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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Lectio Divina. 5o. Domingo de Cuaresma

Lectio Divina. 5o. Domingo de Cuaresma
Oración con el Evangelio. Ciclo B.

Jn 12, 20-33


1. INVOCA

La Palabra del Señor de este domingo te va a decir su mensaje y te va a manifestar lo que Dios quiere de ti. Dispón tu ánimo para escuchar con total acogida esa Palabra.
Haz en tu interior el silencio adecuado. Deja a un lado tus proyectos, ocupaciones, programas. Lo más importante en este rato es escuchar y dialogar con el Padre. Haz el silencio exterior, evitando cualquier ruido que pueda distraerte.
Invoca al Espíritu, abriéndote a su inspiración y animación. Canta y ora con la jaculatoria: Veni, Sancte Spiritus.


2. LEE LA PALABRA DE DIOS Jn 12, 20-33 (Qué dice la Palabra de Dios)

Contexto bíblico

Este episodio de los griegos que buscan a Jesús es un anticipo de la evangelización al mundo pagano que acontecerá después de la resurrección. Jesús ha venido para todos, judíos y paganos. Aquí están representados por los dos griegos. De ahí que el evangelista nos traslada a la historia inicial del cristianismo, como nos narra el Libro de los Hechos de los Apóstoles.
Cuando se escribe el cuarto evangelio, ya la predicación de la Buena Noticia había llegado a Grecia (Pablo predicó en Tesalónica, Atenas y Corinto). Felipe es nombrado en Hechos 8, y es identificado como diácono. Andrés, según la tradición, fue crucificado en Grecia.

Texto

1. Ha llegado la hora (v. 22)

La hora tiene un sentido teológico, no temporal. La hora de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Glorificación y exaltación se refieren, al mismo tiempo, a la crucifixión y resurrección, que son dos aspectos de la hora de Jesús. El relato de la pasión y muerte en Juan es diferente al de los sinópticos. Para Juan, todo el proceso doloroso de la pasión y muerte de Jesús ya está unido a su glorificación. A lo largo del relato, presentará a Jesús como quien “domina” la situación: ante el piquete que viene a prenderle, ante los acusadores y ante Pilato.
Jesús exclama: Ha llegado la hora. Jesús ya ha adelantado la salvación, porque desde que vino a este mundo vive la entrega total al Padre, para realizar su obra. Porque era Hijo aprendió a obedecer a través del sufrimiento (Heb 5, 8; segunda lectura de este domingo).
El v. 26 constituye la descripción de lo que Jesús sufrirá en la oración del huerto de Getsemaní. Jesús es consciente de que su entrega hasta la muerte es lo que salvará a la humanidad. Y en esta entrega se revela como el Hijo del hombre. Ahí se realiza el verdadero juicio del mundo (v. 31). Para el discípulo de Jesús, todo tiempo es tiempo de salvación. La historia se transforma en historia de salvación. Para el cristiano, la salvación se realiza en la historia. Ésta es la hora: la del sufrimiento transformado por la resurrección.

2. Si el grano de trigo no muere (v. 24)

Jesús es consciente de que su muerte producirá los frutos esperados: la salvación de todos, judíos y paganos, aquí representados por los griegos que ruegan: Queremos ver a Jesús (v. 21).
Para dar vida hay que dar la vida. La vida es fruto del amor. La vida plena nace del amor pleno. Amar es más que dar algo (material en dinero, comida y tiempo). Amar es darse. Sin escatimar. Hasta desaparecer, si es necesario, como individuo y como comunidad.
La muerte del grano de trigo es algo necesario para que se manifieste la energía que encierra la semilla. La vida ahí encerrada se presenta de una forma nueva, en sus frutos.
Jesús es la semilla sembrada en nuestra tierra. Él desapareció, para producir frutos de vida total y eterna. Yo soy el buen pastor. El buen pastor de la vida por las ovejas (Jn 10, 11). Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos (Jn 15, 13).

3. Padre, glorifica tu nombre (v. 28)

Jesús no se doblega al sufrimiento ni a la muerte. No pide al Padre que le libere de la hora, porque sería caer en la tentación de pretender ser un Mesías triunfalista. Es la tentación de buscar un “Dios refugio”, un “Dios para las ocasiones”, un “Dios que remedia los problemas”.
Jesús pide al Padre que realice su proyecto de salvación. Dios no quiere el sufrimiento de su Hijo amado. Quiere la salvación de los humanos. Éstos son los que hacen sufrir y asesinan al Enviado, al Hijo amado. Jesús sintoniza totalmente con la voluntad del Padre.

4. Yo le he glorificado y volveré a glorificarlo (v. 28)

El Padre, una vez más, apoya y confirma la actitud del Hijo. Una vez más, Jesús experimenta el amor del Padre, que aprueba su misión y le fortalece para culminar su obra. Como en el bautismo (Jn 1, 33), como en la transfiguración, narrada por los sinópticos.
Jesús será elevado sobre la tierra (v. 32). Y ésta será la gran fuerza con la que atraerá a todos los humanos hacia Él. Desde al amor, desde la entrega, Jesús realiza la misión encomendada por el Padre.
La misión del discípulo de Jesús se manifiesta con toda claridad en su gesto supremo: actitud de entrega hasta la muerte, por amor. Sólo así tienen sentido: la existencia, el sufrimiento y la entrega a los demás. ¡Como Jesús!


3. MEDITA (Qué me/nos dice la Palabra de Dios)

Queremos ver a Jesús (v. 21). Actitud de apertura total a la persona y obra del Salvador. Buscarle en la Palabra, en los sacramentos, en la historia de cada día, para convertirla en salvación para cada uno.
Si el grano de trigo no muere... (v. 24). Todo sacrificio, toda entrega es agradable a Dios, cuando nace del amor. Sólo entonces tendrá sentido nuestro dolor. Sólo entonces producirá fruto.
Volveré a glorificarlo (v. 28). por medio de mi actitud permanente de entrega al Padre y a Jesús. Ésta es la verdadera glorificación: realizar en mi vida la voluntad de Dios.


4. ORA (Qué le respondo al Señor)

Se puede resumir mi actitud en dos palabras: Gracias y Aquí estoy para hacer tu voluntad.


5. CONTEMPLA

A Jesús, clavado en la cruz, orando serenamente: En tus manos encomiendo mi espíritu... Todo está cumplido.
A ti mismo... Tal vez, tan lejos de lo que Jesús vive y realiza... Abandónate a Él.


6. ACTÚA

“Todo don de sí mismo es una semilla de amor que hace que nazca amor” (A. M. Cànopi).
Repetiré: Me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20).



Autor: P. Martín Irure
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