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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

El tema que vale la pena

Discutimos sobre el clima, la bolsa, los impuestos, las promesas de los políticos, la mejor manera de ahorrar, pero dejamos de lado un tema que debería ocupar un lugar único.// Autor: P. Fernando Pascual LC
Los debates giran en torno a cientos de temas. Discutimos sobre el clima y sobre la familia, sobre la bolsa y sobre los impuestos, sobre las promesas de los políticos y sobre la mejor manera de ahorrar.

Pero a veces dejamos de lado un tema que debería ocupar un lugar único: si Dios existe y si se interesa por los asuntos humanos.

Porque la vida humana, sometida a miles de factores externos y a miles de intereses en conflicto, parece destinada a un futuro caótico e incierto si no interviene Alguien capaz de encender esperanzas, de perdonar pecados, de sanar conciencias, de infundir amores.

Mirar al mundo sin reconocer la posibilidad de una intervención decisiva, salvadora, de lo alto, es perder la roca imprescindible para que exista esperanza. En cambio, descubrir y aceptar que Dios se interesa por los hombres y mujeres del planeta y busca sinceramente ayudarnos abre un panorama consolador: en el camino de la historia humana existe Alguien capaz de corregir males dañinos, de rescatar a víctimas inocentes, de premiar a los que obraron el bien y la justicia.

Ese es el tema que vale la pena llevar en el corazón y en el diálogo. Otros temas, por muy importantes que sean, podrán llenar el tiempo de una tarde entre familiares o amigos, pero no alcanzarán a tocar esa inquietud profunda que se esconde en cada corazón humano: la urgencia de encontrar respuesta a la pregunta sobre el sentido que la vida adquiere cuando descubrimos a un Dios cercano y providente en el horizonte.
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