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Lectio Divina. 5o. Domingo Cuaresma

Lectio Divina. 5o. Domingo Cuaresma
Cuaresma. Oración con el Evangelio. Ciclo A.
Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

1. INVOCA



El Espíritu te va a regalar la Palabra de Dios. El mismo Espíritu que
inspiró a los autores sagrados para escribir la Palabra en palabras
humanas, en este rato te va a inspirar a ti para que comprendas
correctamente el sentido del texto de la Palabra.
Dispón tu ánimo, tu inteligencia y voluntad para no perder nada de lo
que la Palabra te indique.
Preparamos la Biblia, papel, librito amarillo, el silencio exterior e interior.
Invocamos al Espíritu, con el canto: Veni, Sancte Spiritus

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Jn 11, 1-45)

Contexto

Este relato es una catequesis sobre la vida verdadera y la fe en la
resurrección definitiva.
Es el séptimo signo o señal que nos describe el evangelista Juan, para
presentarnos a Jesús como el Señor de la vida.
Recordemos brevemente los siete signos, que nos revelan quién es Jesús:

1. La boda de Caná (2, 1-12). Jesús es el verdadero Esposo que realiza
la verdadera alianza de Dios con la humanidad.
2. Un oficial pagano cree en Jesús (4, 43-54). Los paganos son
llamados a la salvación.
3. El paralítico curado (5, 1-9). Israel no da más de sí (38 años
esprtando, v. 5). Jesús trae la plenitud de la salvación.
4. Multiplicación de los panes (6, 1-15). Yo soy el pan de vida (v. 35).
5. Jesús camina sobre las aguas (6, 16-21). Jesús domina la tempestad.
6. Jesús da la vista a un ciego (9, 1-41). Yo soy la Luz del mundo (v. 5).
7. Jesús resucita a Lázaro (11, 1-45). Yo soy la resurrección y la vida (v. 25).

Texto

1. Diversas actitudes ante la muerte

1. Lázaro (significa Dios ayuda. Betania significa Casa del pobre):
Lázaro es el necesitado, por estar enfermo. Se rinde a sus
limitaciones. Y la muerte le domina.
2. Marta: simboliza a la comunidad que va creciendo por la fe en
Jesús. Pasa de una fe incipiente a una fe total.
3. María: representa a la comunidad que sufre, pero que espera y confía.
4. Judíos: dudan del poder de Jesús para evitar la muerte de Lázaro (v. 37).
5. Fariseos: condenan a muerte a Jesús. (vs. 45ss). Son los amigos de la muerte.

2. Yo soy la resurrección y la vida (v. 25)

Jesús se presenta en este relato como humano, cercano y amigo,
sintiendo el dolor por la muerte de un amigo (v 33).
Pero, Jesús se presenta, sobre todo, como el Señor de la vida. Él
colabora con el proyecto inicial de Dios, que crea y da la vida a
todos los seres. Dios siempre está y apuesta por la vida.
Jesús, como Dios, da la vida corporal. Pero, trae también la vida
total y definitiva.
La comunidad de Jesús es el grupo que se comunica entre sí con lazos
humanos de amistad y ayuda.
Pero, la comunidad de Jesús es algo más: quiere vivir la verdadera
vida de hijos de Dios, que está por encima de la muerte corporal.
Dios no nos creó para la muerte, sino para la vida. Dios no inventó la
muerte. Lo suyo es dar vida en plenitud. El cristiano va preparando en
esta tierra la resurrección total.
Han sido sepultados con Cristo en el bautismo, y también en él han
sido resucitados, pues han creído en el poder de Dios, que lo ha
resucitado de entre los muertos (Rom 2, 12).

3. Nuestra muerte en la vida

La vida de los que en Ti creemos no termina, se transforma (Prefacio I
de Difuntos).
Nuestra resurrección para la vida comienza en el bautismo. Y la
vocación del cristiano, en su existencia terrena, es crecer en la vida
verdadera y comunicar esta vida a los demás. Desde la creación, el ser
humano recibió la encomienda de re-crear la naturaleza, para
transformarla al servicio de los humanos.
Toda la historia de la humanidad es una larga y dolorosa gestación
para nacer a la vida total. (Ver: Rom 8, 22-24).
El cristiano es la persona de fe y esperanza que cree en la vida,
trabaja por la vida plena, suya y la de los otros, desde aquí y desde
ahora. Si con él morimos, viviremos con él (2 Tim 2, 11).


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

Repasa los puntos anteriores con tranquilidad, abriéndote a lo que el
Señor quiera decirte.
Vete eliminando de tu corazón los miedos a: la enfermedad, los
complejos y hasta la muerte, que es paso necesario para disfrutar de
la vida plena.
Los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la
gloria que un día se nos manifestará (Rom 8, 18).


4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Jesús. Yo creo que Tú eres la resurrección y la vida. Y lo creo
sinceramente. Pero, quiero decirte algo, que muchas veces me molesta.
Son mis miedos a los golpes de la vida: contrariedades, malentendidos,
calumnias, nerviosismos, tensiones, problemas familiares, complejos y
perezas... ¡Tantas inquietudes!
Y deseo vivamente que Tú seas de verdad el Señor de mi persona. Y que
te enseñorees de todo ese mundo interior que me pesa y me lastima. Tu
resurrección es mi fuerza. Tu vida me da las ganas de vivir. Por eso,
te grito complacido y seguro: Tú eres la resurrección y la vida. El
que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que esté vivo y
crea en mí, jamás morirá (Jn 11 25-26)..


5. CONTEMPLA

A Jesús actuando enérgicamente contra la muerte. Es el Señor.
Deja que tus sentimientos reposen serenos ante este Jesús, que nos da
su misma vida.


6. ACTÚA

Repite con frecuencia: Tu Palabra me da vida (Sal 119, 50b).
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