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Señor, te doy gracias por todo lo bueno que siempre haces en mi vida. y por todas las fuerzas que me das cuanto siento que voy a caer y saldré derrotado. Tu poder misericordioso me levanta en victoria, porque no hay problema, dificultad o situación complicada que se resista a tu fuerza. Creo firmemente que de Ti me vienen todas las gracias con las que salgo a dar la batalla por la paz y la alegría, porque la esperanza quede sembrada y fija en mi corazón. Gracias por ser el aliento de mi vida y ayudarme a librarme de los peligros que quieren apartarme de Ti. Pongo en tus manos todos mis proyectos y todo en lo que en estos momentos voy a realizar. Amén

Testimonio: descubrir la presencia del Señor

Mi nombre es D., vengo de Florida. La primera vez que llegue a la iglesia fue con mucha angustia, desesperación y tristeza. Con mi familia nos habíamos enterado recientemente que mi mamá tenía probablemente metástasis en el hígado del cáncer que había tenido dos años antes en el colón.
La situación era desesperante, solo pensar en esa situación de tener que imaginarme a mi mamá pasando nuevamente por lo mismo: tratamientos, operaciones, etc.; todo esto me angustiaba mucho. Es así que comencé a sentirme muy deprimida, me costaba levantarme para salir a trabajar tampoco tenía ganas estudiar, a pesar de todo mi mamá seguía luchando y con mucha fortaleza.
Un día, mi prima I., que había comenzado a concurrir a las misas ya que padecía una grave enfermedad en la piel me llamó por teléfono para que empezáramos a ir con ella. Al principio mi pensamiento era que lo que no curaba la ciencia , Dios no lo iba a curar. Aún así, le insistí a mi mamá para que empezara a ir. Luego, cuando podía, también comencé a ir yo.
Con el tiempo comenzamos a darnos cuenta de que mi prima comenzaba a mejorar cada vez más, las heridas que tenía en su piel comenzaban a desaparecer y esto nos ayudaba a seguir adelante.
En el mes de julio de 2012, a mi mamá deciden hacerle una tomografía ya que existían muchas dudas acerca de si era una metástasis única, ya que quizás el cáncer podía estar en otros lugares también. Las dos rezamos mucho para que la enfermedad no avanzara. Todos los días rezábamos el rosario en familia, y le rogábamos a Dios que se apiadara de nosotros y nos diera un fuerza ánimo, paciencia, optimismo y esperanza.
Los resultados de la tomografía dieron que era una única metástasis y sería muy favorable para operar, tampoco tenía síntomas de la enfermedad ni dolencias . A partir de ese momento, nos sentimos muy agradecidas y vimos esto como una gran bendición.
Luego, mi mamá es internada para realizar más estudios como resonancia, estudios gástricos, etc. Estuvimos un mes y medio internadas, todas las noches rezábamos sin desanimarnos para que la operación llegara pronto y Dios tocara la mano de los cirujanos para que todo saliera bien.
Mi mamá se encontraba con mucha fortaleza sin bajar los brazos nunca, hasta que llegó el día de la operación. Ese día una gran paz me llegó sentí que Dios estaba con nosotras acompañándonos y que todo estaría muy bien. Cuando salió de la operación el doctor dijo todo era un éxito que habían podido extirpar toda la tumoración.
La recuperación posterior fue todo un éxito y en pocos días regresamos felices a casa.
Después de esto no dejamos de ir a las misas, ni de rezar en nuestra casa.
También observamos cómo nuestra vida comenzaba a cambiar: mi prima I. está curada totalmente de su enfermedad de la piel y se encontraba trabajando y estudiando. Los últimos estudios de mi mamá eran excelentes, el intestino, donde habían encontrado el tumor principal estaba totalmente sano, los marcadores tumorales de la sangre son normales y en los resultados de la última tomografía fueron excelentes.
En la última consulta con su oncóloga, destacó que su caso llamaba la atención ya que luego de haber sido tan complejo hoy en día ya no quedaba nada de la enfermedad. Inmediatamente pensé que todo fue una gran bendición.
Me encuentro totalmente agradecida de todo lo que ha hecho Dios en nuestras vidas y siempre voy a estar agradecida de permitirme tener sana a lo más importante en mi vida: mi mamá A..
Si bien continuamos yendo a las misas ya no llevamos nuestras angustias ni miedos como al principio. Hoy logramos descubrir la presencia del señor en esos momentos de dolor y que solo hay cosas que se ven claras con ojos que han llorado mucho.
Atentamente,
d.
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