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Peregrinación a Salta en diciembre

Desde el año 2001, por pedido de la Santísima Virgen María, la señora María Livia Galliano de Obeid realiza la Oración de Intercesión durante la aparición semanal de la Santísima Virgen María los días sábados en un cerro del Barrio Tres Cerritos, en la ciudad de Salta Capital.
Peregrinación a Salta: del 7 al 10 de diciembre de 2017
Acompaña Padre Fabián A. Barrera

El lunes 7 de agosto pueden empezar a llamar para recibir información sobre la peregrinación que se realizará en el mes de diciembre del corriente año.


A partir del lunes 14 de agosto se abrirá la inscripción.

Contacto para información y/o reserva:

Celular: 011-155710-3595 de lunes a viernes hábiles de 9 a 20hs. (únicamente)
Facebook: guadasouveniresreligiosos.
Correo electrónico: lau_ra_moyano@hotmail.com

Nota seleccionada para el  blog del Padre Fabián Barrera

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Casarse o estar juntos

Dios nos creó con la capacidad de amar para entregarnos al ser amado; y con el instinto sexual que conduce a la procreación (“Dios creó al hombre a su imagen y semejanza; varón y mujer los creó y les dio su bendición diciéndoles: crezcan, tengan hijos y sometan la creación... Y Dios vio que era bueno”. Génesis 1: 27, 28, 31). El fin de la unión del hombre y la mujer es amarse y brindarse ayuda mutua, disfrutar del placer sexual y tener hijos. El amor es mutua entrega, sacrificio y fidelidad (“Carne de mi carne y hueso de mis huesos”. “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola persona”. Génesis 2: 23 y 24; Efesios 5: 31).

Cuando una pareja se casa implica un compromiso: “me entrego a ti y prometo amarte y serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida”. Ese compromiso de total entrega para “compartir la vida” es el matrimonio, necesario para la estabilidad familiar y el equilibrado desarrollo de los hijos.
No se puede negar el mérito de quienes por diferentes circunstancias tuvieron que crear a sus hijos solos, y estos no necesariamente fueron disminuidos en su formación y capacidad. Pero no es esa la situación natural y conveniente a la que debe aspirar la sociedad humana. Los hijos necesitan de un hogar estable donde reciban la influencia del padre y de la madre.
El cine y la televisión promueven una campaña mundial contra el matrimonio; y los anticonceptivos facilitan el uso del sexo sin temor a embarazos, solo por placer... sin amor... sin compromiso. De esta manera el hombre y la mujer se convierten en “un objeto de placer”. Se habla de “estar juntos”, usándose para satisfacer el deseo sexual... como se usa una olla o un plato para satisfacer el deseo de comer.
Además de las razones sociológicas y sicológicas que abundan a favor del matrimonio, los cristianos creemos en la santidad del mismo como sacramento instituido por Dios. Habría que preguntar a los padres: ¿orientan a sus hijos a ser “objetos de placer sexual”, como ollas o platos desechables, o a ser “personas” que se respetan y que construirán familias estables basadas en el amor?
El autor es abogado y periodista nicaragüense, Ministro extraordinadrio de la comunión

adolfo.miranda@datasystemsa.com
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