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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 23o. Domingo del Tiempo Ordinario

Lectio Divina. 23o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A.
 

1. INVOCA

  • La oración es, sobre todo, escuchar a Dios antes que responderle. Es estar a solas con el Señor en la confianza y en la entrega.
  • Vas a disfrutar en este tiempo de oración de ese encuentro con el Padre, con Jesús, con el Espíritu. Los Tres divinos van a dialogar en tu interior. Y van a comunicarte su Palabra.
  • Prepara tu ánimo. Haz silencio exterior e interior. Evita los ruidos y las preocupaciones.
  • Invoca al Espíritu para que te abra al verdadero sentido de la Palabra. E interiorizada la Palabra, llevarla a la vida, para que ésta quede transformada.
  • Invocamos al Espíritu, con el canto: Veni, Sancte Spiritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza) 



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 18, 15-20) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

  • El capítulo 18 de Mateo trata de la vida de la comunidad. Los puntos que desarrolla el evangelista, como enseñanza directa de Jesús, son:
  • quién es el mayor en el Reino;
  • no escandalizar a los pequeños;
  • ir en busca de la oveja perdida;
  • la corrección fraterna (que leemos en este domingo).
  • perdonar siempre.

    Texto

    1. Si tu hermano te ofende (v. 15) 

  • La enseñanza de Jesús quiere orientar la conducta de los que forman la comunidad de sus discípulos. Es cierto que había pecadores entre los discípulos que convivieron con Jesús y entre los cristianos de la comunidades que conoció el evangelista. Es decir, discípulos que se creían los importantes en el Reino del Mesías (Mt 18, 1), discípulos que escandalizaban a los pequeños (vs. 6-10), discípulos que, creyéndose los “puros”, no se preocupaban de los que andaban descarriados (vs. 12-14), discípulos que no perdonaban ni ofrecían el perdón correcto (vs. 15-17).
  • La corrección fraterna, propuesta por Jesús es fruto del amor al prójimo. Y la finalidad de la corrección fraterna es hacer que el ofensor recapacite, pida perdón y quede reintegrado a la comunidad. . Los discípulos de Jesús forman una comunidad. Y como tal, el pecado del hermano no sólo ofende al otro hermano, que recibe directamente la ofensa, sino también ofende a la misma comunidad, de la que forman parte tanto el ofendido como el ofensor. Con la ofensa mutua, queda golpeada, ofendida y empobrecida la misma comunidad.
  • Al hermano que ofende, hay que tratarlo con amor y comprensión. El amor conduce a pensar en las causas por las cuales se comporta así un hermano. El segundo paso es preguntarse ¿qué le pasará a este hermano, para que se comporte asÍ? Es decir, hay que entrar, de algún modo, en el interior del ofensor para interpretar correctamente su proceder.
  • La comprensión de la actitud del ofensor lleva al diálogo entre ofendido y ofensor, con la mayor serenidad posible. La finalidad es aclarar los motivos, las actitudes, las reacciones...
  • En la comunidad cristiana, hay todavía otros procedimientos para lograr que el ofensor recapacite y pida perdón: convocar a uno o dos hermanos (v. 6); más, comunicar a la comunidad (v. 17). Terminados todos estos pasos, se espera que se dé la reconciliación. De lo contrario, hay que declarar al ofensor como un “extraño” a la misma comunidad.
  • El modelo es el mismo Jesús. Al soldado que le abofetea, no le responde Jesús con la misma medida, sino que le corrige con serenidad: Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien ¿por qué me pegas? (Jn 18, 23).

    2. Díselo a la comunidad (v. 17)
  • La comunidad es el lugar del perdón. Así lo quiso Jesús. Lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo; y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo (v. 18). Jesús entrega el perdón y la salvación a la Iglesia, que está para celebrar la reconciliación entre los discípulos de Jesús.
  • Todo el interés de la comunidad eclesial ha de centrarse en recuperar al hermano que se ha desviado por su propia cuenta. La Iglesia, como propone Jesús, ha de ir en busca de la oveja perdida, aun dejando a un lado las noventa y nueve (Mt 18, 12).
  • Jesús aporta a la humanidad un nuevo tipo de relaciones fraternas. Afrontar las situaciones injustas. Reconciliar a los que están distanciados por la enemistad y xenofobia. Establecer relaciones de amistad y buena convivencia entre las personas, familias y sociedades. Fomentar la esperanza en el cambio y la conversión de las personas.
  • La comunidad de Jesús debe estar presente, como Él, para ofrecer y dar el perdón, fruto del amor.

    3. Allí estoy yo en medio de ellos (v. 20)
  • La presencia de Jesús en la comunidad es la fortaleza para sus seguidores. Él es el quien capacita a la comunidad y a cada uno de sus integrantes para hacer como Él hizo y sigue haciendo: amar, perdonar y reconciliar. La Iglesia tiene el ministerio de la reconciliación: atar y desatar.
  • La Iglesia es el sacramento (signo visible) de Jesús presente y actuante en la celebración.
  • La asamblea litúrgica, reunida para la celebración de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía, es signo visible de la presencia redentora del mismo Jesús. Cristo está presente cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: `Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos´ (Vaticano II, Sacrosanctum concilium, 7)


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • Reviso mi propia vida, para analizar mis actitudes de perdón por las ofensas que posiblemente recibo. ¿Cómo respondo a esas ofensas? ¿Con palabras y gestos más duros? ¿Con paz? ¿Con diálogo? ¿Con perdón, sin guardar resentimientos?
  • Si ofrezco el perdón ¿me siento cobarde, poca persona, humillado? ¿Me dominan los sentimientos de humillación, de ser menos si me callo o acostumbro a responder con perdón y amor? O ¿espero la ocasión para desquitarme?
  • ¿Trato de ser instrumento de paz entre los que me rodean? ¿Soy fácil en lanzar chismes e interpretaciones acusadoras o que malinterpretan al otro?
  • ¿Qué hago de positivo para la verdadera paz en mi comunidad?


    4. ORA (Qué le respondo al Señor) 
  • Mi oración puede centrarse en estos términos: comprender, dialogar, ofrecer y dar el perdón.
  • Arrepentimiento por mis fallos en estos aspectos. Sentirme “instrumento de reconciliación” entre mis hermanos.


    5. CONTEMPLA

    A Jesús, que perdona y corrige al soldado que le abofetea. En la cruz, que pide al Padre el perdón a los que le insultan.


    6. ACTÚA
  • Ofrece el perdón interiormente a aquellos que te hayan ofendido.
  • Recita: Hazme, Señor, instrumento de tu paz.

    Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
    Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
    Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
    Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
    Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
    Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
    Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
    Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
    Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.

    Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
    ser comprendido, cuanto comprender,
    ser amado, cuanto amar.

    Porque es dándose como se recibe,
    es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
    es perdonando, como se es perdonado,
    es muriendo como se resucita a la vida eterna.

    (Autoría atribuída a San Francisco de Asís)





  • Preguntas o comentarios al autor


  • Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net


    El Licdo Orlando Carmona, Ministro de la Palabra, ha elaborado y diseñado una hoja dominical Dios nos habla hoy con la LECTIO DIVINA dominical para el 4 de septiembre, de una manera muy sencilla y clara, para imprimirla y poder repartirla a nuestras comunidades.
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