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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 21o. Domingo del Tiempo Ordinario



Lectio Divina. 21o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A. 




El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el domingo 21 de agosto, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.


1. INVOCA

  • Prepara tu ánimo para entrar en la escucha de la Palabra que el mismo Señor te a va a dirigir en este rato. Sigamos el consejo que nos da la constitución Dei Verbum, nº 25 del Vaticano II, citando a san Ambrosio: A Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras.
  • A la lectura de la Sagrada Escritura debe acompañar la oración para que se realice el diálogo de Dios con el hombre (Dei Verbum, 25).
  • Voy a comenzar el diálogo con el Señor, escuchando primero lo que Él me dice a través del texto evangélico.
  • Me abro a las mociones del Espíritu, invocándole: Veni, Sancte Spiritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza) 



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 16, 13-20) (Qué dice la Palabra de Dios) 

    Contexto bíblico

    Este texto se ubica en un momento clave de la vida de Jesús. Su ministerio, al comienzo, tuvo mucho éxito. Fueron muchos los que le siguieron. Pero, en esta ocasión, Jesús se retiró al norte de Palestina, en Cesarea de Filipo (40 kilómetros al norte del lago Tiberíades), solo con sus discípulos, para “reconsiderar” el fracaso de su tarea evangelizadora. Incluso en el diálogo con sus discípulos, Jesús pretende que éstos vean más claro que nadie su misión.

    Texto

    1. ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? (v. 13)

  • Es un sondeo de opinión que hace Jesús para conocer mejor la opinión de la gente sobre su persona y misión. La gente cree que Jesús es un profeta. Uno de los antiguos profetas y, tal vez, el mismo Juan Bautista que ha resucitado... Pero, la gente no le identifica a Jesús como el Mesías, el enviado de Yavé.
  • Todavía el pueblo no ha captado quién es Jesús y cuál es su misión. Le siguen porque hace milagros y así quedan beneficiados.
  • Lo importante es captar bien la identidad de Jesús de Nazaret: quién es, qué trae a la humanidad, qué nos ofrece a nosotros hoy Descubrirle a Él como el auténtico Enviado del Padre, para entrar en comunión con su persona y su proyecto.

    2. Y según ustedes ¿quién soy yo? (v. 16)
  • La pregunta que Jesús lanza a sus discípulos no es un juego literario, meras palabras. Es una pregunta vital, importante para Jesús y más importante para los discípulos.
  • Jesús quiere, por un lado, reafirmarse en su misión y confirmar a los discípulos en su seguimiento. Podemos suponer que Jesús también tuvo interrogantes sobre su propia vocación, como hombre que asumió todas las condiciones humanas, incluidas la tentación y las dudas.
  • Por eso, la pregunta va dirigida en voz alta a sí mismo. Y también es una pregunta que cuestiona y pretende purificar la misma adhesión de sus discípulos.
  • Y esta pregunta ha cuestionado durante veinte siglos a los que se llaman y quieren ser cristianos, es decir, discípulos de Jesús. Es una pregunta dirigida a cada uno de nosotros, para que sepamos responderla, no tanto con fórmulas aprendidas de memoria en el catecismo, sino con respuestas vitales, que comprometen toda nuestra existencia.

    3. Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo (v. 16) 
  • Movido por revelación divina, Pedro da en el clavo. Es el testimonio de una fe auténtica. La fe que lleva al amor. Como lo indica el texto del evangelio de Juan 21, 17: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te quiero.
  • La fe en Jesús lleva a la entrega total por amor a su persona y su misión.
  • Yo creo en el Amor. La fe nos lleva a reconocer el inmenso e infinito Amor de Dios, manifestado en la entrega de su Hijo Jesús. Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único (Jn 3, 16).
  • Tanto crees en Jesús cuanto le amas. Y tanto le amas cuanto actúas como Él actuó.

    4. Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (v. 18) 
  • La comunidad de seguidores de Jesús se fundamenta en la sólida roca que es Pedro, en cuanto que él mismo confiesa que Jesús es el Mesías e Hijo de Dios y actúa así en consecuencia.
  • Jesús es el único que no nos falla. La santidad de la Iglesia está en Él, que es la Cabeza. Y en los miembros, santificados y consagrados por su comunión con Él.

    5. Todo lo que ates en la tierra... (v. 19) 
  • Es un error afirmar, como lo hacen algunos que se dicen cristianos: “Jesucristo sí, Iglesia no”. Jesús confió a la Iglesia, santa y pecadora, los dones de su salvación.
  • Donde está la Iglesia está Jesús. Y a Jesús lo encontramos, sobre todo, en la Iglesia, en la celebración del misterio pascual (muerte y resurrección) de Jesús en la Eucaristía y en los sacramentos. La Iglesia es el lugar privilegiado donde encontramos a Jesús y la salvación, que Él ofrece constantemente al mundo.


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • ¿Qué le respondo a Jesús cuando a mí me dirige esa pregunta esencial: tú, ¿quién dices que soy yo?
  • Mi respuesta ha de ser vital y personal, no teórica ni común. Una respuesta que brote de mi experiencia de amor con el Señor.
  • Esta pregunta de Jesús cuestiona toda mi vida: pensamientos, sentimientos, valores, planes, ideales, ocupaciones, actuaciones, conducta, familia, comunidad cristiana...
  • Es una respuesta que la tengo que hacer yo mismo, encarándome con todo lo que llevo en mí
  • ¿Trato de leer obras sanas y profundas sobre Jesús o pierdo el tiempo leyendo libros, novelas, películas, que hoy están de moda y que dicen absolutas “majaderías” sobre Jesús? ¡Qué pena causan esos cristianos que, con formación teológica escasa o nula, se dedican a esas lecturas! ¡Qué fácilmente se quedan con esas opiniones y no con lo que la Iglesia y los teólogos de la Iglesia enseñan sobre Jesús!


    4. ORA (Qué le respondo a Jesús) 
  • Repítele muchas veces: Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo...
  • Pide a Jesús crecer en un mayor conocimiento vivencial de Él.


    5. CONTEMPLA
  • Quédate fascinado ante la belleza y sublimidad de este Jesús Mesías, Hijo de Dios, hermano nuestro, que vive en la Iglesia, en su Palabra, en la celebración de su misterio.
  • Contempla a tantos cristianos mediocres, que no tienen interés en profundizar en esa experiencia de fe y amor con Jesús.


    6. ACTÚA
  • Haz un propósito firme en meditar en la persona y mensaje de Jesús, leyendo libros que puedan formarte sólidamente en el conocimiento y experiencia con Él.
  • Repite muchas veces en coloquio amoroso con Él:
  • Tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo.
  • Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.





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  • P. Martín Irure


    Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net
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