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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

¿Es poca mi fe porque pregunto?

¿Se puede decir que mi fe es mala, pobre o débil porque me gusta preguntar? preguntó a Fray Nelson una egresada universitaria y su respuesta nos atañe a todos los que en algún momentos tuvimos dudas sobre la calidad de nuestra fe:

"Me haces acordar del comienzo del Evangelio según San Lucas. Allí se cuenta de cómo el Ángel Gabriel es enviado a dos personas distintas, para dar dos anuncios parecidos. Tanto a Zacarías, esposo de Isabel, como a la Virgen María, esposa de José, el ángel debe anunciarles que tendrán hijos. En ambos casos, los aludidos hacen, cada uno, una pregunta. Zacarías pregunta esto: "¿Y yo cómo puedo estar seguro de eso?" María pregunta: "¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?" Ambos textos están en el capítulo primero de San Lucas. Son dos preguntas de dos personas en situación parecida; y sin embargo, su disposición interior es muy distinta: Zacarías quiere saber si tiene control de la situación; María quiere abrirse al plan de Dios, a quien reconoce en control de todo, incluyendo la vida de ella.


Se ve que hay por lo menos dos modos de preguntar, que corresponden a dos maneras de aplicar nuestra inteligencia al dato que nos ofrece la fe. Está el modo controlador, en el fondo descreído, que quiere saber si Dios entra en lo que yo puedo aceptar. Por supuesto, ese modo acaba en incredulidad. Está en cambio, el modo controlado, lleno de fe y humildad, que quiere saber cómo se puede servir mejor al plan de Dios. Este segundo modo es el de la verdadera teología y la verdadera formación cristiana."

AUTOR: Fr. Nelson M.
amigos@fraynelson.com
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