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Lectio Divina. 1o. Domingo de Cuaresma.

Lectio Divina. 1o. Domingo de Cuaresma.
Oración con el Evangelio. Ciclo B.
Autor: P. Martín Irure


Marcos 1, 12-15


1. INVOCA

El Señor te invita al desierto. Jesús también lo hizo, impulsado por el Espíritu para discernir su vocación.
El desierto es lugar de encuentro con el Señor. Alejados de la rutina diaria, es necesario recurrir a la soledad para entablar el diálogo con el Señor. Lo hacemos en este rato de oración. Así también sentiremos la necesidad de encontrar más tiempo y con ganas ponernos a la escucha de la Palabra.
El Espíritu también nos impulsa a nosotros a encontrarnos con la Palabra. Nos abrimos a su inspiración. Cantamos invocándole: Veni, Sancte Spiritus:

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Mc 1, 12-15 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto litúrgico

En los tres ciclos (A, B, C) del primer domingo de Cuaresma leemos el texto bíblico de las tentaciones de Jesús. En este ciclo B, leemos el relato de san Marcos.
Recordemos que la Cuaresma es preparación para la Pascua. Tiempo de conversión. Como el mismo evangelista nos describe en el inicio de la predicación de Jesús: El plazo se ha cumplido. El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el evangelio (Mc 1, 15).

Contexto bíblico

Marcos nos presenta a Jesús en el desierto después de haber tenido la experiencia de "pecador" (sin serlo) al acercarse a recibir el bautismo de Juan. Pero, también en su profunda experiencia de intimidad con el Padre, al escuchar en su interior la voz del cielo: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco (Mc 1, 11).

Texto

1. El Espíritu lo impulsó al desierto (v. 12)

El Espíritu es la fuerza interior de Jesús. Es el dinamismo y la gracia que vienen del mismo Dios, para que Jesús discierna su vocación e inicie el camino de su éxodo (Mc 1, 2).
Este desierto no es tanto un lugar geográfico, sino un lugar teológico. Porque es un lugar poblado: Satanás, ángeles y fieras.
El desierto fue el lugar del éxodo del pueblo de Israel. Y también el nuevo éxodo es la nueva obra del Mesías. La culminación del éxodo de Jesús será su misterio pascual: muerte y resurrección. El desierto que vive Jesús representa a la sociedad judía, en la que Jesús va a actuar. También la sociedad judía es para Jesús lugar de tentación y prueba. Hasta en la cruz, la tentación perseguirá a Jesús: ¡A unos salvó y a sí mismo no puede salvarse! ¡El Mesías! ¡El rey de Israel! ¡Que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos! (Mc 15, 31-32).
El desierto, lugar alejado de la sociedad, simboliza a la sociedad judía injusta. Jesús no va a compartir los falsos valores de esa sociedad. Vive en esa sociedad, recibe el bautismo de penitencia, se somete a ciertos ritos. Pero es para poner en ellos el dinamismo y la fuerza de su vida, que recibe del Padre: Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco (Mc 1, 11).

2. Satanás lo puso a prueba durante cuarenta días (v. 13)

El número 40 es frecuente en el Antiguo Testamento para indicar un tiempo largo en el que se desarrolla una situación continuada: paz, reinado, peregrinación... Pero, este número alude, sobre todo, a los 40 años de estadía y camino del pueblo de Israel hacia la patria prometida.
En Jesús, los 40 días significan toda su vida y actividad hasta su éxodo total, muerte y resurrección, para convertirse él mismo en la patria prometida y definitiva para los creyentes.
La tentación (Satanás) acompaña a Jesús a lo largo de su vida, no sólo al final de los 40 días (como sugieren Mateo y Lucas). Es el precio que Jesús ha de pagar a su condición humana, pues ha cargado con los pecados de toda la humanidad.

3. Estaba con las fieras y los ángeles le servían (v. 13)

Fieras. Marcos puede aludir a: las fieras de los poderes de los imperios paganos (Dn 7). Marcos instala esos poderes destructores dentro de la sociedad judía. Jesús va a sufrir en su actividad apostólica las amenazas y la sentencia de muerte de parte de las autoridades judías.
Ángeles. Pero, Jesús estará siempre protegido por el Padre. Jesús también tendrá otros amigos y colaboradores (ángeles humanos), que, al fin, sintonizarán con Él y su misión.
Para Jesús el desierto continúa, lugar constante de prueba y tentación, pero también de experiencia del encuentro con el Padre (teofanía) en los hermanos marginados y en los discípulos, que seguirán su obra.

4. El plazo se ha cumplido. El reino de Dios está llegando. Conviértanse y crean en el Evangelio (v. 15)

En Jesús y con Jesús ha llegado el reino de Dios. El plan de Dios, la salvación de todos, está llegando con Jesús.
La respuesta por parte de los humanos es: conversión total y radical al Evangelio (Buena-Alegre Noticia).


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

Para mí, el lugar de encuentro con el Padre es el mismo Jesús. En el desierto de esta sociedad, donde reina la tentación, Jesús es la presencia que fortalece y me hace vencer toda pecado.
Con Él, sí puedo emprender una sincera conversión al Evangelio, para así entrar totalmente en el Reino de Dios, en el plan de salvación que el Padre trazó antes de la creación del mundo por amor.


4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Gracias, Padre, por enviarnos a Jesús, sometido en todo a nuestra condición humana. Él se ha adentrado totalmente en nuestros desiertos. Él ha asumido, desde nuestra condición limitada y pecadora, la hermosa tarea de acompañarnos, liberarnos del pecado y conducirnos a la patria, que es Él mismo.
Gracias, Jesús. Con la fuerza por tus tentaciones vencidas, te haces Fortaleza para nuestra debilidad. Tú nos acompañas en nuestro desierto y éxodo. Contigo vivimos ya los cielos nuevos y la tierra nueva, en los que habite la justicia (2 Pe 3, 13).


5. CONTEMPLA

Al Padre, mirando complacido a Jesús, que inicia su dura misión como Mesías.
A Jesús, en el fragor de la lucha, pero confiado en el Amor del Padre.
A ti mismo, también metido entre la tentación y el Amor del Padre y de Jesús, objeto de la Buena Noticia de la salvación.


6. ACTÚA

Experimenta continuamente el Amor de la Trinidad que te envuelve y te protege.
En los momentos de debilidad, siente que Jesús está contigo con toda su Fortaleza.
Repite con frecuencia: Ésta es la fuerza victoriosa que ha vencido al mundo: nuestra fe (1 Jn 5, 4).
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