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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 13o. Domingo del Tiempo Ordinario


Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A. 

1. INVOCA
  • El Espíritu Santo siempre está listo para otorgar su inspiración a aquel que la solicita abriéndole su conciencia. Ábrete, pues, a Él, del todo. Porque el Espíritu quiere manifestarte el proyecto del Padre sobre ti, con la Palabra que vamos a escuchar y meditar.
  • Procuro hacer el silencio interior y exterior para que el Espíritu llene mi interior. Dejo a un lado mis planes personales y todo aquello que me estorba para escuchar y comprender mejor la Palabra.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 10, 37-42) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico


    El texto bíblico de este domingo es continuación del que leímos el domingo pasado. Forma parte de las instrucciones que Jesús imparte a sus discípulos para ejercer dignamente su apostolado.

    Texto

    1. No es digno de mí (vs. 37 y 38)

  • Los versículos 37 y 38 señalan el valor absoluto y radical que hay que tener en el seguimiento de Jesús. Dios está por encima de la familia. El amor a Dios es el valor absoluto y total que el discípulo de Jesús debe tener bien claro y, en consecuencia, vivirlo.
  • Jesús presenta un programa de vida doloroso y arriesgado, hasta el rompimiento con la propia familia, si fuere necesario.
  • No es digno de mí, repite Jesús tres veces. El que ama o prefiere a su padre o madre, a su hijo o hija y quien no tome su cruz y siga a Jesús, no es digno de Él. Podemos decir que nadie pide tanto como Jesús. Aquellos que optan por seguirle tienen un nivel muy elevado, propuesto por Jesús.
  • Es un precio necesario que hay que pagar. Seguir a Jesús exige: desprendimientos, renuncias, conflictos, radicalidad.
  • No rebajemos el nivel del Evangelio. Reconozcamos que es un ideal muy elevado y, para los humanos, imposible de alcanzar por nuestros medios. ¡Cuánto nos queda para llegar a vivir esta propuesta de Jesús!

    2. El que los recibe a ustedes (v. 40)
  • Jesús envía a sus discípulos como misioneros de la Buena Noticia: Dios nos ama y nos salva en Jesucristo. Así como Jesús les previno contra las persecuciones, así en estos versículos 40-42, intenta animarlos para que sean bien recibidos. Quienes los acojan recibirán una buena recompensa, como si lo hicieran con el mismo Jesús. Porque los misioneros del Evangelio quedan identificados con el mismo Jesucristo.
  • Entre los enviados a predicar el Evangelio se encuentran: los apóstoles, los profetas, los justos y los pequeños. Estas palabras van dirigidas a todos aquellos que, a lo largo de los tiempos, seguirán a Jesús. Nosotros, entre ellos. La tarea de anunciar el Evangelio es responsabilidad de la comunidad cristiana.

    3. No se quedará sin recompensa (v. 42)
  • Jesús se identifica con todo aquel que hace el bien al prójimo. Quien dé un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños porque es discípulo mío, les aseguro que no quedará sin recompensa (v. 42).
  • El buen trato a los demás, sobre todo a los pequeños, a los que no valen ante la sociedad, será el punto clave en el juicio final, según el mismo Mateo 25, 31-46.
  • Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron (Mt 25, 40).
  • La familia de Jesús es amplia e inabarcable. Aquel que renuncia a una familia por el Evangelio, se verá metido de lleno en una familia universal, la de los necesitados y de los marginados.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • Jesús habla de renuncia total por el Evangelio. ¿Cómo me siento en este punto?
  • Jesús nos dice de acoger al evangelizador, que lo deja todo por predicar la Buena Noticia. ¿Qué hago por acoger al que me propone la Palabra de Dios?
  • Jesús nos promete recompensar a aquel que recibe al apóstol, al profeta, al justo, al pequeño. ¿Cómo practico la hospitalidad? ¿A quiénes hago el bien?


    4. ORA (Qué le respondo al Señor) 
  • Señor, hoy quiero pedirte perdón. Porque no te entiendo a Ti como el valor absoluto de mi vida y de mi actividad. Hay otros ídolos en mí: el consumo, la soberbia, la vanidad, la pereza, la insensibilidad hacia el necesitado...
  • Señor, hoy te pido perdón. Porque no acojo con cariño, respeto y fraternidad a aquellos que son tus mensajeros. No soy hospitalario. No soy solidario con aquellos que lo dan todo por el Evangelio. Siempre saco la excusa de que tengo que atender a la familia, pues la familia es lo primero. Tus palabras, Jesús, me dicen algo distinto.
  • Señor, te pido perdón. Porque, aunque hago cosas por el Evangelio (catequesis, animador de la Palabra, ministerios litúrgicos, servicio social, etc...), no me siento entregado totalmente a tu causa. Pongo por delante tantas cosas que al Evangelio me dedico cuando me sobra tiempo, cuando esto debía ser lo primero en mi pensamiento y en mi actividad. ¡Perdón, Señor!


    5. CONTEMPLA
  • A Jesús, que lo dio todo por el Evangelio: su felicidad junto al Padre, su entrega hasta la muerte.
  • A ti mismo, tan débil, inestable, cobarde tal vez, en tu dedicación al Evangelio.Repite con frecuencia: El que quiera conservar la vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. (Mt 10, 39).A los demás; unos, que me animan a darlo todo por Jesús; otros, que aminoran mis ideales de un seguimiento más radical de Jesús.


  • 6. ACTÚA
  • Repite con frecuencia: El que quiera conservar la vida, la perderá y el que la pierda por mí, la salvará. (Mt 10, 39).


  • Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net


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  • P. Martín Irure
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