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El sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina - Capítulo 3: Orientaciones prácticas (II) - PRIMERA PARTE



El sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina
Autor: Congregación para el Clero


II. El ministerio de la dirección espiritual

Capítulo 3: Orientaciones prácticas (II) - PRIMERA PARTE

Itinerario o camino concreto de vida espiritual

87. Partiendo de estas líneas fundamentales sobre la dirección espiritual y teniendo en cuenta la realidad de hoy, en el cruce de gracia y situaciones sociológicas y culturales, se obtienen algunas orientaciones prácticas, siempre abiertas a nuevas gracias y a nuevas circunstancias.

La aplicación del consejo espiritual (dirección, acompañamiento) ha de tener en cuenta la vocación eclesial específica, el carisma particular o las gracias especiales. Dado que la persona es “una”, es necesario conocer sus circunstancias concretas de vida: familia, trabajo, etc. Si se trata de una vocación y de un carisma específico, es oportuno prestar atención a los diversos momentos del camino [87] .

En todo momento es necesario prestar especial atención a casos y situaciones particulares, como el cambio de estado eclesial, los deseos de mayor perfección, la tendencia a los escrúpulos, los fenómenos extraordinarios.

88. Es oportuno iniciar el camino de la dirección espiritual, con una relectura de la vida. Es de gran ayuda tener algunos propósitos o un proyecto de vida que incluya la relación con Dios (oración litúrgica y personal), la relación fraterna, la familia, el trabajo, las amistades, las virtudes concretas, los deberes personales, el apostolado, los instrumentos de espiritualidad. En el proyecto pueden reflejarse las aspiraciones, las dificultades, el deseo de donarse más a Dios. Es muy útil precisar los medios que se quieren utilizar en el camino de la oración, de la santidad (virtud), de los deberes del propio estado, de la mortificación o de las « pequeñas dificultades cotidianas » [88] .

89. Hay un momento inicial en el que se tiende a hacer brotar actitudes de piedad y de perseverancia en las virtudes de oración y adhesión a la voluntad de Dios, alguna práctica de apostolado, formación del carácter (memoria, inteligencia, afectividad, voluntad), purificación, formación a la apertura y a una actitud de autenticidad sin dobleces. Se afrontan, pues, los casos de aridez, inconstancia, entusiasmo superficial o pasajero, etc. Es el momento justo para « extirpar... y plantar » (Jer 1,10), para conocer y orientar rectamente la pasión dominante.

90. Un segundo momento se llama tiempo de progreso, en el que se tiende al recogimiento o vida interior, a una mayor humildad y mortificación, a la profundización de las virtudes, a mejorar la oración.

Así se llega a un momento de mayor perfección en el que la oración es más contemplativa, se trata de extirpar las preferencias, distinguiendo un aspecto “activo” y uno “pasivo” (o sea secundar fielmente la acción de la gracia que es siempre sorprendente), aprendiendo a pasar la noche del espíritu (noche de la fe). La profundización en la humildad se trasforma en gestos de caridad.

91. Cada una de las virtudes necesita de una atención específica. Las luces, las inspiraciones o mociones del Espíritu Santo se reciben en este camino, que es de continuo discernimiento para una mayor fidelidad y generosidad. Los casos concretos de gracias especiales o de debilidades espirituales o psíquicas se afrontan con el debido estudio, comprendida la colaboración de otras personas más expertas, siempre con gran respeto.

Es útil seguir un proyecto de vida que se puede subdividir sencillamente en un conjunto de principios, objetivos y medios. O sea, se indica dónde se quiere ir, dónde se encuentra, dónde se debe ir, qué obstáculos se pueden encontrar y qué instrumentos se deben utilizar.

92. Influye directamente en la vida espiritual el «sacrificio eucarístico, fuente y cumbre de la vida cristiana» [89] para construir la unidad de vida, necesaria a los presbíteros [90] y a los fieles [91] . Entre los medios concretos de vida espiritual, además de las fuentes principales (eucaristía, Palabra, oración…), son relevantes por su aspecto práctico la Lectio divina o meditación según métodos diversos, la práctica asidua del sacramento de la reconciliación, la lectura espiritual, el examen de conciencia (particular y general), los retiros espirituales. La lectura espiritual de santos y autores de espiritualidad es guía en el camino del conocimiento de sí, de la confianza filial y de la entrega generosa.

93. Es normal que el camino cristiano presente algunas crisis de crecimiento y de maduración, que pueden verificarse en grado diverso. La “noche obscura” de la fe se puede presentar en varios momentos, pero especialmente cuando la persona se acerca más a Dios, hasta experimentar una especie de “silencio” o “ausencia” de Dios que, en realidad es un hablar y una presencia más profunda de Dios mismo. El acompañamiento espiritual es más necesario que nunca en aquel momento, con la condición de que se sigan las indicaciones que nos han dejado los grandes santos y maestros del espíritu.

En el apostolado hay momentos de aridez, de derrotas, de malentendidos, de calumnias y también de persecución, la cual puede venir, por error, de personas buenas (la “persecución de los buenos”). El consejo espiritual debe ayudar a vivir el misterio fecundo de la cruz como un don peculiar de Cristo Amigo.

94. En la vida cristiana se presentan situaciones particulares. A veces se trata de luces y mociones del Espíritu y deseos de mayor entrega o apostolado. Pero hay también momentos de ilusiones engañosas que pueden provenir del amor propio o de la fantasía. Pueden existir también desánimos, desconfianza, mediocridad o negligencia y también tibieza, ansia excesiva de hacerse apreciar, falsa humildad, etc.

95. Cuando se verifican casos o fenómenos extraordinarios es necesario referirse a los autores espirituales y a los místicos de la historia eclesial. Es necesario tener presente que estos fenómenos, que pueden ser fruto de la naturaleza, o también en el caso que provengan de una gracia, pueden expresarse de forma imperfecta por motivos psicológicos, culturales, de formación, de ambiente social. Los criterios que la Iglesia ha seguido para constatar su autenticidad se basan en contenidos doctrinales (a la luz de la Sagrada Escritura, de la Tradición y del Magisterio), la honestidad de las personas (sobre todo la sinceridad, la humildad, la caridad, además de la salud mental) y los frutos permanentes de santidad.

96. Existen también enfermedades o debilidades psíquicas vinculadas a la vida espiritual. A veces son de carácter más espiritual, como la tibieza (aceptación habitual del pecado venial o de las imperfecciones, sin interés en corregirlas) y la mediocridad (superficialidad, fatiga para el trabajo sin un sostén en la vida interior). Estas debilidades pueden estar relacionadas también con el temperamento: ansia de perfeccionismo, falso temor de Dios, escrúpulos sin fundamento, rigorismo, laxismo, etc.

97. Las debilidades o enfermedades de tipo neurótico, más vinculadas a la vida espiritual, necesitan de la atención de expertos (en espiritualidad y psicología). Habitualmente se manifiestan con una excesiva riqueza de atención o una profunda insatisfacción de sí (“hysterein”) que trata de atraer el interés y la compasión de todos, produciendo con frecuencia un clima de agitación eufórica en el que puede quedar involucrado el mismo director espiritual (creyendo proteger una víctima o una persona privilegiada). Estas manifestaciones no tienen nada que ver con la verdadera contemplación y mística cristiana, la cual, admitiendo la propia debilidad, no trata de cautivar la atención de los otros, pero se expresa en la humildad, en la confianza, en el olvido de sí para servir a los otros según la voluntad de Dios.
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