Traduce esta página /Translate

English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

Lectio Divina. 4o. Domingo Adviento

Lectio Divina. 4o. Domingo Adviento
Oración con el Evangelio. Ciclo B. 


Lc 1, 26-38


1. INVOCA

  • Orar es:
    - comulgar con Dios, con los hermanos y con la creación;
    - estar con las personas que amo, porque Dios las lleva en su corazón;
    - la iniciativa de Dios hacia el hombre y el impulso del hombre hacia Dios;
    - entrar en el misterio de Dios y en el misterio del hombre;
    - entrar en la escuela de Jesús y aprender de sus modos de comunicarse con el Padre.

  • El Espíritu siempre está disponible para iluminarnos con la Palabra y animarnos a llevarla a la práctica. Le invocamos, cantando: Veni, Sancte Spiritus.


    2. LEE LA PALABRA DE DIOS Lc 1, 26-38 (Qué dice la Palabra de Dios)

    Contexto litúrgico 


  • El cuarto domingo de Adviento señala la última etapa de preparación para la celebración de Navidad, misterio de encuentro de Dios humanizado, de la Palabra hecha palabras humanas, de toda la Trinidad que definitivamente se implanta en el corazón de los humanos.

    Contexto bíblico

  • Lucas describe el evangelio de la infancia de Jesús en torno a María. Mateo, en cambio, lo hace en torno a José.

  • El anuncio de la venida del Mesías se realiza lejos del templo de Jerusalén (como se describe también el anuncio de Juan Bautista), en una humilde aldea de Galilea, Nazaret. Y no se da el anuncio a un sacerdote (como en el relato del Bautista), sino a una sencilla mujer. ¡Qué contrastes!

    Texto

  • Lucas narra el anuncio de la venida del Salvador según el esquema tradicional de los géneros literarios de las anunciaciones (Ismael, Isaac, Sansón, Samuel):
    - saludo del enviado de Dios. Aquí, el ángel Gabriel (v. 28);
    - extrañeza y turbación de quien recibe el anuncio, María (v. 29);
    - el enviado invita a la serenidad, comunicando el mensaje (30-33);
    - pregunta de la elegida, María (v. 34);
    - nueva explicación y aceptación del mensaje (35-38).

    1. Envió Dios al ángel Gabriel (v. 26)

  • La iniciativa viene de Dios, que ha ido preparando la historia de salvación en el Antiguo Testamento.

  • Cuando llegó la plenitud de los tiempos, Dios envió su propio Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo el dominio de la ley, para liberarnos del dominio de la ley, y hacer que recibiéramos la condición de hijos adoptivos de Dios (Gal 4, 4-5).

  • Jesús es presentado como el Hijo de Dios y, al mismo tiempo, hijo de María, representativa de toda la raza humana. Jesús es también el que viene a cumplir las promesas hechas a David. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (v. 32)

  • Por eso, envía a su mensajero para anunciar la venida de su Hijo, como Hijo del Altísimo. Jesús viene a realizar el Reino de Dios, cuyo signo y anticipo fueron los reinos de Israel. Reinará sobre la descendencia de Jacob por siempre y su reino no tendrá fin (v. 33).

  • Dios es siempre fiel, cumple las promesas y envía a su Hijo para traer la salvación al mundo. La promesa, la Palabra dada a los antiguos, se hace Palabra en el seno de una mujer. Toma carne y condición humanas, se hace semejante a los humanos. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 14). ¡Misterio esperado y anhelado por toda la creación! ¡Donación total de Dios en Jesús para la humanidad!

    2. Aquí está la esclava del Señor (v. 38)

  • María es la que hace posible la donación de Dios a la humanidad. Sin sueños de grandezas, como David, alejada de los centros de poder político y religioso, humilde doncella de un pueblo desconocido, en la “hereje” Galilea.

  • La actitud de disponibilidad de María abre las puertas de la humanidad a la acción salvadora de Dios. La fuerza de la Palabra del Génesis, Hágase... la luz, hagamos al ser humano, creó los seres de la nada. En los tiempos nuevos del Nuevo Testamento, las palabras confiadas y sencillas de la joven María, Hágase en mí según tu Palabra (v. 38), hacen brotar la nueva creación, el Hombre nuevo. Y la nueva creación superó a la primera.

  • María, confiada y entregada al plan de Dios, puede exclamar con toda fidelidad: Ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones (Lc 1, 48).


    3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

  • La Palabra de Dios refleja su fidelidad. Es el Dios fiel, que da estabilidad y confianza a nuestras debilidades. Porque el Señor está contigo (v. 29).

  • También a ti, como a María, el Señor te dice continuamente: No temas, porque Dios te ha concedido su favor (v. 30). Para que te unas con María al reconocimiento de las maravillas del Señor que, desde antes de la creación del mundo, está realizando por ti. Proclama mi alma la grandeza del Señor (Lc 1, 47)... porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso (Lc 1, 49).

  • Reconozco los dones del Señor en mi vida... Movido por su amor, él nos destinó de antemano, por decisión gratuita de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos por medio de Jesucristo (Gal 1, 4-5).

  • Mi actitud de disponibilidad, confianza y obediencia al plan de Dios es la de María: Hágase en mí según tu Palabra (v. 38).


    4. ORA (Qué le respondo al Señor)

  • Te doy gracias, Padre, por la riqueza de tu gracia que has derramado abundantemente sobre nosotros con gran sabiduría e inteligencia (Ef 1, 7-8).

  • Como María, quiero estar disponible para vivir en mí tu proyecto de salvación y sintonizar con tu Voluntad en todos mis actos.

  • Me confío a Ti, Padre, junto con tu Hijo y hermano nuestro, Jesús, que, al venir a este mundo, te manifestó su total disponibilidad: Aquí estoy para hacer tu voluntad (Heb 10, 7). Gracias, Jesús, porque me enseñas y me ayudas a ser verdadera persona humana y portarme como hijo del Padre y hermano tuyo. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.


    5. CONTEMPLA

  • Al Padre que todo lo renueva y recrea en Jesús para hacernos felices.

  • A Jesús, que generosamente viene a nuestra tierra para hacernos hijos del Padre.

  • A María, pura criatura humana, que sabe responder al plan salvífico de Dios.

  • A ti mismo, objeto de las complacencias de Dios y que espera toda tu entrega a Él.


    6. ACTÚA

  • Repite con frecuencia copiando la actitud de María. Aquí está la sierva(o) del Señor. Hágase en mí según tu Palabra.

  • Autor: P. Martín Irure | Fuente: Catholic.net
    Publicar un comentario

    Entradas populares