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10 medios para mejorar la comunicación con Dios (2)

Autor: Evaristo Sada, L.C. - Fuente La Oración


  • Pide acompañamiento espiritual: busca un director espiritual.

Detrás de un buen deportista hay un buen entrenador, detrás de un buen pintor hay un buen maestro, detrás de un buen líder hay un buen mentor, detrás de un buen empresario hay un buen consejero, detrás de un buen cristiano hay un buen pastor...
Considerando las dificultades que tiene el laico en su vida de oración, creo que algunas cosas que debe cuidar el director espiritual son las siguientes:

Conocer profundamente a cada persona que atiende, escucharla, comprenderla, respetarla, buscar descubrir qué le pide el Espíritu Santo a cada uno, ayudarle a encontrar su camino de vida espiritual, su estilo propio de oración. Aquí la gradualidad y la flexibilidad son claves.

Compartir su experiencia del amor de Dios y ser reflejo de la misericordia de Dios.
Hablarles en un lenguaje que entiendan, sin dar por supuesto conocimientos básicos de la vida y de la doctrina cristiana (sacramento del bautismo, gracia, virtudes teologales, revelación, etc.). Corregir conceptos erróneos sobre la vida de oración y aclarar términos que hoy día se han deformado (como el mismo concepto de oración y de meditación).

Ayudarles a valorar, gustar, proteger, cultivar su vida de gracia.

Llevarles de la mano, orar con ellos, acompañarles, con sentido práctico y pedagógico, paciencia, comprensión, exigencia.

Enseñar con el ejemplo: sin poses. Que sus dirigidos gusten la vida de oración sobre todo a través de su testimonio.


  • Busca experiencias fuertes de encuentro contigo mismo y con Dios.

Hay quienes están satisfechos en los chapoteaderos porque no han hecho la experiencia de la belleza y la inmensidad del mar. Un trampolín o rampa de lanzamiento en la vida de oración suelen ser las experiencias fuertes de encuentro con Dios, como son los ejercicios espirituales de conversión, las peregrinaciones, los talleres de oración, etc. Son actividades en las que se aprende mucho sobre la oración por el conocimiento de la doctrina de la Iglesia, el estudio de las escuelas de espiritualidad, el contenido de la vida espiritual, la explicación y la aplicación de diversos métodos y modalidades de oración, el intercambio de experiencias, la oración en común, etc. Experiencias a partir de las cuales dices: he probado y quiero más.

  • Cultiva el orden, la disciplina, la constancia.

La vida de oración es exigente y requiere disciplina. Si te propones un objetivo que sabes que es arduo y necesario, no puedes pretender que resulte solo. Sabes que necesitas espacios de silencio y soledad, reservar tiempos de calidad para el encuentro personal con Dios, perseverar en tus resoluciones, como puede ser la de no dejar por nada la práctica de la meditación personal diaria una vez que la has comenzado. Esto requiere determinación, constancia, mortificación.
Tienes que quererlo: Si quieres perseverar en la lucha tienes que amar aquello que buscas, tener pasión por lo que haces. Cada día renovar tu ilusión por llevar a Jesús a todas partes, tener una mejor comunicación con Él, decirle a Él y decirte a ti mismo: ¡quiero! ¡te quiero!

  • Sé práctico:

Pon medios prácticos que sabes que te ayudan. Por ejemplo:

Haz el hábito de descubrir en todo las huellas del Creador. Ten contacto con la naturaleza, asómbrate de su belleza y armonía, date tiempo para contemplar el cielo estrellado, para sentarte junto al río, para escuchar los pájaros por la mañana, y en todo eso descubrir las huellas del Creador.

Camina con los lentes de la fe, con atención, para descubrir la presencia providente de la misericordia de Dios en tantos acontecimientos, ordinarios y extraordinarios; reconoce al Espíritu Santo que te sale al encuentro y te ayuda de manera inesperada, que sabe sacar bien del mal y que suavemente te va modelando.

Trata con personas sencillas, de fe: los ancianos, los niños, los pobres; aprende de su nobleza, escúchales y descubre a Cristo en su mirada.

Participa en un grupo de oración: El Papa ha hablado de las "comunidades creativas" donde los laicos se apoyan entre sí y se ayudan a crecer y perseverar en la fe. Ellos se convierten en sal de la tierra, levadura en la masa, y desbordan y comparten el amor de Dios del que han sido testigos en la oración personal y comunitaria.

Busca un lugar que sea inspirador para ti: una capilla silenciosa, una ermita, un monasterio, un jardín…

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