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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Si Cristo gritó al Padre ¿por qué nosotros no?

El Santo Padre comenta en esta última catequesis la oración de Cristo al Padre, instantes antes de su muerte, cuando levantando su mirada gritó: "Eloí, Eloí, lama sabachtaní?" (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) Hay tres consideraciones que podemos tomar de la reflexión del Papa:



1. Fe en la presencia de Dios en medio del abandono:

El hecho de que Cristo se dirija al Padre para reclamarle en su abandono en medio del sufrimiento, es una muestra de confianza de que Él lo escucha y de que, en modo misterioso, está presente. En la tradición Bíblica, la oscuridad es ambivalente y significa tanto la ausencia de Dios como su misteriosa presencia.

2. Un sufrimiento victorioso en la Resurrección:

Cristo ha tomado sobre sí los sufrimientos de todos y los ha llevado a la Cruz, pero también a la Resurrección. Cristo sabe que su grito obtendrá respuesta en la resurrección. De la misma manera, nuestros sufrimientos también tienen sentido a la luz de la Resurrección.

3. Llevar a la oración no sólo nuestro sufrimiento, sino el de los demás:

Cuando Cristo recita el primer versículo del salmo 22, asume todo el espíritu del salmo. En ese texto, es todo el pueblo de Israel que sufre por el abandono de Dios. Cristo lleva al corazón del Padre el sufrimiento de todo el pueblo. En la oración debemos llevar al corazón de Dios no sólo nuestras cruces, sino también las cruces de los demás.


Aquí puedes leer la catequesis del Papa Benedicto XVI del 8 de febrero de 2012
AUTOR: P. Francisco Armengol, L.C.
FUENTE: http://www.la-oracion.com
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