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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

¿Buscamos tiempo para pensar?

Mil “necesidades” intentarán ocupar nuestros minutos e inquietar el alma hasta impedir que la mirada atisbe lo esencial.

Escuchamos música, vemos películas, leemos libros, consultamos páginas de Internet. La cantidad de informaciones y de estímulos puede aturdir los corazones. Pero luego, ¿buscamos tiempo para pensar?

Un modo de vivir desordenado nos ha llevado a suponer que no tenemos tiempo para la reflexión. En realidad, el tiempo no ha cambiado: la Tierra se mueve hoy como hace mil años (a no ser que los astrónomos tengan que precisar este dato). Lo que ha cambiado es nuestro modo de vivir o, mejor, nuestro modo de malvivir.

Con menos prisas, con menos solicitaciones, con menos angustia por lo accesorio, seremos capaces de abrir espacios para pensar. No de un modo egoístico: un pensamiento encerrado en uno mismo resulta extremadamente pobre e inhumano. Sino de un modo abierto, solidario, disponible a la escucha de los “sabios” en humanidad, en alegría, en justicia, en experiencias buenas, en ideas verdaderas.

Necesitamos rescatar tiempo para abordar temas esenciales: el origen de la vida, el horizonte que se abre tras la muerte, la dignidad de cada hombre o mujer: nacido o no nacido, rico o pobre, con títulos o sin ellos. Necesitamos invertir la mejor parte de las energías interiores en ese asunto que desde que el hombre es hombre ha preocupado a millones de habitantes de nuestro planeta: ¿qué lugar, qué papel desempeña Dios en el sucederse de los hechos y en las expectativas de los corazones?

El día empieza. Lo susurra o lo grita un despertador inflexible, o un pájaro que picotea en la ventana. Mil “necesidades” intentarán ocupar nuestros minutos e inquietar el alma hasta impedir que la mirada atisbe lo esencial, lo importante, lo que nunca acaba.

Si ponemos orden en la agenda interna, si dejamos de ser esclavos de mensajes que nos aturden y oprimen, lograremos abrir espacios para lo que nunca pasa, para lo realmente importante, para lo que más necesitamos: el maravilloso e infinito Amor que viene de un Dios que nos conoce y nos espera en un Reino que dura eternamente.
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
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