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Lectio Divina. 26o. Domingo del Tiempo Ordinario

Lectio Divina. 26o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A. 






1. INVOCA

  • Orar es esperar. saber que Él nunca me defrauda.
  • Estar convencido de que Él: siempre me ayuda, me da fuerzas para superar el pecado, me acompaña siempre, quiere que corresponda a su amor, me espera, me ama, me perdona.
  • Orar es: esperar y confiar aun contra todas las razones humanas.
  • Invoco la luz y la animación del Espíritu. Repito cantando Veni, Sancte Spiritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza) 




    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 21, 28-32) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

  • Esta parábola viene después del episodio de la higuera estéril (Mt 21, 18-22). Es una advertencia directa al pueblo de Israel, que dijo sí a la alianza del Sinaí, pero no cumplió tal alianza con Dios en su historia.
  • Israel, llamado desde antiguo, dijo su no a la elección y predilección que Dios tuvo con él. En cambio, los paganos y pecadores, que primero dijeron no, han escuchado la invitación de Juan Bautista y la de Jesús.
  • Cuando Mateo escribía estos textos, se aplicaba históricamente la enseñanza de Jesús, que ahora leemos.

    Texto

    1. No basta decir sí

  • La parábola marca la diferencia que se da entre las palabras y los hechos. Un hijo que responde sí con su lengua. Pero, que por sus obras dice que no.
  • Jesús nos pide coherencia, es decir: entre lo que se promete y se hace debe haber coordinación, corresponsabilidad, concordancia. Al prometer algo, toda la persona queda comprometida para hacer aquello que se ha prometido.
  • Los fariseos decían sí a realizar la alianza con el Señor. Pero, sus obras estaban alejadas del amor responsable al don de Dios con su pueblo. Se cerraron al mensaje tanto de Juan Bautista como al de Jesús. ¿Dónde estaban su sinceridad y coherencia?
  • Lo que importa no son las apariencias externas sino la actitud interior. El que verdaderamente cumple la alianza no es el que cumple unos ritos externos, sino que el vive la voluntad de Dios.
  • Así Jesús pretendía hacer entender a los dirigentes judíos que ellos eran los que decían no a la verdadera fe, a la verdadera alianza. Los que acogían el mensaje de Jesús eran los acusados de pecadores, que se arrepentían y cambiaban de vida.
  • No basta con decir a boca llena: Yo soy buen cristiano, buen católico. Las obras lo dirán. Hay que integrar fe y obras. Coherencia entre lo que se cree y lo que se practica.

    2. Les llevan ventaja (les llevan la delantera) (v. 31)
  • Lo que importa es el arrepentimiento de la conducta de pecado y el cambio de vida. El pregón del Evangelio, el de Juan y el de Jesús, así comienza: Conviértanse, porque está llegando el reino de los cielos (Mt 3, 2 y 4, 17).
  • La conversión nace en el corazón, en la voluntad decidida de un cambio de vida. No bastan las palabras bonitas, ni leyes ni preceptos estupendos, ni los actos religiosos, que no afectan para nada el interior.
  • Jesús no adopta la postura de los fariseos, que se apartan de los “pecadores e impuros”. Se mezcla y come con ellos, no va al templo a ofrecer sacrificios, le llaman glotón y borracho, no ayuna como los fariseos ni se lava las manos antes de las comidas... Manifiesta Jesús que cuando está el novio o el esposo presente no tienen por qué ayunar los que lo acompañan (Mt 9, 15).
  • Jesús pretende cambiar la actitud interior de sus oyentes, motivarlos a entender su enseñanza como una liberación de tantas cargas, como la invitación permanente a entender el Evangelio como una fiesta continua, como una respuesta al gran amor que Dios tiene a todos, en especial a los pobres y despreciados, a quienes el Señor les tiene gran predilección.
  • Creer a Jesús es: confiar en Él totalmente y entregarle la vida por completo. Ser cristiano, discípulo de Jesús, es tarea de todos los días. No creerse buenos ni, por consiguiente, despreciar a los demás.
  • “Ser cristiano quiere decir, siempre, estar haciéndose cristiano” (K. Rahner).
  • “Dios mío, ayúdame a no contentarme con creer que soy cristiano, sino haz que llegue a serlo de verdad”. (K. Rahner).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • Quiero descubrir las contradicciones de mi vida y ponerlas ante el mismo Señor. Sin tapujos ni hipocresías, con sinceridad y honradez. Para que Él me cure y me sane. Para sentirme más libre. Sin miedos ni dobleces.
  • Experimentar que soy algo porque me dejo amar, porque mis obras son fruto del amor de Dios, que permito que invada mi vida.
  • Experimentar cuánto me falta para responder, dentro de mis limitaciones, al infinito amor que Él me tiene siempre.
  • No despreciar la religiosidad de los sencillos, de los que tienen escasos conocimientos humanos. No tildar a nadie de “pecador”.


    4. ORA (Qué le respondo al Señor) 
  • Señor, quiero ser coherente conmigo mismo. No puedo contentarme con decirte: Sí quiero, sí voy a hacer. Para luego, olvidarme y seguir con la rutina y la pereza.
  • Que mi vida sea un sí continuo a tu gracia y a tu ayuda. No quiero ser un hipócrita que predique, enseñe o aconseje a otros lo que yo mismo no quiero realizar.


    5. CONTEMPLA 
  • A Jesús, que sale en defensa de los que son sinceros ante Dios y que fustiga a los que se creen impecables.
  • A ti mismo, que te preguntas: ¿en qué grupo me ubico: fariseos o publicanos?


    6. ACTÚA
  • Repite muchas veces como el publicano cuando oraba en el templo: Ten compasión de mí, Señor, que soy un pecador. (Lc 18, 13).

  • Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net
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