Comunión de rodillas o de pie, en la boca o en la mano

El Santo Padre Benedicto XVI ha querido distribuir habitualmente la Comunión a los fieles de rodillas y en la boca. Lo hace así desde junio del 2008, retomando una práctica multisecular.

Sobre esto podemos decir que la distribución de la Comunión en la mano es, desde el punto de vista jurídico, un indulto a la ley universal concedido por la Santa Sede a las conferencias episcopales que lo hayan solicitado. El Santo Padre, al dar la comunión de rodillas y en la boca, ha querido subrayar justamente que la comunión en la mano es una concesión, pero que de ninguna manera debe sustituir finalmente a la comunión en la boca y de rodillas, que es el modo ordinario como se debe dar la Sagrada Comunión a los fieles.

Al invitar a los fieles a ponerse de rodillas para recibir la Comunión el Santo Padre no pretende declarar que “está mal” la comunión de pie o en la mano, o que ésta forma de acercarse a recibir la Hostia es “menos digna” que aquella. S.S. Benedicto XVI no se ha pronunciado públicamente en sentido negativo sobre la recepción de la Sagrada Comunión de pie o en la mano. Ha elegido, eso sí, la postura corporal que visiblemente subraya la realidad de la presencia de Cristo en la Hostia consagrada, para ayudarnos a tomar conciencia de que no es un pan común el que recibimos, sino que es el Señor Jesús en su Cuerpo y Sangre a quien recibimos. El Santo Padre nos invita también a cultivar una mayor reverencia y respeto ante el Misterio de la Presencia Real de Cristo en la Hostia consagrada en una época en que el sentido del misterio se ha perdido tanto.

La decisión del Santo Padre de ningún modo obedece a un deseo nostálgico de “volver a lo antiguo”, un “dar marcha atrás renunciando a los ‘avances’ alcanzados” como “signo de una actitud retrógrada”. Se trata en cambio de un gesto que quiere expresar visiblemente nuestra fe. En efecto, recibir al Señor de rodillas es expresión pública y visible de nuestra fe en su Presencia, un signo particularmente expresivo de adoración así como un gesto de humilde acogida a quien reconocemos que “no somos dignos de recibir en nuestra casa”. Porque creemos que Cristo está verdaderamente presente en la Hostia consagrada, porque creemos que ese es el “Pan vivo” que Él ofreció a sus discípulos (Ver Jn 6,51), porque creemos que ese es el modo como el Señor quiso darnos de comer su propia Carne y beber su propia Sangre como verdadera comida y verdadera bebida para comunicarnos la vida eterna, queremos expresarlo también con nuestros gestos y actitudes cuando vamos a comulgar. No se trata, pues, de un “volver a lo pasado y caduco”, sino de afirmar y profesar nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Sin duda el modo como el Santo Padre distribuye hoy en día la Comunión es una señal para todos los fieles del mundo y una sutil invitación a hacer lo mismo allí donde se pueda y cuando se pueda.

Conviene que sepamos que todo fiel está en su derecho de recibir la sagrada Comunión de rodillas y en la boca. Ningún sacerdote tiene derecho a negar la Comunión a quien debidamente preparado se arrodilla para recibirla. El sacerdote que así obrase estaría cometiendo «una grave violación a uno de los derechos más básicos del feligrés cristiano, a saber, el de ser ayudado por sus Pastores por medio de los Sacramentos (Código de Derecho Canónico, canon 213).» (Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Protocolo Nº 1322/02/L, 1º de Julio de 2002)
La misma Congregación declara: «En vista de la ley que establece que “los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos” (Código de Derecho Canónico 843, § 1), no debe negarse la Sagrada Comunión a ningún católico durante la Santa Misa, excepto en casos que pongan en peligro de grave escándalo a otros creyentes, como el pecador público o la obstinación en la herejía o el cisma, públicamente profesado o declarado.»

Fuente: infocatólica
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