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Lectio Divina. 17o. Domingo del Tiempo Ordinario


Lectio Divina. 17o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A.


1. INVOCA


  • El Espíritu está dispuesto a manifestarnos el sentido de la Palabra. Basta que nosotros queramos abrirle la puerta de nuestra conciencia.


  • Nos disponemos en plan de escuchar la Palabra y de recibir la inspiración del Espíritu.


  • Suplicamos al Espíritu que descienda sobre cada uno de nosotros, con la invocación repetida Veni, Sancte Spiritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza) 



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 13, 44-52) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico


    Hoy leemos otras tres parábolas del Evangelio según san Mateo. Nos describen otros aspectos del Reino de los cielos, del proyecto de Dios sobre los humanos. Éstas parábolas son: el tesoro escondido, la perla preciosa y la red de pescar. Reflexionamos sobre el sentido de estas parábolas.

    Texto

    1. El tesoro escondido (v. 44) 



  • Estas dos parábolas son semejantes y contienen parecido mensaje. Es una explicación más del misterio del Reino de Dios, de los aspectos que tiene el plan de Dios sobre la humanidad.


  • El mensaje de Jesús en estas parábolas quiere provocar y animar a la gente a buscar con toda entrega la vida que el mismo Dios nos ofrece. Incluso, a saber y poder renunciar a muchas cosas, aun legítimas, por el Reino.


  • El tesoro escondido en el campo refleja bien la intención de Jesús. El Reino, la vida con Dios es un tesoro, algo inapreciable a los ojos humanos, algo que muchos no lo tienen en cuenta.


  • Es un tesoro escondido para muchos, no porque el Señor no lo dé a conocer, sino porque muchos tienen su corazón cerrado al mensaje de salvación que Dios nos ofrece constantemente.


  • La reacción de quien encuentra el tesoro es de: alegría y de renuncia a todo por quedarse y disfrutar del tesoro. Es lo mejor que le puede suceder.


  • Cuando uno ha encontrado el tesoro y la perla del Reino, de la vida con Dios, todo lo demás se sacrifica con gusto y con gozo.


  • Y esto sucede aquí, en nuestra historia presente, no sólo en el más allá. El Reino de Dios es la alternativa a una sociedad consumista, materialista, injusta, que busca la felicidad por caminos desviados. Y que así nunca la encontrará.

    2. Una red que echan al mar (v. 47)


  • Esta parábola se parece a la del trigo y la cizaña.


  • La red simboliza la salvación que Dios ofrece y que alcanza a gran cantidad de humanos. De parte de Dios, la oferta de salvación es para todos. El momento de la selección final será en el juicio definitivo.


  • Los buenos y los malos están mezclados en este mundo. El bien y el mal también están mezclados en nuestro interior. El llamado a la conversión está presente en este mensaje, pues nuestro Dios nos espera para ir exterminando lo malo y adquiriendo los verdaderos valores del Reino.


  • Éste es el plan de Dios o la predestinación, que no quiere decir “estar obligados” a recorrer un camino preestablecido por Dios. Quiere decir que nuestro Dios nos ha creado para la felicidad total y eterna. El que rechaza este proyecto amoroso de Dios, él mismo busca su propia frustración, a pesar de todo el amor y bondad que el Padre ha derrochado con él desde antes de la creación (Ef 1, 4).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 


  • La Palabra nos enseña que:


  • la vida con Dios es el mejor tesoro, que debemos descubrir, estimar y cultivar.


  • todo lo terreno debe quedar relativizado e iluminado por lo más importante, por el Absoluto que es Dios;


  • la renuncia a cosas terrenales ha de ser una constante en la vida del cristiano, a favor de los bienes, del Bien único, que es nuestra felicidad según Dios.


  • hay que renunciar con alegría, convencidos de que el Reino, el Evangelio es la mejor opción para nosotros.


  • a fe, recibida en el Bautismo, es el mejor tesoro que llevamos dentro y que, a veces, no nos damos cuenta de él.


  • Estamos predestinados a ser felices, lo más felices posible en esta tierra. En la gloria, recibiremos la totalidad del gozo.


  • Ser agradecidos al don generoso del plan que Dios ha preparado para cada uno de nosotros.


    4. ORA (Qué le respondo al Señor) 


  • Gracias, Señor, porque me has elegido desde siempre para ser con otros hermanos: hijos tuyos por medio de Jesucristo y así ser un himno de alabanza de tu gloria (Ef 1, 3-6).


  • Gracias, Padre, porque nos has dado tu misma vida desde el Bautismo. Hemos recibido no un espíritu que nos haga esclavos, sino un Espíritu que nos hace hijos adoptivos y nos permite clamar: "Abbá", esto es, Padre (Rom 8, 15).


  • Gracias, Jesús, porque con tu entrega nos haces descubrir el tesoro de tu amor y del amor del Padre, que nos llena de alegría. Con su muerte, el Hijo nos ha obtenido la redención, el perdón de los pecados, en virtud de la riqueza de gracia que Dios derramó abundantemente sobre nosotros con gran sabiduría e inteligencia (Ef 1, 7-8).


    5. CONTEMPLA 


  • Al Padre, que nos regala su amor como el mejor tesoro que tenemos y que debemos descubrirlo cada vez más en nuestra vida.


  • A Jesús, que nos manifiesta su gran amor, al entregar su vida por nuestra felicidad.


  • A cada uno de nosotros, para que disfrutemos del tesoro del amor de Dios.


  • A nuestros seres queridos, para que ellos sepan descubrir ese tesoro, oculto en sí mismos.


    6. ACTÚA


  • Repite con frecuencia: Señor, Tú eres mi tesoro, la perla más preciosa eres Tú.

  • Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net 



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  • P. Martín Irure
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