, ante
una muchedumbre de hombres y mujeres de toda edad y
condición: El Ángel Custodio es un Príncipe del Cielo que
el Señor ha puesto a nuestro lado para que nos
vigile y ayude, para que nos anime en nuestras angustias,
para que nos sonría en nuestras penas, para que nos
empuje si vamos a caer, y nos sostenga (2).Era un
modo de expresar en síntesis lo que la Doctrina Católica
ha enseñado de continuo: La Providencia de Dios ha dado
a los Ángeles la misión de guardar al linaje humano
y de socorrer a cada hombre; y no han sido
enviados solamente en algún caso particular, sino designados desde nuestro
nacimiento para nuestro cuidado, y constituidos para defensa de la
salvación de cada uno de los hombres(3).

Mirad -decía el Señor a sus discípulos- que no despreciéis a algunos de estos
pequeñuelos, porque os hago saber que sus Ángeles en los
Cielos están siempre viendo el rostro de mi Padre celestial
(4). Y los santos se asombran: Grande es la dignidad
de las almas, cuando cada una de ellas, desde el
momento de nacer, tiene un Ángel destinado para su custodia
(5). ¡Amorosa providencia de nuestro Padre Dios!, gran bondad la
suya, que otorga a sus criaturas parte de su poder,
para que unos y otros seamos también difusores de bondad.

No imploramos bastante a los Ángeles, dice Bernanos. Inspiran cierto temor
a los teólogos (a algunos, claro es), que los relacionan
con aquellas antiguas herejías de las iglesias de Oriente; un
temor nervioso, ¡vamos! El mundo está lleno de Ángeles (6).

Lo cierto es que nos acompañan a sol y sombra, por
cumplir puntual y amorosamente, la misión que la Trinidad les
ha confiado: que te custodien en todas tus andanzas (7).
No parece sensato rehusar un auxilio tan precioso.

En Getsemaní –aquella altísima cumbre del dolor- se hallaba el Dios humanado en
agonía, en lucha singular frente al pavor y hastío, con
tristeza de muerte. Los apóstoles -incluso Pedro, Santiago y Juan-
heridos por el sopor, dormitaban después de tensa jornada. Jesús,
solo, se adentra en el insondable drama de la Redención
de la humanidad caída. Gruesas gotas de sangre emanan de
su piel y empapan la tierra (8), muestra elocuente de
la magnitud de la angustia.

En esto se le apareció un Ángel del Cielo que le confortaba (9). ¿Qué Ángel sería
aquél que recibió estremecido la misión de prestar vigor a
la Fortaleza y consolar al Creador? ¡Qué humildad! ¡que temblor!
¡qué fortaleza!

A veces, también nosotros, pequeños, débiles, medrosos, hemos de dar consuelo y energía a los más fuertes. Es tremendo,
pero hay que hacerlo. Y si Cristo Jesús acude a
un Ángel en busca de auxilio, ¿será tanta mi soberbia
o mi ignorancia, que yo prescinda de semejante ayuda? Los
Ángeles y demás Santos son como una escala de preciosas
piedras que, como por ensalmo, nos elevan al trono de
la gloria.


Hacer amistad con el Ángel Custodio

Sin duda he de tratar mucho más a mi Ángel. Es imponente su
personalidad. Sin embargo, aunque muy superiores a nosotros por naturaleza,
las criaturas angélicas son, por gracia, como nosotros, hijos del
mismo Padre celestial: nos unen entrañables lazos de fraternidad. Cariño
recíproco y personal, confidencia y común quehacer son hacederos con
el ángel. Su amistad es en verdad factible. En espíritu
están los ángeles pegados al hombre. Y van marchando con
el tiempo histórico al compás de nuestra persona. El ángel
se halla pronto a escuchar porque su guardia no la
rinde el sueño ni el cansancio. Es vigilia sin relevo.
Con él se puede departir en lenguaje franco de labios,
aquél que se oye sin el servicio de la lengua,
el verbo que ahorra fatigas y tiempo (10).

Es maravilloso que en este andar por la tierra, nos acompañen los Ángeles
del Cielo. Antes del nacimiento de nuestro Redentor, escribe san
Gregorio Magno, nosotros habíamos perdido la amistad de los ángeles.
La culpa original y nuestros pecados cotidianos nos habían alejado
de su luminosa pureza... Pero desde el momento en que
nosotros hemos reconocido a nuestro Rey, los ángeles nos han
reconocido como conciudadanos.

Y como el Rey de los cielos ha querido tomar nuestra carne terrena, los ángeles ya no se
alejan de nuestra miseria. No se atreven a considerar inferior
a la suya esta naturaleza que adoran, viéndola ensalzada, por
encima de ellos, en la persona del Rey del cielo;
y no tienen ya inconveniente en considerar al hombre como
un compañero (11).

Consecuencia lógica: Ten confianza con tu Ángel Custodio. -Trátalo como un entrañable amigo -lo es- y él sabrá
hacerte mil servicios en los asuntos ordinarios de cada día
(12). Y te pasmarás con sus servicios patentes. Y no
debieras pasmarte: para eso le colocó el Señor junto a
ti (13).

Su presencia se hace sentir en lo íntimo del alma. Tratando con él de los propios asuntos, se iluminan
de súbito con luz divina. Y no es de maravillar,
pues es verdadero lo que dicen aquellas letras grandes, inmensas,
grabadas en un muro blanco de La Mancha, que transcribe
Azorín: los ángeles poseen luces muy superiores a las nuestras;
pueden contribuir mucho, por tanto, a que las ideas de
los hombres sean más elevadas y más justas de lo
que de otro modo lo serían, dada la condición del
espíritu humano (14).

Precisamente, la misión de custodiar se ordena a la ilustración doctrinal como a su último y principal efecto
(15). Los Ángeles Custodios nutren nuestra alma con sus suaves
inspiraciones y con la comunicación divina; con sus secretas inspiraciones,
proporcionan al alma un conocimiento más alto de Dios. Encienden
así en ella una llama de amor más viva (16).
No sólo llevan a Dios nuestros recaudos, sino también traen
los de Dios a nuestras almas, apacentándolas, como buenos pastores,
de dulces comunicaciones e inspiraciones de Dios, por cuyo medio
Dios también las hace (17).
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Hermanos en Cristo

RECUERDA:

Cristo ha sufrido por todos
"Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rocas de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas.
Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desestimar su vocación: Cristo ha sufrido por todos.
Con toda verdad está escrito de Él: Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad»
(San Agustín, Sermón 304).
***
"Keep that in mind, brethren, in the garden of the Lord not only the rocks of the martyrs, but also the lilies of the virgins and the married ivy and violets of widows.
No man, whatever kind of life, is to dismiss his vocation: Christ suffered for all.
In all truth it is written of Him, our Savior desires all men to be saved and reach full knowledge of the truth "
(St. Augustine, Sermon 304).

Jesús ha optado por amarte
Although you do not remember it, for you it gave the life. Although you do not believe it, for you it worries. Although you are not considered to be important, for It you are. Although you do not accept it, he has excused you. Although you do not perceive it, it is with you. Although you condemn you himself, Jesús has chosen to love you. He sees us otherwise. It is much more, much major than our heart.
***

Aunque no lo recuerdes, por ti dio la vida. Aunque no lo creas, por ti se preocupa. Aunque no te consideres importante, para El lo eres. Aunque no lo aceptes, te ha perdonado. Aunque no lo percibas, está contigo. Aunque a ti mismo te condenes, Jesús ha optado por amarte. El nos ve de otra manera. Es mucho más, mucho mayor que nuestro corazón.

Oración por los bebés abortados

Padre Celestial, que nos has dado el don de la libertad para amar y seguir Tus caminos y mandamientos. Perdona a aquellos padres que abusando de esta libertad destruyen el don de la vida que Tú le has dado a sus hijos. Perdona a esos que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan. Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad. Ayúdame a ser uno en solidaridad con Tus pequeños, aceptando de corazón las palabras de Tu Hijo: "todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos más pequeños, por Mí lo hicisteis." (Mt 25:40) Permíteme, entonces, Padre, adoptar hoy espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, trabajos, gozos y sufrimientos por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria. Te lo pedimos en nombre de Cristo, en unión con el Espíritu Santo, que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

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