Catequesis - Los milagros de Jesús: El endemoniado en la sinagoga

La lucha con el diablo fue terrible en el desierto. Uno de los signos de que esta lucha continúa en la vida de Jesús será la expulsión de demonios de diversos posesos. Uno de los primeros fue en la sinagoga de Cafarnaúm.



Jesús acude con los primeros discípulos a la sinagoga; allí va a ser su primera predicación. "Entran en Cafarnaún; y al llegar el sábado, fue a la sinagoga y enseñaba. Y quedaban admirados de su doctrina, pues les enseñaba como quien tiene potestad y no como los escribas. Se encontraba entonces en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu inmundo, y decía a gritos: ¿Qué hay entre nosotros y tú, Jesús Nazareno? ¿Has venido a perdernos? ¡Sé quién eres tú: el Santo de Dios!"(Mc).


No saben que hacer

Con frecuencia, el dolor asusta, aunque mueva a compasión. Los accesos de un loco aumentan esta impresión. Pero, ante un endemoniado, se une el temor a lo sobrenatural tenebroso. Aquel hombre grita, poseído; se enfurece; su cuerpo se revuelca. Todos se apartan sin saber que hacer. Los gritos revelan algo de la misma tentación del desierto: manifestar o preguntar si Jesús es el Santo de Dios y un evidenciar un rechazo lleno de odio. Una parte importante del evangelio del reino va a consistir, precisamente, en expulsar al príncipe de este mundo, que es el diablo, venciéndolo con la humildad humana y el poder de Dios.


Jesús no habla, ordena

Jesús no acepta ningún diálogo con los demonios y, con autoridad y fuerza, "le conminó diciendo: Calla, y sal de él. Entonces, el espíritu inmundo, zarandeándolo y dando una gran voz, salió de él." La escena es fuerte y sorprendente, asusta. De hecho "se quedaron todos estupefactos" Y, cuando el endemoniado vuelve en sí, viene la consideración natural: ¿Qué ha pasado?, no se trata sólo de una curación que podría deberse a causas naturales "de modo que se preguntaban entre sí diciendo: ¿Qué es esto? Una doctrina nueva con potestad. Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen. Y su fama corrió pronto por doquier en toda la región de Galilea" (Mc). Para sus discípulos debió de ser una confirmación más de que estaban ante el Mesías.
Autor: P. Enrique Cases
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