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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 15o. Domingo del Tiempo Ordinario


Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A. 
1. INVOCA


  • Preparamos nuestro ánimo para entrar en oración. Para escuchar al Señor que quiere decirnos su Palabra. Dejemos al Espíritu que trabaje en nuestro interior. Como a la Virgen María, el Señor quiere transformar nuestra persona y vida. Y el Espíritu es el Artífice, que hará posible esa conversión interior.
  • Conforme vamos repitiendo la súplica Veni, Sancte Spiritus, permitimos al Espíritu que vaya cambiando nuestra conciencia, según el modelo de la Palabra.
    Veni, Sancte Spiritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza) 



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 13, 1-23) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico
  • El evangelista Mateo reúne en este capítulo 13 siete parábolas, que tratan de descubrir el sentido íntimo del Reino o del proyecto de Dios. De las siete parábolas, tres también nos narran Marcos y Lucas. Son: el sembrador, el grano de mostaza y la levadura. Las otras cuatro son propias de Mateo: el trigo y la cizaña, el tesoro escondido, la perla preciosa y la red.
  • Sabemos que las parábolas son cuentos o historias, entresacadas de la realidad de la vida humana, que trasmiten una enseñanza. En las parábolas, Jesús se presenta como el Sabio. Los sabios, que algunos de ellos escribieron los libros sapienciales del Antiguo Testamento, miran y reflexionan desde la fe sobre la realidad social y religiosa en la que viven. De ahí, extraen una enseñanza. Es un modo de enseñar diferente al del profeta, que siente la voz de Dios en su interior y transmite a la gente la denuncia contra las injusticias y el culto vacío y anuncia la conversión.
  • Las parábolas tienen como finalidad descubrirnos los secretos del Reino, el proyecto de Dios sobre la humanidad.

    Texto

    1. Salió el sembrador a sembrar (v. 4) 
  • Dios es el Sembrador. Él es quien tiene siempre la iniciativa. Él siempre está en la faena. Su ser íntimo es el Amor. Y desde el Amor ha poblado el cosmos de seres, que son imágenes de su bondad. Él es la fuente inagotable de todo Bien.
  • Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo, movido por su amor (Ef 1, 4).
  • ¿Qué hace el Sembrador? Salió a sembrar.

    a. Salió.
    Dios siempre está en éxodo, saliendo hacia sus criaturas, en especial hacia los humanos. Él salió de Sí mismo al crear a todos los seres. Y así comparte su ser y su vida con ellos. Los ha señalado un destino de armonía dentro del conjunto de la creación. A los humanos los destinó a ser nada menos que hijos suyos en el Hijo por decisión gratuita de su voluntad (Ef 1, 5).
  • Salió en el éxodo bíblico para liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto.
  • Caminó con su pueblo por el desierto hasta llegar a la tierra prometida.
  • Pero, salió de sí mismo, sobre todo, en su Hijo Jesús, que se hizo humano como nosotros, atravesó el desierto de nuestra existencia, realizó la verdadera liberación de nuestras esclavitudes, celebrando su misterio pascual (verdadero éxodo) y nos condujo a la auténtica tierra de salvación y de felicidad, que es Él mismo. En virtud de la riqueza de gracia, que derramó sobre nosotros por medio de su Hijo querido (Ef 1, 6).

    b. A sembrar
  • Nuestro Dios siempre está en activo. Mi Padre nunca cesa de trabajar; por eso, yo trabajo también en todo tiempo (Jn 5, 17).
  • Él pone en nuestro corazón: el proyecto de hacernos felices, las ganas de superación, la salvación, el destino de ser alabanza de su gloria (Ef 1, 12).
  • En cada momento de nuestra existencia, el Señor sigue sembrando en nuestro interior: los buenos deseos y aspiraciones, las ganas y la fortaleza para caminar en el seguimiento de Jesús, para hacer el bien y perdonar, para ser amados y amar.
  • Generosamente y gratuitamente: Por pura gracia han sido salvados (Gal 2, 5). Con su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención y el perdón de los pecados, en virtud de la riqueza de gracia que Dios derramó abundantemente sobre nosotros con gran sabiduría e inteligencia (Gal 1, 7-8).

    2. Unas semillas (v. 4)
  • La semilla es la misma vida de Dios. Ustedes no han recibido un Espíritu que los haga esclavos, para caer en el temor, sino que han recibido un Espíritu que los hace hijos adoptivos y nos permite clamar: `Abbá´, es decir, `Padre´. (Rom 8, 15).
  • La semilla es el Reino de Dios, es decir, el plan de Dios de ser amados por Él mismo con amor total y de hacernos felices, aun en medio de las limitaciones de nuestra existencia.
  • La semilla es la Palabra de Dios, que nos da su propia vida. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida (Jn 6, 63).
  • La semilla es el mismo Jesucristo, sembrado en nuestros corazones desde el bautismo. Tanto amó Dios al mundo que le dio a su único Hijo, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3, 16).

    3. Cayeron en terreno... (vs. 4ss.) 
  • Somos nosotros. ¿Qué tipo de terreno preparamos para recibir la buena semilla de la vida de Dios?
  • Semilla en el camino: ¿qué acogida hacemos a la Palabra?
  • Semilla al borde del camino: ¿qué resistencias ponemos a la total donación del Señor?
  • Terreno pedregoso: ¿dureza de corazón?
  • Terreno entre espinas: ¿pasiones o vicios, que sofocan: terreno?
  • Tierra buena: ¿nos abrimos totalmente a la acción de Dios para que fructifique en nosotros, al ciento por uno, el don del Señor?

    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • Agradecemos al Señor su misma vida, su generosidad para con nosotros.
  • Nos abrirnos a su gracia y a su entrega total.
  • Acogemos totalmente su vida, su Palabra, su salvación.


    4. ORA (Qué le respondo al Señor) 

    Debe brotar de nuestro interior la acción de gracias y de alabanza.


    5. CONTEMPLA

    Al Sembrador Jesús, incansable y generoso, que nos injerta en Él. Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que está unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no pueden hacer nada (Jn 15, 5).

    6. ACTÚA
  • Repite: Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica (Lc 11, 28).



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  • Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net

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