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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 3o. Domingo de Cuaresma

Lectio Divina. 3o. Domingo de Cuaresma
Oración con el Evangelio. Ciclo B. // Autor: P. Martín Irure


Jn 2, 13-25


1. INVOCA

El Señor te va a decir su Palabra. Prepara tu ánimo para escucharle. Haz el silencio exterior e interior. El Espíritu está listo para descubrirte el sentido de la Palabra de hoy y para animarte a vivirla.
Reza la invocación Veni, Sancte Spiritus:

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 2, 13-25 (Qué dice la Palabra de Dos)

Contexto bíblico

En el relato de la boda de Caná, Jesús transforma el agua en vino. Con este signo, el evangelista Juan anuncia la sustitución de la Alianza antigua por la Nueva.
En el relato de hoy, Jesús comienza el primer ciclo de su actividad: sustituir las instituciones que pertenecían a la Antigua Alianza. La primera será el templo, centro religioso y símbolo nacional de Israel. Este texto denuncia la corrupción del templo y, en consecuencia, la del culto a Dios.

Texto

1. En el templo se encontró con los vendedores (v. 14)

Jesús no se encuentra en el templo con adoradores de Dios ni peregrinos que buscan a Dios. Sólo hay comercio. La fiesta era un medio de lucro para las autoridades religiosas.
Jesús ocupa el centro de la actuación y del relato. Según Juan, Jesús comienza su vida pública en la capital, en el templo y en una gran festividad: la Pascua. Es la ocasión propia para impartir una gran lección.

2. Echó fuera del templo a todos (v. 15)

Jesús, al estilo de los grandes profetas, condena con este gesto valiente, la falsedad de aquello que llamaban “culto a Dios”. Un culto hipócrita que no conducía al cambio de la vida sino a la explotación de los devotos peregrinos.
Al expulsar del templo a todos los animales, materia de los sacrificios, declara con esto que tales sacrificios son inútiles y que el culto ofrecido, a base de animales, está abolido. Jesús va más allá que los profetas, que proponen la reforma de los sacrificios, no la abolición.

3. No conviertan la casa de mi Padre en un mercado (v. 16)

Jesús actúa como Hijo, cuando afirma “mi Padre”. Pues es Él quien representa de verdad al Padre en el mundo. Así declara que Él es el Mesías, de acuerdo al salmo 2, 7: Tú eres mi hijo.
La casa del Padre la han convertido en casa de negocios. El culto se ha convertido en un pretexto y ocasión para el lucro. Esto es intolerable, pues también ante los sencillos, bajo el nombre de Dios, se cometen muchos abusos. El templo era y sigue siendo el lugar donde Dios manifiesta su gloria. Y los hombres lo convertimos en lugar de negocio.
Al llamar a Dios mi Padre, Jesús pone al mismo Dios, no sólo en el templo sino en la misma vida familiar, en donde se utiliza esa palabra refiriéndose al progenitor. La relación con Él ya no es de temor sino de amor.

4. Destruyan este templo y en tres días yo lo levantaré de nuevo (v. 19)

Es la frase y mensaje central de este texto o perícopa. Jesús se presenta como el verdadero templo donde Dios habita. Jesús reemplaza el gran templo de Jerusalén por sí mismo, lugar definitivo de la presencia de Dios entre los hombres.
La señal que Jesús les da es la destrucción (la muerte) de sí mismo. Y así sucederá históricamente. Jesús será entregado a la muerte por las mismas autoridades que le piden un signo. Las autoridades religiosas condenarán a Jesús porque sus señales son un atentado contra el templo. Pero, Jesús afirma que Él es la señal auténtica de la presencia de Dios entre los hombres.
Dios aprobará la actuación de Jesús, porque resucitará a su Hijo.

5. El templo del que hablaba Jesús era su propio cuerpo (21)

El cuerpo de Jesús es el verdadero santuario porque contiene en sí la plenitud del Espíritu de Dios (Jn 1, 32). Es el sacramento visible de la presencia de Dios entre los humanos. Jesús es el templo verdadero donde encontramos a Dios, ya que Él es el camino, la verdad y la vida (Jn 11, 25).
Por Jesús y en Jesús el cristiano se convierte también en templo de Dios. ¿No saben que son templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes (1 Cor 3, 16). De hecho, los primeros cristianos durante siglos no construyeron templos. Sentían que la asamblea era la comunidad donde se hacía presente el Señor. Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 20).


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

Los templos vivos donde Dios habita son las personas, creyentes o increyentes. Desde que Jesús se hizo hombre, toda la humanidad es como el gran ámbito o templo de la divinidad. Dios habita plenamente en Jesús. Y en nosotros también habita el Señor por la participación en la persona de Jesús.
¡Cuánto respeto nos merecen los templos, las imágenes, los objetos religiosos! Pues, muchísimo más hemos de respetar y “venerar” a las personas. Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de éstos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron (Mt 25, 40).


4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Gracias, Padre, por el don de tu presencia en mi persona. Por el bautismo, me hiciste hijo tuyo.
Gracias, Jesús, porque nos has incorporado a Ti mismo, formando el Cuerpo Místico.
Gracias, Espíritu, porque nos otorgas la vida verdadera, la del Padre y la de Jesús.
Gracias, por la Iglesia que somos y que formamos, aunque limitados.


5. CONTEMPLA

A Jesús que valientemente proclama que Él es verdadero templo donde habita la divinidad.
A la asamblea de fieles que forma verdadera comunidad, sobre todo, en la celebración de la Eucaristía.
A cada uno de los hermanos, donde habita la Trinidad comunicándole su misma vida.


6. ACTÚA

Mira con ojos de fe a cada hermano/a que te encuentres. Es también hijo/a de Dios.
Participa con gozo en la celebración de la Eucaristía siendo consciente de que la asamblea es el lugar privilegiado donde el Señor está presente.
Repetiré: Nosotros somos templos de Dios vivo (2 Cor 6, 16).
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