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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 4o. Domingo de Cuaresma

Lectio Divina. 4o. Domingo de Cuaresma // Oración con el Evangelio. Ciclo B.
Autor: P. Martín Irure


Jn 3, 14-21


1. INVOCA

El Señor te va a dirigir su Palabra y te va a manifestar su voluntad sobre ti y sobre tu vida. Son momentos importantes que vas a dedicar a escuchar lo que quiera manifestarte el Padre en Jesús, por el Espíritu.
El Espíritu es el que inspira la Palabra y el que anima a vivirla, llevarla a la vida.
Prepara tu interior para la escucha en el silencio del mensaje divino. Ábrete al Espíritu. Invócale con el canto-oración: Veni, Sancte Spiritus:

Ven, Espíritu Santo,
te abro la puerta,
entra en la celda pequeña
de mi propio corazón,
llena de luz y de fuego mis entrañas,
como un rayo láser opérame
de cataratas,
quema la escoria de mis ojos
que no me deja ver tu luz.

Ven. Jesús prometió
que no nos dejaría huérfanos.
No me dejes solo en esta aventura,
por este sendero.
Quiero que tú seas mi guía y mi aliento,
mi fuego y mi viento, mi fuerza y mi luz.
Te necesito en mi noche
como una gran tea luminosa y ardiente
que me ayude a escudriñar las Escrituras.

Tú que eres viento,
sopla el rescoldo y enciende el fuego.
Que arda la lumbre sin llamas ni calor.
Tengo la vida acostumbrada y aburrida.
Tengo las respuestas rutinarias,
mecánicas, aprendidas.
Tú que eres viento,
enciende la llama que engendra la luz.
Tú que eres viento, empuja mi barquilla
en esta aventura apasionante
de leer tu Palabra,
de encontrar a Dios en la Palabra,
de encontrarme a mí mismo
en la lectura.

Oxigena mi sangre
al ritmo de la Palabra
para que no me muera de aburrimiento.
Sopla fuerte, limpia el polvo,
llévate lejos todas las hojas secas
y todas las flores marchitas
de mi propio corazón.

Ven, Espíritu Santo,
acompáñame en esta aventura
y que se renueve la cara de mi vida
ante el espejo de tu Palabra.
Agua, fuego, viento, luz.
Ven, Espíritu Santo. Amén. (A. Somoza)


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 3, 14-21 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto bíblico

Nicodemo es un personaje especial. Se presenta a dialogar con Jesús, siendo fariseo. Como tal, se distinguía por su apego y cumplimiento de la Ley mosaica. Los fariseos tenían gran autoridad sobre el pueblo, porque eran observantes cuidadosos de los preceptos de la Ley. Esperaban la venida del Reino de Dios más por el cumplimiento estricto de la Ley que por medios violentos.
Llega a Jesús de noche, es decir, de incógnito, por miedo a ser descubierto como simpatizante de Jesús. Así, con esa simpatía, se dirige a Jesús (v. 2)

Texto

1. El Hijo del hombre tiene que ser levantado en alto (v. 14)

Los fariseos atribuían a la Ley dos funciones: ser fuente de vida y norma de conducta. Jesús se presenta a sí mismo como sustituyendo las funciones de la Ley. Él es la verdadera fuente que da la vida verdadera. Es el Hombre levantado en alto (v. 14). El evangelista Juan alude a la serpiente de bronce fabricada por Moisés en el desierto (Nm 21, 9). Mirándola, quedaban libres los judíos del veneno de las mordidas de las serpientes.
De Jesús procede la vida verdadera. Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá (Jn 11, 25).
Creer en Jesús. Ésa es la condición necesaria para llegar a la vida eterna (v. 15). De la gracia de Dios nos vienes la vida verdadera, no por el cumplimiento de la Ley.

2. Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único (v. 16)

Ésta es la razón definitiva de la misión del Mesías. El Hombre levantado en alto (vs. 14-15), Jesús crucificado, el que ha bajado del cielo (v. 13), es el que es enviado para dar vida al mundo.
Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo (v. 17).
El amor es la causa principal que mueve al mismo Dios a enviar a su Hijo al mundo. Y el amor es también el motivo definitivo para salvar. Dios no quiere condenar a los humanos. Por encima de todo, de la infidelidad de los hombres, prevalece el amor infinito y total de Dios hacia la humanidad.

3. El que cree en él no será condenado (v. 18)

El amor de Dios no hace excepciones, porque quiere salvar a todos los humanos. Esto es bueno y grato a los ojos de Dios, nuestro Salvador, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (1 Tim 2, 3-4).
Quien se entrega al Señor totalmente por la fe, ya no sufre condenación, porque ha creído en el Hijo de Dios (v. 18). Los mismos hombres son los que, rechazando la luz (v. 19), preparan su propia condenación.
El Hombre Jesús, levantado en alto hace presente el amor de Dios, que nos otorga gratuitamente la vida y la salvación. Ya no hay que ser fiel más que al amor de Dios, manifestado y encarnado en el Hijo único Jesús (vs. 15, 16, 18).
El que cree en Jesús, el Mesías, ya está también creyendo en las posibilidades de la respuesta del hombre a ese don gratuito de Dios. El hombre se salva, no por la práctica de la Ley, sino por su adhesión total por la fe, a la donación gratuita y generosa del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús.


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

Toda la vida del cristiano está sostenida y alimentada por la alegre-buena Noticia: Tanto amó Dios al mundo que le dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (v. 16).
Movido por su amor, él nos destinó de antemano, por decisión gratuita de su voluntad, a ser adoptados como hijos suyos, por medio de Jesucristo, y ser así un himno de alabanza a la gloriosa gracia que derramó sobre nosotros por medio de su Hijo querido (Ef 1, 4-6).
Por la gracia han sido salvados mediante la fe, y esto no es algo que venga de ustedes, sino que es un don de Dios, no viene de las obras, para que nadie pueda enorgullecerse (Ef 2, 8-9; segunda lectura de este domingo).
Esta Palabra auténtica de Dios nos ensancha el ánimo y nos abre a la confianza total en el Señor.


4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Tiene que brotar desde lo más íntimo de nuestro ser el agradecimiento sincero ante la donación generosa de Dios nuestro Padre, manifestada en la entrega de su Hijo.
En consecuencia, hemos de hacer la entrega total de nuestra vida al amor de la Trinidad.
Dios nos ha manifestado el amor que nos tiene enviando al mundo a su Hijo único, para que vivamos por él. El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros (1 Jn 4, 9-10).


5. CONTEMPLA

Al Padre, repleto de amor, que nos da en Jesús la mayor y definitiva prueba de que nos ama siempre.
A Jesús que generosamente se entrega a nosotros dándonos su propia vida.
Al Espíritu, que realiza esta donación del Padre y del Hijo a nosotros.


6. ACTÚA

Que experimentos siempre, sobre todo, en las pruebas, que Dios nos ama como nadie nos puede amar.
Que nuestra vida sea una Eucaristía (acción de gracias) constante por el derroche del Amor de Dios a nosotros.
Repetiré: Me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20).
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