Reverendo Padre Fabián A. Barrera, c.m.

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22 jun. 2013

Cómo resucitar a una vida nueva en la oración

Dios no mira como los hombres. Él no sólo ve lo que era Mateo sino que lo proyecta al futuro y ver todo lo que puede llegar a ser si se deja modelar por Él. Esta es la mirada de un Dios que nos conoce porque nos crea y nos ama. Ésta es la visión que debemos lograr en la oración, vernos como Él nos ve. // Autor P. Guillermo Serra, L.C. Fuente: http://www.la-oracion.com

La oración es morir para vivir. Es dejar que su presencia siembre semillas de eternidad en mi corazón para que muriendo a mí mismo pueda darme vida para dar vida a otros. Morir por amor para vivir y caminar en el Amor.

Subiendo a la barca, pasó a la otra orilla y vino a su ciudad (...) Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?» Mas él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores». (Mt 9,1; 9-13)

La soledad de un corazón inquieto

Este pasaje evangélico de la vocación de san Mateo inicia con Cristo que cruza el mar de Galilea en barca hasta la ciudad donde vivía, Cafarnaúm (Mc 2,1). Era la casa de Pedro donde Jesús había fijado su residencia. Allí pasó largo tiempo, hizo milagros y predicó su doctrina.
Mateo vivía en esta ciudad y tenía como oficio recaudar impuestos. Sin duda había oído hablar de Jesús, lo habría visto pasar seguido de multitudes y los rumores de su acción milagrosa no habrían sido indiferentes para él. Dentro de él habría curiosidad, deseos de saber más. Su vida acomodada, llena de bienestar y riquezas le había sumido en una superficialidad que no le llenaba más. Vivía envuelto en una soledad que le llenaba de tristeza y no encontraba salida. Era odiado por el su pueblo, les cargaba la mano en los impuestos, se aprovechaba de ellos y era considerado un traidor, impuro, indigno del pueblo judío.

Y Cristo salió a sembrar...

Los Evangelios al narrar la vocación de Mateo presentan a Jesús que sale por la orilla del mar, de aquel mar que tanto apreciaba. Un mar que le recordaba al cielo por el reflejo sereno de su imagen cuando estaba calmado. Llegar a su casa era estar con los suyos, abrir su intimidad.
Como un sembrador, salió por la ciudad a sembrar la semilla para que diese fruto a su tiempo. Tras curar en un primer lugar a un paralítico, siguió caminando por la ciudad en busca de un nuevo discípulo, alguien en quien se había fijado hacía tiempo y que el Padre había puesto ya en su corazón.

Cristo había pasado toda una noche rezando al Padre para escoger a los discípulos. En un diálogo íntimo le había dicho al Padre: "elijo a los que tú has escogido". En su corazón ya estaba Mateo, su hombre daba vueltas en su corazón.

Cristo sembrador sale a sembrar cada día. Él mismo sembró admiración en Mateo, sembró nostalgia en su corazón, sembró semillas de soledad para disponer a este pecador a acoger la palabra suave y poderosa de Cristo.

En nuestra oración muchas veces podemos experimentar a un Jesús que pasa de largo, que se acerca pero que no nos mira todavía. Queremos tocarlo pero aparentemente está "ocupado" pues no sentimos su presencia. Estamos sentados en nuestras ocupaciones, en nuestro pecado, viéndolo pasar pero no logramos dar el salto para seguirlo fielmente. Esto no nos debe preocupar, tenemos que ver esta etapa de nuestra oración como un "salir del sembrador a sembrar". Sí, Jesús sale, deja caer su semilla en nuestra alma, espera con gran paciencia, pues esta semilla tiene que morir primero, tiene que purificarse para poder dar fruto. El tiempo, el cuidado en nuestra oración, la constancia, el sacrificio serán el mejor cuidado que podemos dar a estas semillas de la gracia para predisponernos a ese encuentro con la mirada de Jesús.



La semilla que se purifica

Mateo sentiría alegría al saber que el Maestro había vuelto a Cafarnaúm. Era una nueva oportunidad de poder saber más de él. Preguntaría por él a cada uno de sus clientes, su curiosidad era ya más profunda, se había convertido en inquietud. No estaba en paz, sabía que su vida tenía que cambiar. Esas semillas plantadas por Cristo estaban comenzando a dar fruto y solo faltaba la oportunidad para poder hablar con Jesús.

Nuestra oración es un proceso de purificación que nos lleva de una curiosidad inicial a una inquietud y de ésta a una necesidad de Jesús. Entramos en contacto con Él porque ha sembrado tantas semillas a lo largo de nuestra historia que sentimos el peso amoroso de la mano del sembrador que generosamente nos ha bendecido. Ha pasado por nuestro campo, ha ido pacientemente preparando la tierra de nuestro corazón. Quizás no siempre ha encontrado tierra buena, quizás muchas semillas se han perdido sofocadas por las piedras de nuestro pecado, las espinas de nuestra falta de fe o la poca profundidad de nuestra vida espiritual. No importa, Él hoy va a pasar y nos va a buscar. Nuestro nombre va a ser pronunciado después de haber habitado por tanto tiempo en su corazón.

Ahora sí Jesús, estoy sentado. Estoy preparado y dispuesto. He decidido dar el paso, te espero. He muerto a tantos miedos, a tanta pasividad y falta de fe. Mi alma está lista, te necesito. Tus semillas las he cuidado, quizás algunas se han perdido pero otras, las que he podido las he protegido y he sabido morir para que ellas vivan. He muerto a mí mismo, a mi soberbia, a mi sensualidad, a mi rencor. Te abro mis heridas para que vengas como doctor, te entrego mi vida para que seas mi Pastor. Mi hambre para que seas mi alimento.

La mirada de Jesús da la vida

Jesús estaba saliendo de su ciudad cuando vio a Mateo. Es un ver que viene precedido de mucha oración. La mirada de Jesús penetra hasta el fondo, comprende toda la vida y circunstancias de Mateo, lo acoge, lo sana y restaura en él la imagen de Dios.

Dios no mira como los hombres. Él no sólo ve lo que era Mateo sino que lo proyecta al futuro y ver todo lo que puede llegar a ser si se deja modelar por Él. Esta es la mirada de un Dios que nos conoce porque nos crea y nos ama. Ésta es la visión que debemos lograr en la oración, vernos como Él nos ve. Por eso, en la oración muchas veces solo fijaremos en sus ojos la mirada y nos quedaremos en silencio. Las palabras sobran porque su mirada dice amor, comprensión, posibilidad, futuro, cielo...

Tras verlo, dice el Evangelio que Jesús le dijo simplemente: "sígueme". Se trata de un diálogo veloz, sorpresivo y sin sentido para quien no sabe lo que ha ido sucediendo en el corazón de Mateo. Una mirada, una palabra y Mateo responde con toda su vida.

No sólo responde inmediatamente: "se levantó y lo siguió", sino que recuperó la vida. En el texto original griego, el evangelista usa la palabra "resucitar" al indicar el movimiento de levantarse, usando la misma palabra para esta acción que más tarde se usará para hablar de Jesús "resucitado". Así debemos leer más bien: "resucitó y lo siguió".

La mirada de Jesús resucita a Mateo porque antes, a través de tantas semillas plantadas por Cristo, había muerto a sí mismo. Nadie puede resucitar sino ha muerto. Cristo da la vida cuando la entregamos a él y morimos a nuestro egoísmo, soberbia, temores, rencores, etc...
La obra maravillosa de purificación que Dios obra en nuestra oración es un morir que no queda sin fruto. Morimos porque quiere que nos levantemos y lo sigamos. Quiere que "resucitemos" en la oración y lo sigamos con un corazón nuevo, purificado, orientado completamente a estar con Él, donde quiera que vaya. Caminar con Jesús vivo con un corazón resucitado. Este es el fruto de la oración, éste es el ejemplo de san Mateo.

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Hermanos en Cristo

RECUERDA:

Cristo ha sufrido por todos
"Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rocas de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas.
Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desestimar su vocación: Cristo ha sufrido por todos.
Con toda verdad está escrito de Él: Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad»
(San Agustín, Sermón 304).
***
"Keep that in mind, brethren, in the garden of the Lord not only the rocks of the martyrs, but also the lilies of the virgins and the married ivy and violets of widows.
No man, whatever kind of life, is to dismiss his vocation: Christ suffered for all.
In all truth it is written of Him, our Savior desires all men to be saved and reach full knowledge of the truth "
(St. Augustine, Sermon 304).

Jesús ha optado por amarte
Although you do not remember it, for you it gave the life. Although you do not believe it, for you it worries. Although you are not considered to be important, for It you are. Although you do not accept it, he has excused you. Although you do not perceive it, it is with you. Although you condemn you himself, Jesús has chosen to love you. He sees us otherwise. It is much more, much major than our heart.
***

Aunque no lo recuerdes, por ti dio la vida. Aunque no lo creas, por ti se preocupa. Aunque no te consideres importante, para El lo eres. Aunque no lo aceptes, te ha perdonado. Aunque no lo percibas, está contigo. Aunque a ti mismo te condenes, Jesús ha optado por amarte. El nos ve de otra manera. Es mucho más, mucho mayor que nuestro corazón.

Oración por los bebés abortados

Padre Celestial, que nos has dado el don de la libertad para amar y seguir Tus caminos y mandamientos. Perdona a aquellos padres que abusando de esta libertad destruyen el don de la vida que Tú le has dado a sus hijos. Perdona a esos que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan. Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad. Ayúdame a ser uno en solidaridad con Tus pequeños, aceptando de corazón las palabras de Tu Hijo: "todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos más pequeños, por Mí lo hicisteis." (Mt 25:40) Permíteme, entonces, Padre, adoptar hoy espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, trabajos, gozos y sufrimientos por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria. Te lo pedimos en nombre de Cristo, en unión con el Espíritu Santo, que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

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