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Lectio Divina. 27o. Domingo del Tiempo Ordinario



Lectio Divina. 27o. Domingo del Tiempo Ordinario
Tiempo Ordinario. Oración con el Evangelio. Ciclo A. 
1. INVOCA

  • Orar es: buscar a Dios para encontrarlo y, encontrado, seguir buscándolo más y más.
  • Orar es: saborear quedamente el encuentro con mi Dios en el banquete de su amistad.
  • “Encontrar a Dios consiste en buscarlo sin cesar. Buscar y encontrar, no son dos cosas distintas, pero el premio de la búsqueda está en la misma búsqueda” (San Gregorio de Nisa).
  • Para encontrarnos con el Señor, nos abrimos a la inspiración de su Espíritu, invocando: Veni, Sancte Spiritus

    Ven, Espíritu Santo,
    te abro la puerta,
    entra en la celda pequeña
    de mi propio corazón,
    llena de luz y de fuego mis entrañas,
    como un rayo láser opérame
    de cataratas,
    quema la escoria de mis ojos
    que no me deja ver tu luz.

    Ven. Jesús prometió
    que no nos dejaría huérfanos.
    No me dejes solo en esta aventura,
    por este sendero.
    Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
    mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
    Te necesito en mi noche
    como una gran tea luminosa y ardiente
    que me ayude a escudriñar las Escrituras.

    Tú que eres viento,
    sopla el rescoldo y enciende el fuego.
    Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
    Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
    Tengo las respuestas rutinarias,
    mecánicas, aprendidas.
    Tú que eres viento,
    enciende la llama que engendra la luz.
    Tú que eres viento, empuja mi barquilla
    en esta aventura apasionante
    de leer tu Palabra,
    de encontrar a Dios en la Palabra,
    de encontrarme a mí mismo
    en la lectura.

    Oxigena mi sangre
    al ritmo de la Palabra
    para que no me muera de aburrimiento.
    Sopla fuerte, limpia el polvo,
    llévate lejos todas las hojas secas
    y todas las flores marchitas
    de mi propio corazón.

    Ven, Espíritu Santo,
    acompáñame en esta aventura
    y que se renueve la cara de mi vida
    ante el espejo de tu Palabra.
    Agua, fuego, viento, luz.
    Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza) 



    2. LEE LA PALABRA DE DIOS (Mt 21, 33-43) (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto bíblico

  • La actitud del pueblo de Israel a la vocación de ser pueblo de la alianza con Dios, Jesús la explica por medio de tres parábolas:
  • la respuesta de los dos hijos (domingo pasado);
  • los viñadores homicidas (este domingo),
  • el banquete de bodas (domingo 28).

    Texto

    1. Una vieja historia de amor

  • La parábola describe el estilo de entonces de cultivar y cuidar una viña. Claro que no todas las viñas eran tratadas y atendidas de igual modo. La descripción nos dibuja un trato especial con esta viña: cerca de protección, lagar para elaborar el mejor vino, construcción de una torre para vigilarla y guardarla cuidadosamente.
  • Esta parábola hace referencia a lo que ya escribió el profeta Isaías (primera lectura de este domingo). Por lo tanto los oyentes de Jesús conocían la referencia y la lección. El dueño de la viña hizo todo lo posible por crear, tratar, cuidar la viña con todo mimo y atención. Pero los arrendatarios ni pagaron la renta, maltrataron a los emisarios y mataron al hijo.
  • Ésta es una historia de amor. Así comienza Isaías: Mi amado tenía una viña (Is 5, 1; primera lectura de hoy). Es una vieja historia de amor. Yavé cuidó de su pueblo, le libró de la opresión egipcia, le guió por el desierto, hizo un pacto de amor con él: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón (Dt 6, 5), construyó una torre en medio de la viña para vigilar su propiedad (Israel, pueblo de su propiedad: Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios (Ez 36, 28), le envía a los profetas para que recuerden constantemente la alianza y para apartarlos de los dioses falsos...
  • Finalmente les envió a su Hijo pensando: `A mi Hijo lo respetarán´ (21, 37).
  • La queja del dueño de la viña es amarga y comprensible: ¿Qué más debí hacer por mi viña, que yo no haya hecho? (Is 5, 4; segunda lectura de este domingo).
  • Es una historia triste de un amor no correspondido...

    2. Se les quitará el reino (v. 43)
  • La viña representa el reino de Dios. Los trabajadores homicidas son los representantes del pueblo de Israel. Los criados son los profetas, que el Señor envió permanentemente a los viñadores para recordar la alianza y recoger los frutos. El hijo no respetado, capturado, arrojado de la viña y asesinado es Jesús, a quien los jefes del pueblo le clavarán en la cruz. Es también la piedra rechazada que se ha convertido en piedra fundamental (v. 42).
  • Jesús lanza esta tremenda acusación. Ellos han rechazado todas las invitaciones de Yavé a vivir en la alianza pactada. Se han creído los dueños de la viña, es decir, de la gente del pueblo de Israel, de la salvación que les enviaba el mismo Dios. Más todavía: el Hijo está presente, piedra angular del nuevo edificio, el pueblo de Dios. No le oyen. No se convierten. Terminarán matándolo fuera de la viña, es decir, declarándole hereje y maldito.
  • Después de la historia de amor, después de que el Señor ha agotado todas las pruebas de amor sin recoger frutos, la pregunta se impone: Cuando regrese el dueño de la viña, ¿qué hará con esos viñadores? (v. 40).
  • Se les quitará el reino y arrendará la viña a otros viñadores que le entregarán el fruto a su tiempo (v. 43). La cita del profeta Isaías se la saben de memoria. Y la recitan. Ellos mismos se declaran culpables y responsables de todo. El reino pasa a otras manos, el Evangelio se abre a los pueblos paganos, quedando el pueblo de Israel relegado a segundo plano.
  • La reacción de los fariseos y jefes de los sacerdotes no se hizo esperar, sabiendo que todo aquel discurso de Jesús iba para ellos: Querían capturarlo, pero tuvieron miedo de la gente, porque lo tenían por profeta (v. 46).
  • Es el drama que describe Pablo en la carta a los Romanos. Pablo, al fin, tiene la confianza puesta en la misericordia de Dios, por la cual Israel se salvará. El endurecimiento de una parte de Israel no es definitivo; durará hasta que se convierta el conjunto de los paganos. Entonces todo Israel se salvará (Rom 11, 25-26).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios) 
  • Toda mi vida es una historia de amor. El Padre se ha desvivido por regalarme su misma vida: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3, 16).
  • Toda la Trinidad se ha trasplantado a mi vida a mi interior. Dios se ha enamorado de mí. Y por eso existo en toda mi persona. Dios es amor (1 Jn 4, 16). Y toda mi vida es una consecuencia total de ese amor que mi Padre me tiene.
  • Consideren el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre: hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos (1 Jn 3, 1).
  • Toda mi vida es una “bella historia de amor” del Padre, de Jesús, en el Espíritu.


    4. ORA (Qué le respondo al Señor) 
  • Gracias, muchísimas gracias, Padre. Tú me das la mayor prueba de que me amas, al entregarme totalmente a tu Hijo Jesús para mi salvación, para que yo viva y sea feliz.
  • Él nos eligió en Cristo antes de a creación del mundo... Movido por su amor, él nos destinó de antemano, por decisión gratuita de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos, por medio de Jesucristo, y ser así un himno de alabanza a la gloriosa gracia que derramó en nosotros, por medio de su Hijo querido (Ef 1, 4-6). Gracias, Padre. Perdón, Jesús por mi despiste y pecado.
  • ¿Qué más puedo esperar de Ti, Padre querido? Toda mi vida, desde antes de nacer, está diseñada y realizada en el Amor. Tú, Padre, no puedes dejar de amarnos. Y, aunque nosotros seamos tus viñadores ingratos, Tú siempre nos envías profetas, sacerdotes, hermanos y ¡hasta tu propio Hijo!, para regresar a tu inmenso Amor. ¡Gracias, Padre! ¡Gracias, Jesús!


    5. CONTEMPLA
  • Al Padre que nos envía constantemente mensajeros y a su mismo Hijo como Salvador, para que nosotros entendamos que Él es Amor y vivamos envueltos en su Amor.
  • A ti mismo, que, sin darte cuenta muchas veces, estás sumergido en ese océano de Amor.


    6. ACTÚA
  • Cuando me sienta triste y con problemas, me quedaré recogido, arropado y protegido por el Amor de mi Padre y de Jesús.
  • Recitaré el salmo 136, recordando y agradeciendo la historia de mi salvación: Porque es eterno su amor. Porque es eterna su misericordia: 

    ¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!

    ¡Den gracias al Dios de los Dioses, porque es eterno su amor!

    ¡Den gracias al Señor de los señores, porque es eterno su amor!

    Al único que hace maravillas, ¡porque es eterno su amor!

    al que hizo los cielos sabiamente, ¡porque es eterno su amor!

    al que afirmó la tierra sobre las aguas, ¡porque es eterno su amor!

    Al que hizo los grandes astros, ¡porque es eterno su amor!

    el sol, para gobernar el día, ¡porque es eterno su amor!

    la luna y las estrellas para gobernar la noche, ¡porque es eterno su amor!

    Al que hirió a los primogénitos de Egipto, ¡porque es eterno su amor!

    y sacó de allí a su pueblo, ¡porque es eterno su amor!

    con mano fuerte y brazo poderoso, ¡porque es eterno su amor!

    Al que abrió en dos partes el Mar Rojo, ¡porque es eterno su amor!

    al que hizo pasar por el medio a Israel, ¡porque es eterno su amor!

    y hundió en el Mar Rojo al Faraón con sus tropas, ¡porque es eterno su amor!

    Al que guió a su pueblo por el desierto ¡porque es eterno su amor!

    al que derrotó a reyes poderosos, ¡porque es eterno su amor!

    y dio muerte a reyes temibles, ¡porque es eterno su amor!

    a Sijón, rey de los amorreos, ¡porque es eterno su amor!

    y a Og, rey de Basán, ¡porque es eterno su amor!

    Al que dio sus territorios en herencia, ¡porque es eterno su amor!

    en herencia a Israel, su servidor, ¡porque es eterno su amor!

    al que en nuestra humillación se acordó de nosotros, ¡porque es eterno su amor!

    y nos libró de nuestros opresores, ¡porque es eterno su amor!

    Al que da el alimento a todos los vivientes, ¡porque es eterno su amor!

    ¡Den gracias al Dios de los cielos, porque es eterno su amor!





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  • P. Martín Irure


    Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net
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