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Peregrinación a Salta en diciembre

Desde el año 2001, por pedido de la Santísima Virgen María, la señora María Livia Galliano de Obeid realiza la Oración de Intercesión durante la aparición semanal de la Santísima Virgen María los días sábados en un cerro del Barrio Tres Cerritos, en la ciudad de Salta Capital.
Peregrinación a Salta: del 7 al 10 de diciembre de 2017
Acompaña Padre Fabián A. Barrera

El lunes 7 de agosto pueden empezar a llamar para recibir información sobre la peregrinación que se realizará en el mes de diciembre del corriente año.


A partir del lunes 14 de agosto se abrirá la inscripción.

Contacto para información y/o reserva:

Celular: 011-155710-3595 de lunes a viernes hábiles de 9 a 20hs. (únicamente)
Facebook: guadasouveniresreligiosos.
Correo electrónico: lau_ra_moyano@hotmail.com

Nota seleccionada para el  blog del Padre Fabián Barrera

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Catequesis: La Teología establece siete dones del Espíritu

La tradición espiritual y teológica entiende que son siete los dones del Espíritu Santo y se encuentra en la Sagrada Escritura: Temor de Dios, Fortaleza, Piedad, Consejo, Ciencia, Sabiduría y Entendimiento. // Autor: José Maria Iraburu | Fuente: Fundación gratis date.

Los siete dones del Espíritu

Siete dones

La tradición espiritual y teológica entiende que son siete los dones del Espíritu Santo, y halla la raíz de su convencimiento en la Sagrada Escritura, especialmente en algunos lugares principales.

En Isaías 11, 2-3, concretamente, se asegura que en el Mesías esperado habrá una plenitud total de los dones del Espíritu divino. No le serán dados estos dones con medida, como a Salomón se le da la sabiduría o a Sansón la fortaleza, sino que sobre él reposará el Espíritu de Yahvé con absoluta plenitud.

No entro aquí acerca de si los dones son seis o son siete, según el texto original y la versión de los Setenta y de la Vulgata, pues habríamos de analizar cuestiones exegéticas demasiado especializadas para nuestro intento.

Los Padres antiguos vieron también aludidos los siete dones del Espíritu Santo en aquellos septenarios del Apocalipsis que hablan de siete espíritus de Dios (1,4; 5,6), siete candeleros de oro (1,12), siete estrellas (1,16), siete antorchas (4,5), siete sellos (5, 1.5), siete ojos y siete cuernos del Cordero (5,6).

Éstos y otros lugares de la Escritura fueron estimulando desde antiguo en la historia de la teología y de la espiritualidad una doctrina sistemática de los siete dones del Espíritu Santo, que alcanza su madurez en la teología de Santo Tomás, que ya hemos estudiado anteriormente, aunque sea en forma muy breve.

Correspondencia

Santo Tomás enseña que todos los dones del Espíritu Santo están vinculados entre sí, de tal modo que se potencian mutuamente: el don de fortaleza, por ejemplo, ayuda al de consejo, y éste abre camino al don de ciencia, etc. Y a su vez todos los dones están vinculados con la caridad teologal (STh I-II,68,5).

A esa doctrina muy firme, añade el Doctor común otras explicaciones más opinables, en las que señala que hay también una especial correspondencia entre cada una de las virtudes y los dones del Espíritu Santo, que vienen a perfeccionarlas en su ejercicio (STh I-II,68-69; II-II, 8. 9. 19. 45. 52. 121. 139.141 ad3m).

Virtudes teologales Dones del Espíritu

(sobre el fin) Santo

Caridad Sabiduría
Fe Ciencia y Entendimiento
Esperanza Temor

Virtudes morales

(sobre los medios)

Prudencia Consejo
Justicia Piedad
Fortaleza Fortaleza
Templanza Temor

Todos los dones del Espíritu Santo son perfectísimos, evidentemente. Sin embargo, la tradición teológica y espiritual suele ver en ellos una escala ascendente de menor a mayor excelencia: en la base pone el temor de Dios y en la cumbre el don de sabiduría.

Notemos, por último, antes de examinar uno a uno los diferentes dones del Espíritu Santo, que todos ellos, aunque sean hábitos infusos distintos, son participaciones en un mismo y solo Espíritu, que obra así en el hombre al modo divino. El apóstol Pablo expresa esto en palabras muy breves, pero muy exactas: «hay diversidad de dones, pero uno solo es el Espíritu» (1Cor 12,4).
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