Reverendo Padre Fabián A. Barrera, c.m.

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16 oct. 2013

La transmisión de la fe desde el nosotros de la Iglesia

La luz de la fe cristiana puede crecer para iluminar el mundo y la historia con la ayuda imprescindible del Magisterio de la Iglesia // Autor: Ramiro Pellitero | Fuente: iglesiaynuevaevangelizacion.blogspot.com.es

¿Puede transmitirse la fe? ¿No es algo subjetivo, que solo afecta a la relación de cada uno con Dios? La fe puede transmitirse, no ciertamente en cuanto don de Dios, sino en cuanto que los cristianos hacemos partícipes a otros de nuestra respuesta filial al don recibido. Es decir, en cuanto que podemos mostrarles la confianza que comporta creer en el Dios Uno y Trino, que nos ha manifestado su amor a través de su Hijo Jesucristo.

Y de hecho la fe se transmite entre los cristianos desde los orígenes del cristianismo, en y desde el "nosotros" de la Iglesia; pues en la familia de Dios, todos estamos llamados a "implicarnos" en el don de la fe para otros.


La fe se transmite de persona a persona

Cada cristiano está llamado a "contagiar" a los demás su apertura al amor, que es escucha de la Palabra de Dios y reflejo de su luz en la propia conducta. Dios mismo se sirve de la vida y de las palabras de los cristianos, para seguir dando a otros la fe (cf 1 Co 15, 3).

"La fe se transmite, por así decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama" (Lumen fidei, n. 37; cf. 2 Co 4, 14). Así el "rostro" de Jesús llega a nosotros como semilla que da lugar a un gran árbol, a través de las generaciones (cf. 2 Co 3, 18; 4, 6), por medio de una cadena de testimonios (cf. n. 37 s).


La Iglesia nos transmite su memoria viva de la fe

No somos seres aislados. Una gran parte de nuestros conocimientos en la vida corriente -incluso nuestra propia autoconciencia- los obtenemos a partir del conocimiento y de la experiencia de otros. Lo mismo sucede con la fe. El amor de Jesús lo conocemos y nos "alcanza" por medio de otros cristianos, con los que formamos el "sujeto único de memoria que es la Iglesia" (n. 38). La Iglesia nos transmite su memoria viva de la fe. "La Iglesia es una Madre que nos enseña a hablar el lenguaje de la fe", gracias a la acción del Espíritu Santo que actúa a la vez en la Iglesia y en cada uno de los cristianos (cf. Jn 14, 26).

Por eso, explica la encíclica Lumen fidei, "la fe no es únicamente una opción individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relación exclusiva entre el yo del fiel y el Tú divino, entre un sujeto autónomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al nosotros, se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia" (n. 39). La fe se transmite por tanto entre los cristianos, y esa transmisión se apoya en cuatro elementos principales.


La "profesión de fe" (el Credo)

Una primera forma en que la fe se manifiesta y se transmite es la "profesión de la fe" (condensada en el Credo). Se pide a quienes se bautizan, o en su nombre a sus padres y padrinos, que profese la fe en el marco de la familia de Dios que es la Iglesia. Lo mismo renovamos cada domingo en el "Credo" de la Misa. No se trata sólo de asentir a un conjunto de verdades abstractas, sino de un "ponerse en camino" para compartir la comunión íntima de vida dentro de la Trinidad, donde el Padre y el Hijo se unen en el Espíritu Santo. Somos así insertados en ese amor divino que ha querido abrazar la historia de los hombres (cf. n. 45).

De este modo quien cree no cree solo o por su cuenta, sino en una familia de hijos del mismo Padre del Cielo, Dios, y de la misma Madre en la tierra, la Iglesia. Por tanto, como dice Tertuliano, el cristiano puede rezar con sus hermanos el Padrenuestro, y queda invitado a compartir con otros la alegría de la fe (cf. n. 39).

Afirma el Concilio Vaticano II: "Lo que los Apóstoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios; así la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree" (Const. Dogm. Dei Vebum, n. 8).


La fe se transmite por los sacramentos

En segundo lugar, la fe se transmite por los sacramentos. Si se tratase solamente de transmitir una doctrina, dice la encíclica, bastaría quizá un libro o un mensaje oral. "Pero lo que se comunica en la Iglesia, lo que se transmite en su Tradición viva, es la luz nueva que nace del encuentro con el Dios vivo, una luz que toca la persona en su centro, en el corazón, implicando su mente, su voluntad y su afectividad, abriéndola a relaciones vivas en la comunión con Dios y con los otros" (Lumen fidei, n. 40). Para esto hay un medio "que pone en juego a toda la persona, cuerpo, espíritu, interioridad y relaciones", y ese medio son los sacramentos. A través de ellos la vida del hombre se abre, desde lo visible y material, al misterio de lo eterno.

Por el bautismo -a través de la confesión de la fe en la Trinidad y la inmersión o el lavado con agua- nos sepultamos en la muerte de Cristo para resucitar a la vida nueva con Él, como hijos adoptivos de Dios en su familia que es la Iglesia. "En el bautismo el hombre recibe también una doctrina que profesar y una forma concreta de vivir, que implica a toda la persona y la pone en el camino del bien" (n. 41).

El bautismo nos "introduce en la dinámica del amor de Jesús, fuente de seguridad para el camino de nuestra vida" (n. 42). A los padres les corresponde educar a sus hijos en la fe de la Iglesia, simbolizada por la luz que el padre enciende en el cirio durante la liturgia bautismal. Y esa fe es ulteriormente corroborada en el sacramento de la confirmación con el sello del Espíritu Santo (cf. n. 43).

En la Eucaristía, al transformarse el pan y el vino en el cuerpo y sangre del Señor, se expresa plenamente la naturaleza sacramental de la fe, que por los signos -pan y vino- nos lleva a las realidades más profundas (cf. n. 44). En la Eucaristía -señala nuestro documento- confluyen los dos ejes del camino de la fe (cabría decir, uno horizontal y otro vertical). De un lado el eje (horizontal) de la historia, que enlaza nuestro presente con el pasado (al actualizar la memoria de los misterios de la salvación) y con el futuro, pues nos abre a la plenitud final de nuestra resurrección con Cristo.

De otro lado el eje (vertical) que lleva del mundo visible al invisible, de la realidad humana a la profundidad y altura de lo divino, con un movimiento que acompaña al de toda la creación hacia su plenitud en Dios. Aquí podría evocarse Jn 12, 32, pues es Cristo quien "atrae" con su entrega amorosa, que pervive en los cristianos, todas las cosas hacia Dios.


La oración y el decálogo

Además de la confesión de la fe y de los sacramentos, otros dos elementos son esenciales para la transmisión de la memoria viva de la Iglesia: la oración (condensada en el Padre nuestro) y el decálogo. Tanto uno como otro nos ayudan a salir de nosotros mismos para entrar en relación con Dios y los demás, como ha explicado Benedicto XVI.

"El decálogo -señala ahora la encíclica- no es un conjunto de preceptos negativos, sino indicaciones concretas para salir del desierto del "yo" autorreferencial, cerrado en sí mismo, y entrar en diálogo con Dios, dejándose abrazar por su misericordia para ser portador de su misericordia" (n. 46). Un camino de gratitud y de respuesta al amor, que recibe una nueva luz en la enseñanza de Jesús, en el Discurso de la Montaña (cf. Mt 5-7).

En conjunto tenemos así "los cuatro elementos que contienen el tesoro de memoria que la Iglesia transmite: la confesión de fe, la celebración de los sacramentos, el camino del decálogo, la oración". Así los transmite la pedagogía de la Iglesia, y en nuestro tiempo, "el Catecismo de la Iglesia Católica, instrumento fundamental para aquel acto unitario con el que la Iglesia comunica el contenido completo de la fe, ´todo lo que ella es, todo lo que cree´ (DV 8)" (Lumen fidei, 46).


Unidad e integridad

Y así la fe cristiana, que es la fe de la Iglesia, se transmite en unidad y con integridad. La unidad de la fe está basada en la "visión común" de los que tienen la experiencia común del amor, que procede de un solo Dios y de un solo Señor Jesucristo; pues también "el amor verdadero, a medida del amor divino, exige la verdad y, en la mirada común de la verdad, que es Jesucristo, adquiere firmeza y profundidad" (n. 47).

La unidad de la fe cristiana es compartida en toda la Iglesia, y, en ella, tanto por los pastores como por los fieles, tanto los más cultos como los más sencillos. Esa unidad es también integridad, que quiere decir aceptación y vivencia de todos los aspectos de la fe, sin seleccionar solo los que parecen más "fáciles" de vivir y comprender. Y es que la fe es como un cuerpo o un organismo vivo (J.H. Newman). Así es como la luz de la fe cristiana puede crecer para iluminar el mundo y la historia, con la ayuda imprescindible del Magisterio de la Iglesia, que garantiza nuestra unión con los apóstoles, primeros testigos de la fe, escogidos por el mismo Cristo para esa misión (cf. Ibid., nn. 48 s).
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Hermanos en Cristo

RECUERDA:

Cristo ha sufrido por todos
"Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rocas de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas.
Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desestimar su vocación: Cristo ha sufrido por todos.
Con toda verdad está escrito de Él: Nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al pleno conocimiento de la verdad»
(San Agustín, Sermón 304).
***
"Keep that in mind, brethren, in the garden of the Lord not only the rocks of the martyrs, but also the lilies of the virgins and the married ivy and violets of widows.
No man, whatever kind of life, is to dismiss his vocation: Christ suffered for all.
In all truth it is written of Him, our Savior desires all men to be saved and reach full knowledge of the truth "
(St. Augustine, Sermon 304).

Jesús ha optado por amarte
Although you do not remember it, for you it gave the life. Although you do not believe it, for you it worries. Although you are not considered to be important, for It you are. Although you do not accept it, he has excused you. Although you do not perceive it, it is with you. Although you condemn you himself, Jesús has chosen to love you. He sees us otherwise. It is much more, much major than our heart.
***

Aunque no lo recuerdes, por ti dio la vida. Aunque no lo creas, por ti se preocupa. Aunque no te consideres importante, para El lo eres. Aunque no lo aceptes, te ha perdonado. Aunque no lo percibas, está contigo. Aunque a ti mismo te condenes, Jesús ha optado por amarte. El nos ve de otra manera. Es mucho más, mucho mayor que nuestro corazón.

Oración por los bebés abortados

Padre Celestial, que nos has dado el don de la libertad para amar y seguir Tus caminos y mandamientos. Perdona a aquellos padres que abusando de esta libertad destruyen el don de la vida que Tú le has dado a sus hijos. Perdona a esos que destruyen la vida humana abortando el bebé que esperan. Dales a estos niños por nacer la oportunidad de gozar de Tu presencia por toda la eternidad. Ayúdame a ser uno en solidaridad con Tus pequeños, aceptando de corazón las palabras de Tu Hijo: "todo lo que hicisteis por uno de mis hermanos más pequeños, por Mí lo hicisteis." (Mt 25:40) Permíteme, entonces, Padre, adoptar hoy espiritualmente a un bebé por nacer y ofrecer mis oraciones, trabajos, gozos y sufrimientos por ese pequeño, para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria. Te lo pedimos en nombre de Cristo, en unión con el Espíritu Santo, que es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

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Crux Sancti Patris Benedicti
Crux Sancta Sit Mihi Lux / Non Draco Sit Mihi Dux / Vade Retro Satana / Numquam Suade Mihi Vana / Sunt Mala Quae Libas
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Santa Misa y Confesiones (Padre Fabián)

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LOS LUNES ESTÁ CERRADO EXCEPTO PARA LA MISA DE 8,00 HS. LUEGO DE LA MISMA SE CIERRA. TAMBIÉN ESTÁ ABIERTO LOS SEGUNDOS LUNES DE MES PARA LA
MISA DE SANACIÓN: LA ADORACIÓN ES A LAS 18 Y A LAS 19,30 HS LA SANTA MISA.

EL PADRE FABIAN CONFIESA LOS JUEVES Y DOMINGOS DE 17 A 20 HS POR ORDEN DE LLEGADA Y SIN TURNO PREVIO.

NO DA ENTREVISTAS PERSONALES. PERO PUEDEN PEDIR INFORMACIÓN A LA SECRETARIA PARROQUIAL DE LUNES A SÁBADOS DE 8,30 A 11,30 HS AL TELÉFONO 2508 6672 INT 108 O A MARTA 095724928

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MONTEVIDEO

Santa Misa con oración por sanación interior y física, 4to domingo de cada mes a las 16hrs. Capilla de las Hermanas Vicentinas, Reconquista 432, Montevideo (Uruguay).

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