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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 20o. Domingo del Tiempo Ordinario



Lectio Divina. 20o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A. 



El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el domingo 14 de agosto, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.


1. INVOCA

  • Vas a entrar en diálogo con el Señor en este rato de oración. Y, más que nada, la oración es escuchar al Señor, antes que tú expreses tus sentimientos.
  • Habla, Señor, que tu siervo/a escucha. Es la súplica humilde y confiada que te va a introducir en el diálogo de amor con el Padre.
  • Orar es tratar de amistad con quien sabemos nos ama (Santa Teresa de Jesús).
  • Orar es el encuentro entre la sed de Dios y nuestra sed (San Agustín).
  • Ábrete a la luz y a la fuerza del Espíritu. Recita y canta: Veni, Sancte Spiritus.

    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 15, 21-28) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

  • La descripción que Mateo nos trae en este texto es mucho más que una curación de una niña. Es, además, un motivo para decirnos que Jesús sale de las fronteras de Palestina para llegar a tierras de paganos. Tiro y Sidón eran ciudades de la región de los fenicios, al norte de Palestina.
  • Mateo utiliza el nombre de cananea aplicándole a la mujer que ruega la curación de su hija. Así eran designados los paganos en el Antiguo Testamento. Lo mismo sucede con la palabra perro, dicha en un sentido despectivo que le atribuían los judíos.

    Texto

    1. Ten piedad de mí, Señor (v. 21)

  • El ruego de la cananea dirigido a Jesús tiene toda la expresión de angustia y de esperanza.
  • Esta mujer pide la salud corporal. Pero, también podemos entrever que la curación total suponía dejar libre a la niña de los poderes del mal. Es decir, una sanación completa.
  • En la oración, ponemos al descubierto al Señor todas nuestras necesidades. La fe también nos dice que en el Señor está la salvación total. Y que no es malo pedir la salud corporal y sicológica de una persona, de un ser querido.
  • No olvidemos que orar es insistir, pedir con perseverancia al Señor. Como lo hizo la cananea. Ésta supera todos los prejuicios tradicionales contra los judíos. Es decir, sale de sí, porque lo que le interesa es la curación de su hija.
  • Por supuesto que no termina en esto nuestra oración de petición. Por encima y dentro de ella, está el crecer en la confianza en el amor y misericordia del Padre. Sobre todo, hemos de pedir esto: confianza ilimitada en que Él sabe, conoce y quiere nuestro bien y los caminos que a esto conducen mucho mejor que nosotros.

    2. Dios me ha enviado sólo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel (v. 24)
  • Jesús aparenta desinterés ante el ruego de la cananea. Dios me ha enviado sólo a las ovejas descarriadas del pueblo de Israel (v. 24).
  • A veces, experimentamos en nuestra súplica el “olvido de Dios”, el “silencio del Señor” ante nuestra oración desesperada.
  • Pero, Dios no juega con nosotros ni se esconde ni se olvida. Porque Él está en nuestro interior para hacer posible que nosotros nos entreguemos a Él con esperanza y confianza. Es el intento parecido al que la mamá hace con su bebé, a quien deja “abandonado” momentáneamente para que vaya consolidando sus piernas y sus pies y aprenda a caminar y a confiar.
  • Pero el silencio de Dios puede obedecer también a nuestro olvido y descuido permanentes en nuestra relación y comunicación con Él. Pues sólo nos acordamos de su poder cuando estamos en apuros y en problemas.

    3. ¡Mujer, qué grande es tu fe! (v. 28)
  • Los discípulos animaron a Jesús para que atendiera a aquella mujer, que gritaba y gritaba. Y Jesús, compadecido del dolor de aquella madre y admirado de su persistencia y de su fe, como que queda “derrotado” en este encuentro: Porque tu fe es grande, que te suceda lo que pides (v. 28).
  • Es posible que en nuestra vida “nadie venga a nosotros pidiéndonos nada”. Los discípulos rogaron a Jesús que atendiera los gritos de aquella mujer. Y la pregunta para nosotros es: ¿cómo abrir el apetito, el deseo a otras gentes para que recurran a reflexionar en la Palabra de Dios? ¿Cómo despertar y aumentar en nosotros el deseo del alimento de la Palabra?
  • Detrás de nosotros, comunidades cristianas, ¿quién viene “acosándonos” para buscar y encontrar en Jesús el remedio a sus carencias? Más bien, al invitarles a nuestras reuniones, podremos escuchar una respuesta, con palabras, pero más con los hechos: Déjame en paz. ¿Cómo podemos suscitar el hambre de la Palabra? ¿Qué podemos hacer entre todos para despertar la apatía y la pereza por la Palabra, por una vida cristiana íntegra y coherente?
  • La fe firme, constante y esperanzada puede hacer milagros a favor del bien espiritual nuestro y de los demás. Tenemos este gran reto.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • ¿Nos sentimos impelidos a acercarnos a tierras extranjeras, cananeas, es decir, a aquellas personas que viven como si Dios no existiera?
  • ¿Cómo me califico sinceramente ante el Señor en mi celo apostólico hacia los demás? ¿Qué hago por animar la fe, la vida cristiana en mi familia, en los compañeros de trabajo, en el barrio, en otros lugares?
  • Como comunidad de fe, ¿qué testimonio ofrecemos a los demás en nuestras palabras y en nuestras obras?


    4. ORAR (Qué le respondo al Señor) 
  • Señor, queremos saciarnos de la bondad de tu misericordia. Queremos llenarnos de las migajas del banquete de tu Palabra. No somos dignos de sentarnos a la mesa de los hijos. Pero, también creemos que Tú nos llenas de tus bienes abundantemente.
  • Suscita en nosotros una fe grande, como la de la cananea, para que Tú realices el milagro de nuestra total conversión a Ti y, con nuestro testimonio y palabras, sepamos animar a otros “paganos”, que, tal vez, se hayan olvidado de Ti.


    5. CONTEMPLA
  • A Jesús que se acerca a cada uno de nosotros, a nuestras zonas “paganas”, alejadas de su amor y misericordia, por nuestra desidia.
  • A nosotros, necesitados de salvación, con el grito en el corazón y en la boca: Te compasión de mí.
  • A otros hermanos, por los que pedimos al Señor su conversión a la fe en Jesús.


    6. ACTÚA
  • Con toda confianza, suplicaremos frecuentemente al Señor: Ten piedad de mí, Señor. 





  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Martín Irure
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