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Jamás debemos olvidar al primer amor: Jesús


Padre amado, tu bondad y tu compasión ha entrado a mi vida para transformar mis angustias y aflicciones en bendiciones, porque sólo tu gracia renueva, da vida, llena los corazones apartados y vacíos a causa de los sinsabores del mundo. Gracias Padre bueno, porque aunque se han presentado complicaciones, Tú has estado a mi lado, guiándome con tu sabiduría y protegiéndome con tus ángeles. Ven Espíritu Santo, ayúdame a seguir avanzando en la dirección del amor y no dejarme robar la libertad de vivir aunado a la misericordia de la presencia amorosa de Dios. Amén


Reflexión del Papa Francisco // Fuente: Píldoras de Fe

¿Cómo va el primer amor?. Es decir, ¿estoy enamorado de ti como el primer día? ¿Soy feliz contigo o te ignoro? Preguntas universales que hay que hacerlas con frecuencia.

Y no sólo los cónyuges en la pareja, sino también los sacerdotes y los obispos ante Jesús. Porque es Jesús quien nos lo pregunta como un día hizo con Pedro:


"Simón, hijo de Juan, ¿me amas?"

Esta es la pregunta que me hago a mí, a mis hermanos obispos y a los sacerdotes. Como va el amor de hoy, el de Jesús, ¿no? ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor? Pero los cónyuges pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe.

Jamás olvidar el primer amor. Jamás. Hay que tener varios aspectos presentes en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús:

1. Antes de querer convertirse en un intelectual de la filosofía, de la teología o de la patrología debe ser un pastor, tal como Jesús le pidió a Pedro cuando le dijo: "Apacienta mis ovejas".

El resto, viene después. Apacienta. Con la teología, con la filosofía, con la petrología, con lo que estudias, pero apacienta. Se pastor. Porque el señor nos ha llamado para esto.

Y las manos del obispo sobre nuestra cabeza son para ser pastores. Es una segunda pregunta, ¿no? La primera es: "¿Cómo va el primer amor?".

2. La segunda es ésta: "¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?". Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, que los obispos se deben hacer, y también los sacerdotes: todos. Apacienta. Pastorea. Ve adelante.

3. No hay gloria ni majestad para el pastor consagrado a Jesús. No, hermano. Terminará del modo más común, incluso más humillante, tantas veces, en un lecho, que te dan de comer, que te deben vestir. Pero inútil, allí, enfermo. El destino es terminar como terminó Él, amor que muere como la semilla de grano y después vendrá el fruto. Pero yo no lo veré.

4. Sígueme: Si nosotros hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder sobre este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos dejará solos, incluso en los momentos peores de la vida, en la enfermedad, Él dice: Sígueme.

Es ésta nuestra certidumbre. Sobre las huellas de Jesús. En ese camino. "Sígueme". (Homilía en Santa Marta, 06 de junio de 2014)

Oración de Sanación

Señor mío, Tú conoces todos mis pensamientos, incluso aquellos que habitan en los más profundo de mi corazón. Sabes que a menudo fallo; pero bien sabes que te amo y lo quiero seguir intentando

Te pido perdón, porque por culpa de mis malas inclinaciones, a veces me aparto de Ti, me distancia de tu gracia y me alejo de ese amor incondicional que sólo Tú me ofreces.

Me arrepiento, mi Señor, por las muchas veces que te ofendí y no busqué hacer el bien. Ayúdame a amarte con todas mis fuerzas, con todo mi ser, con todo mi corazón y todo mi espíritu.

Sé que Tú también quieres que te ame con todas mis fuerzas, que corresponda a tu fidelidad, pero no me lo exiges, porque el amor no se exige, sino que te lo entregue por deseo y en libertad.

Gracias por acercarte a mí, por enseñarme que tu gracia me basta para ser feliz y por ayudar a que, con tu amor y tu poder, mi corazón se vea libre y sanado de esas heridas de la vida.

Hoy quiero sentirme verdaderamente valorado y amado por Ti, comprendiendo que tu relación conmigo nació del amor y el sacrificio y a la que debo mantenerme unido si quiero vencer en mis batallas.

Oh Señor, Tú lo sabes todo, mis caídas y mis quebrantos. Tú llenas todos mis vacíos y repones mis fuerzas motivándome a actuar con valentía.

Ven a mi vida, acampa en mi corazón, lléname de tu poder para sentirte en cada momento de mi vida y poder proclamar tu amor al mundo entero. Amén

Frase de reflexión

"Todos los bautizados somos discípulos misioneros, llamados a ser en el mundo Evangelio vivo". Papa Francisco

Nota seleccionada para el  blog del Padre Fabián Barrera
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