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Lectio Divina. 4o Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Lectio Divina. 4o Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A.

1. INVOCA

El Señor nos espera para decirnos su Palabra. Nos preparamos para recibirla con hambre y sed.
Dejamos a un lado nuestras preocupaciones y ocupaciones. Hacemos silencio exterior e interior. Preparamos el texto en nuestra Biblia.
Pedimos al Espíritu que derrame su fuego y calor sobre cada uno de nosotros.
Invocamos al Espíritu, cantando suavemente: Veni, Sancte Spiritus



Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)



2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 5, 1-12)

Contexto

Estos versículos pertenecen a los capítulos que se llaman “El Sermón del monte”. Es una síntesis de la vida cristiana. Hay detalles que conviene captarlos:
- Jesús subió a la montaña (v. 1). Es el nuevo Moisés, que subió al monte Sinaí para recibir la ley de los diez mandamientos. Jesús va a exponer su Ley, la definitiva, superior a los diez mandamientos.
- Se sentó (v. 1): Jesús es el auténtico Maestro, que va a dar su mensaje y su enseñanza definitiva.
- Se le acercaron sus discípulos (v. 1). Todos somos discípulos en la escuela de Jesús. Tenemos que aprender bien esta enseñanza y llevarla a la vida. Tanta gente, es decir, todos. La enseñanza de Jesús es para todos.

Texto

1. Las bienaventuranzas son el gran pórtico de todo el Sermón del Monte

- Mateo nos describe nueve bienaventuranzas. Lucas nos trae cuatro. Mateo resalta más la actitud interior: pobres de espíritu, los que tienen espíritu de pobre. Lucas se fija más en la realidad de la situación de las personas. Su punto de vista es más social.
- Mateo expresa la vida del discípulo de Jesús para comprender y vivir el camino de la felicidad. La enseñanza de Jesús no es para un pequeño grupo de seguidores. No es una serie de consejos para selectos. Tampoco no son normas de conducta. Es todo un estilo de vida.
- La enseñanza de Jesús va dirigida a vivir el Evangelio como un camino hacia la felicidad. Como el mismo Jesús lo vivió. Él es el primer bienaventurado. Y es el modelo y el guía para todo aquel que, aun en situaciones difíciles y duras, intenta vivir con gozo tales momentos. Jesús nos dice con sus palabras, pero más con sus gestos, que el creyente puede dominar el sufrimiento y convertirlo en fuente de bien y de gozo.
- Las bienaventuranzas no son sólo una promesa para el futuro. Son, más bien, una exhortación para vivir el presente. Si aquí logras ser feliz, también lo serás en el más allá.

2. La contradicción de las bienaventuranzas

La enseñanza de Jesús en las bienaventuranzas puede sonar a contradicción:
o Donde hay pobreza, Jesús pone felicidad.
o Donde hay sufrimiento Jesús promete consuelo.
Pero, al fondo, Jesús propone el modo cómo superar las mayores dificultades. Llama dichosos a los pobres de espíritu, porque ellos no viven apegados a los bienes de la tierra, sino que han puesto toda su confianza en el Señor y su riqueza mayor es el Padre.
No hay que entender que Jesús proclama dichosos a los pobres por ser pobres, sino porque se abandonan en el Padre que alimenta a los pajarillos y viste a las flores del campo (Ver: Lc 22ss).

3. Las bienaventuranzas, proclamación del Reino

Las bienaventuranzas proclaman que el Reino de Dios está ya en la tierra. Es el tiempo, anunciado por los profetas, en el cual: los pobres, los hambrientos, los perseguidos, los que no cuentan y los que no valen llegarán a ser felices. Y la razón más importante para sentirse felices es que el Padre los ama con amor misericordioso y total. Esto viene a decirnos Jesús, el Hijo, el predilecto.
Con Jesús, ya está el Reino (el plan) de Dios con los más desdichados.
Con la implantación del Reino, Jesús invierte los valores de la sociedad. Porque los pobres, los perseguidos, los sufridos son los que cuentan ante Dios. Y Jesús lo manifiesta con palabras y con gestos.
Y esta proclamación es para todos. Al ver tanta gente (v 1)..., Jesús proclama las bienaventuranzas.


3. MEDITA

Jesús es la Palabra verdadera de Dios. Cuando Jesús dice las bienaventuranzas, esto se convierte en absoluta verdad para sus discípulos. Esto se realiza. Lo vemos plasmado en el mismo Jesús, sereno y feliz en medio de tanta persecución y sufrimiento. Y, al fin, Resucitado.
¿Qué sentimientos me brotan ante las bienaventuranzas? Cuando sufro por cualquier motivo, ¿tal vez me viene la tentación de pensar que Dios me ha olvidado?
¿Me abandono en las manos del Padre cuando me vienen los golpes de la vida?
¿Cómo puedo vivir las bienaventuranzas que Jesús vivió y que tantos cristianos lograron vivirlas?


4. ORA

Le miro a Jesús para decirle: Tú eres el dichoso, porque eres el Hijo del amor del Padre en el Espíritu.
Me pondré en sus manos, diciéndole: En tus manos encomiendo mi Espíritu.
Le pediré que experimente en mi conciencia que el Padre me ama con amor misericordioso y entrañable. Me sentiré junto a Jesús en el monte, para interiorizar con cariño sus palabras de bálsamo, paz y gozo.
Le doy gracias porque todo en Él es serenidad y alegría íntimas.


5. CONTEMPLA

Me veo cerca de Jesús con los discípulos. Contemplo con entusiasmo su rostro. Escucho sus palabras de gozo. Veo cómo posa su mirada sobre mí y sobre la multitud que le escucha con silencio, admiración y gozo.


6. ACTÚA

En los problemas que me toca vivir, me arrojaré en las manos del Padre, como Jesús, y le diré: En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu.

Autor: P. Martin Irure | Fuente: Catholic.net
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