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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 19o. Domingo del Tiempo Ordinario



Lectio Divina. 19o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A. 

1. INVOCA

  • Prepara tu oración. Haz silencio exterior: ruidos, aislamiento... Haz silencio interior: planes de trabajo para después, preocupaciones... Libérate de todo eso. Lo más importante que ahora tienes que hacer es: estar con el Señor.
  • Invoca al Espíritu. Ábrele las puertas de tu conciencia. Él siempre está disponible y atento a tu llamada. Repite el canto: Veni, Sancte Spiritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza) 



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 14, 22-33) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico
  • El relato de Mateo presenta algunos rasgos diferentes al relato anterior de Marcos (6, 45-52):
  • La barca es la sacudida por los vientos. En Marcos los sacudidos son los discípulos. Mateo alude a la barca de la Iglesia, sacudida por los problemas internos de judeo-cristianos y por la persecución del imperio romano.
  • La actuación de Pedro no aparece en Marcos. En los tiempos en que Mateo escribió su Evangelio (año 85), Pedro sería considerado ya “el primero entre iguales”, cabeza de las comunidades cristianas. Pedro, todavía débil, es el signo visible de la debilidad de los discípulos de Jesús y de la confianza en Él, a pesar de todo.
  • El acto de fe de los discípulos Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios (v. 33) es una bella conclusión de este relato: Jesús es el Hijo de Dios.

    Texto

    1. Soy yo, no teman (v. 27) 
  • Imagen de la Iglesia y de cada cristiano. En el AT, el mar es el símbolo de las fuerzas del mal. Dios las vence con su poder (Sal 77; Job 9, 8). Ahora, Dios está en Jesús. Clara manifestación de la divinidad de Jesús.
  • La noche (v. 25) es otro signo de las fuerzas del mal. Pero Jesús se presenta antes de la madrugada. Lo mismo que la resurrección (Jn 20, 19).
  • Los discípulos creen ver a un fantasma (v. 26). No reconocen a Jesús. Lucas (24, 37-38) nos describe parecida escena, pero con Jesús Resucitado.
  • La palabra de ánimo de Jesús domina la situación, va serenando tanto a las fuerzas de la naturaleza como a los miedos de los discípulos.
  • Imagen de lo que sucede en la Iglesia y en cada uno de nosotros. Los sobresaltos, los miedos, las tempestades de todo tipo nos sobrevienen cuando Jesús está ausente. Y al estar presente, hay que reconocer en Él su fuerza y su ayuda. La Palabra firme del Señor nos da la paz, venciendo las fuerzas del mal.

    2.Hombre de poca fe (v. 31) 
  • El diálogo de Jesús con Pedro sólo lo narra Mateo. Este evangelista presenta a Pedro subrayando la importancia que ya tenía su figura en los primeros años de la Iglesia. Según Mateo, Pedro aparece como:
  • portavoz del grupo de discípulos (15. 15), pidiendo a Jesús explicación de su enseñanza;
  • Pedro recibe en privado una orientación del Maestro (17, 24-27);
  • Jesús le confía a Pedro las llaves del reino de los cielos (16, 19).
  • Con todo, Mateo quiere resaltar, en el relato que hoy leemos, la fragilidad de la fe de Pedro. Se debate entre el miedo a hundirse en las adversidades y la confianza en Jesús.
  • Qué bien nos refleja Pedro a cada uno de nosotros! Así somos: hombres de poca fe, pero que, en definitiva, aceptamos nuestra limitación y nos abandonamos confiadamente en el amor y en la protección de nuestro Padre.

    3. Verdaderamente eres Hijo de Dios (v. 33) 
  • Todo el relato de Mateo nos conduce a esta proclamación de fe.
  • Son las mismas palabras que, en nombre de los doce, pronunciará Pedro (16, 16) y el centurión romano al pie de la cruz (24,57).
  • Todo el relato sigue un proceso humano y creyente. Desde los miedos hasta la fe total en Jesús. Desde la debilidad humana hasta la seguridad que ofrece la presencia de Jesús subiendo a la barca (v. 32), donde están los discípulos. Éstos reconocen a Jesús como el dominador de las fuerzas del mal, como Hijo de Dios (v. 33).
  • Cuando está Jesús, cuando se reconoce su presencia y su poder, el creyente en Él recupera la paz, la confianza. Y se entrega totalmente al Señor. Cuando me siento débil, entonces es cuando soy fuerte (2 Cor 12, 10).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • Nos sale de muy adentro el grito desesperado de Pedro: ¡Señor, sálvame! (v 30). Pues nos movemos muchas veces sobre aguas inestables y turbulentas, no sobre tierra firme.
  • Y el grito de fe no se improvisa. Es decir, hay que cultivar la confianza en Dios en tiempos de bonanza, para que no sólo nos acordemos de Él y le invoquemos en tiempos de tormentas y tentaciones.
  • Nos acercamos a Jesús. Saltamos hasta Él, por encima de las olas inestables y que quieren devorarnos. Para agarrarnos a Él ciegamente. Pues, Él es el único que puede dominar todos nuestros miedos e inseguridades.


    4. ORAR (Qué le respondo al Señor) 
  • Concédenos, Jesús, una fe total en Ti, que nos haga vencer todos los temores, dudas, debilidades y limitaciones.
  • Concédenos fortaleza para serenar a nuestros hermanos cuando son atacados por cualquier tempestad. Que sepamos ofrecerles nuestra barca, la comunidad cristiana, la Iglesia, donde contigo dentro, Señor, naveguemos serenos y con seguridad en el mar proceloso de nuestra existencia.


    5. CONTEMPLA 
  • A Jesús, que domina con autoridad las fuerzas del mal dentro de cada uno de nosotros.
  • A Jesús, que nos reprocha nuestra falta de confianza en Él.
  • A mí mismo, tan débil, cuando me dejo llevar de “mis” seguridades y no pongo mi confianza total en el Señor.
  • A otros hermanos, que necesitan reavivar la fe en el Único que nos libra del mal y nos da su propia fortaleza.


    6. ACTÚA
  • Ante las dificultades, repite con frecuencia: No temas, yo estoy contigo.(Hch 18, 10)




  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Martín Irure

    Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net



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